Culiacán, Sinaloa.- “Mamá, mataron a Jorge”. Cuando Guadalupe escuchó esas palabras de su hija más chica, su mundo se paro.

Jorge Ernesto Félix Beltrán, un policía estatal de 24 años, fue asesinado en junio de 2025 cuando se encontraba franco, es decir, fuera de servicio. A un año y un mes de su muerte, su madre, Guadalupe “Lupita” Beltrán, asegura que no ha recibido el seguro de vida, la pensión ni otras prestaciones que le correspondían como trabajador al servicio del Estado.

Lupita declara que no ha podido vivir su duelo de manera tranquila, pues desde la muerte de su hijo ha tenido que asistir a plantones y manifestaciones para pedir que las autoridades volteen a ver su caso y pueda recibir algo que, asegura, su hijo le dejó.

“Él me decía: ‘Mamá, para que el día que yo no esté, te quedes amparada’. Yo le decía que no pensara en eso, pero hasta en eso se preocupó por mí y por sus hermanos.

Lucho porque me corresponde, porque era un derecho de él. También lucho por él”, aseguró la madre.

El proceso para acceder a las prestaciones por fallecimiento de un elemento, al tener que pasar por muchas áreas y niveles del Gobierno de Sinaloa, puede llegar a ser tardado. Sin embargo, el seguro de vida, dice Lupita, no es un tema burocrático; es voluntad.

Tampoco ha recibido información sobre los avances de la investigación por el asesinato de su hijo.

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Jorge Ernesto llevaba alrededor de nueve meses trabajando dentro de la corporación de la policía estatal cuando fue privado de la vida.

No estaba casado ni tenía hijos, pero vivía con su madre y sus dos hermanos menores. Él era uno de los principales sustentos económicos de la familia y ayudaba a pagar servicios básicos como la luz, el agua y otros gastos domésticos.

Tras su muerte, la familia no solo perdió a Jorge, sino también una parte importante de sus ingresos.

“Prácticamente dependía yo de él. Mis hijos se pusieron a trabajar porque vivíamos Jorge, mis otros dos hijos y yo. Nos ayudábamos entre todos, pero él era el que aportaba la mayor parte”, explicó la madre del oficial.

Desde que Jorge estaba en la preparatoria, había externado su deseo de unirse a la policía. En 2023, comenzó su trámite para ingresar a la Universidad de la Policía del Estado de Sinaloa (UNIPOL) y ese mismo año fue aceptado. Lupita recuerda que se encontraba bastante emocionado de haber ingresado a la academia y, ya egresado, amaba su trabajo como policía y tenía vocación para este.

“Se iba bien contento a trabajar. Le gustaba servir y se emocionaba cuando pasaba por una escuela y los niños le decían adiós. Se sentía como un héroe, como alguien que podía hacer que otra persona quisiera ser como él”, recordó.

El día en que fue asesinado, Jorge regresó de trabajar alrededor de las 7:00 de la mañana.

Durante el día, realizó su rutina diaria. Había llevado por desayuno a su mamá y pasó el día en casa hasta que dieron las 3:00 de la tarde, cuando tomó las llaves de su carro. Lo habían invitado a pasar el rato con sus amigos, que estaban a una cuadra de distancia.

“Al ratito vengo”, le avisó a su madre.

Horas después, uno de los hijos de Lupita le comentó que se habían escuchado disparos en El Diez, comunidad de Culiacán de la cuál es originaria la familia del policía.

Minutos más tarde, su hija llegó a la casa para decirle que habían asesinado a Jorge.

Jorge fue localizado junto a un canal, cerca de la zona donde vivía. La Fiscalía General del Estado acudió con la familia durante los primeros días y les informó que investigaría el crimen. Sin embargo, a más de un año, Lupita asegura que no ha recibido nueva información y desconoce todos los detalles del crimen en contra de su hijo mayor.

Aunque Jorge tenía derecho a un plan funerario como trabajador del Gobierno del Estado, su madre asegura que este no estuvo disponible de manera inmediata, por lo que utilizó un plan propio para poder sepultarlo.

Desde aquel día, Lupita ha tenido que acudir a distintas áreas gubernamentales, realizar trámites y participar en manifestaciones junto con el colectivo de “Viudas y Huérfanos de Policías Asesinados” para exigir derechos que, asegura, deberían entregarse a las familias después del fallecimiento de un elemento.

“Uno se hunde en el dolor y no sabe qué más sigue. Si uno no está constantemente buscando al Gobierno, haciendo manifestaciones y haciendo cosas para que le pongan atención, no se la ponen”, expresó.

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