Aunque llegan tarde, los apoyos por 4 mil 566 millones de pesos a 26 mil 800 productores de maíz de Sinaloa coadyuvan a restarle tensión a la labranza de la tierra que padece la falta de políticas públicas efectivas y oportunas por parte del gobierno federal que incentiven la suficiencia alimentaria.
El recurso y el procedimiento fueron dados a conocer hoy por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo; la secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, Columba López Gutiérrez, y la gobernadora interina de Sinaloa, Geraldine Bonilla Valverde, horas después de que los maiceros se manifestaron por la morosidad en los pagos.
De parte de algunos beneficiarios de este programa hubo desacuerdos porque el recurso será dispersado a través de tarjetas del Banco del Bienestar, no obstante que la urgencia por recibir los estímulos económicos se sitúa por encima de trámites o maneras en que el campo recibirá esta inyección que alivia el malestar, pero no lo cura.
Independientemente de la respuesta que la federación ofrece a una parte del problema estructural de la agricultura, continúa ausente la gran estrategia nacional para la ayuda rápida y pertinente en casos de fenómenos meteorológicos y comportamientos del mercado internacional de granos que afecten la producción de alimentos que son de primera necesidad en las mesas de las familias del país.
La ayuda que abarca a 348 mil 45 hectáreas que durante el pasado ciclo otoño-invierno registraron una producción estimada de 3.5 millones de toneladas de maíz, es bienvenida siempre y cuando se cumpla en los términos que Sheinbaum define. Lo pendiente consiste en esperar los esquemas que demuestren que a la llamada Cuarta Trasformación le interesa el rescate de la agricultura sin esperar a que los conflictos apremien a tomar decisiones improvisadas y a destiempo.

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