La designación de Ignacio Mier Velasco como delegado en Sinaloa del Movimiento Regeneración Nacional significa la afinación de la etapa final de la contienda interna de este partido para definir la candidatura al Gobierno de Sinaloa, con la denominación de coordinación estatal de defensa de la cuarta transformación y soberanía nacional.

Al presentarse en Culiacán el jueves con dicha encomienda asignada por la cúpula morenista, el también Senador ajustó a los trece pretensos a la gubernatura a reglas de unidad, disciplina y apego a la respectiva convocatoria como barrera de contención a las aspiraciones que violentaban el proceso y ponían en riesgo la credibilidad de los mecanismos de selección.

Mier Velasco enfrentó en el primer encuentro con las llamadas “corcholatas” de Morena la inasistencia por razones desconocidas de una de las aspirantes, Lucila Ayala de Moreschi, así como la inconformidad de Gerardo Vargas Landeros, el ex alcalde de Ahome que se registró para participar a pesar de estar vinculado a procesos judiciales que lo inhabilitan en la competencia.

Cuando se acerca la fecha de elegir a una mujer o un hombre para buscar la continuidad de Morena en la titularidad del Ejecutivo Estatal, la cohesión entre las personas y grupos que pelean por la designación se vuelve cada vez más indispensable pues de ello depende la posibilidad de triunfo o derrota en las votaciones constitucionales del 6 de junio de 2027.

En la cuenta regresiva que empezó a correr en Sinaloa, Ignacio Mier tiene en sus manos el encargo de operar la decisión al parecer ya tomada a favor de una de las aspirantes y hacer de la negociación política un dique a la confrontación que complique el ungimiento de la elegida o el elegido. Por ello la importancia de un delegado de tal peso político: a quien no le gusten las reglas ni el resultado que vaya marcando distancia o se resigne a ser descalificado.