El renacer del loro pecho vinoso en Argentina

El loro pecho vinoso estuvo al borde de la extinción en Argentina, pero un pequeño pueblo de la provincia de Misiones está ayudando a cambiar esa historia. En 2005 se contaron apenas 163 ejemplares de esta especie, que en el país habita únicamente en el bosque atlántico misionero. La situación era crítica: a nivel nacional fue categorizada En Peligro Crítico y, globalmente, En Peligro,  según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Dos décadas después, los censos muestran señales de recuperación gracias al trabajo conjunto entre científicos y habitantes de Tobuna, una localidad rodeada por la selva misionera. Allí, vecinos y biólogos protegen nidos y reforestan el bosque con pino paraná, fundamental para el refugio, la alimentación y la reproducción de estas aves.

En 2025 instalaron 50 nidos artificiales para reducir la competencia por los sitios de reproducción, mientras los pobladores se convirtieron en guardianes de los pichones. La relación de la comunidad con la especie también cambió: de tener loros como mascotas, pasaron a protegerlos. “El loro siempre vivió en estos bosques, pero empezamos a ver que estaba bajando la población por el mascotismo y los desmontes. Había que hacer algo”, señala Getulio González, productor local de maíz, tabaco y yerba mate. Ahora el loro pecho vinoso es parte de la identidad de Tobuna. Cada 13 de octubre, sus 120 familias celebran la Fiesta del Loro Pecho Vinoso con actividades deportivas, festivales artísticos y ferias gastronómicas.

Esta especie fue mascotizada históricamente. En las últimas dos décadas, la población de Tobuna la convirtió en un símbolo de identidad local. Foto: cortesía Carlos García – Aves Argentinas

Hay esperanza para el pájaro brujo en Ecuador

El pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, Ecuador, empieza a recuperarse después de años al borde de la desaparición. En la temporada reproductiva de 2026 nacieron 57 volantones, la cifra más alta registrada para esta población y un resultado que refleja más de una década de investigación y restauración. Este pequeño atrapamoscas endémico de Galápagos sufrió un fuerte declive por la pérdida de su hábitat y la expansión de la mosca vampiro, un parásito invasor cuyas larvas se alimentan de la sangre de los polluelos hasta causarles la muerte. Los datos muestran una tendencia alentadora: en 2024 se registraron 15 volantones, en 2025 fueron 39 y en 2026 la cifra llegó a 57. La población, además, pasó de unos 30 individuos en 2016 a cerca de 100 en la actualidad.

Los científicos encontraron que restaurar el bosque de Scalesia, el hábitat natural de la especie, era clave para su recuperación. Allí hay más insectos disponibles como alimento, las hembras pasan más tiempo incubando y los nidos tienen mayores probabilidades de producir polluelos. Los investigadores también desarrollaron una técnica de “autofumigación”:
colocan plumas tratadas con insecticida cerca de los nidos para que las aves las incorporen durante su construcción y así proteger a sus crías de la mosca invasora.

Un experimento de restauración confirmó que recuperar el bosque de Scalesia, donde habita el pájaro brujo, mejora el éxito reproductivo. Foto: cortesía Alma Suarez / Fundación Charles Darwin.