Culiacán, Sinaloa.- El calor no se distribuye de la misma manera en Culiacán. Hay calles, colonias y superficies que durante una jornada de altas temperaturas pueden almacenar mucha más energía que otras y continuar liberándola horas después de que se oculta el sol.
El fenómeno se conoce como isla de calor urbana y está relacionado con la transformación del territorio: la sustitución de vegetación y suelo natural por calles, estacionamientos, viviendas, edificios, concreto y asfalto.
Luis Alfonso Colado Velázquez, profesor investigador de la Facultad de Ingeniería y Tecnología de Mazatlán y doctor en Gestión y Valoración Urbana y Arquitectónica por la Universidad Politécnica de Cataluña, explica que esos materiales reciben radiación solar, la almacenan y posteriormente la liberan.
“Una calle que esté arbolada, que tenga un parque con muchos árboles, mucha vegetación, puede tener un comportamiento muy diferente al de una calle que esté completamente pavimentada, a la azotea de una casa o un estacionamiento”, señala.
Colado analizó una imagen satelital de Culiacán correspondiente al 14 de agosto de 2026. A partir de 88 mil 48 puntos de temperatura superficial distribuidos en 209 unidades territoriales obtuvo una temperatura promedio cercana a 50.6 grados Celsius.
Entre los sectores con valores medios más elevados estuvieron el Mercado de Abastos y Tres Ríos, con 54.2 grados; Alameda, con 54; Centro, con 53.34, y El Vallado, con 52.73. En este último también identificó un punto de 61.45 grados.
Estos valores corresponden a la temperatura de las superficies y no a la temperatura del aire. El dato permite identificar zonas donde materiales como concreto y pavimento están absorbiendo una cantidad importante de energía que posteriormente liberan y provocan la sensación de calor intenso.

En el mapa se observa puntos rojos que representan islas de calor urbano. En esos puntos la sensación de calor es mucho mayor.
El análisis se relaciona con otro proceso y es que entre 2001 y 2025, Culiacán perdió 5.9 mil hectáreas de cobertura arbórea, equivalente al 3 por ciento de la cobertura registrada en 2000, de acuerdo con Global Forest Watch. El polígono analizado comprende a 403.58 mil hectáreas, por lo que incluye zonas agrícolas, ganaderas y de expansión urbana.
“Una isla de calor no significa que en toda la región aumente automáticamente la temperatura”, explica Colado.
El efecto, puntualizó, puede concentrarse en determinadas vialidades, zonas comerciales, áreas industriales y sectores con mayor presencia de superficies construidas.
Por su parte, Eunice Murúa Figueroa, bióloga y educadora ambiental del CIAD, señaló que la pérdida de vegetación no solamente modifica la temperatura y es en ese sentido que los árboles cumplen funciones relacionadas con el microclima, el agua y el bienestar de quienes habitan la ciudad.
“Cuando perdemos vegetación perdemos también esa capacidad de regulación del microclima, lo que contribuye a intensificar las islas de calor”, aseguró Murúa.
Aseguró que a esto se suma la modificación del ciclo hidrológico, ya que menos vegetación y más superficies impermeables reducen la infiltración del agua y favorecen el escurrimiento. También existen efectos sobre la salud física y mental por la pérdida de espacios verdes, sombra, filtración de contaminantes y lugares de recreación.
Colado advierte que el calor tampoco desaparece cuando cae la noche. Y es que, en puntos considerados como islas de calor urbano, los techos, muros y pavimentos pueden continuar liberando la energía acumulada durante el día, especialmente cuando existen pocas condiciones para la ventilación, lo que obliga hacer un mayor uso de energía eléctrica. En pocas palabras, no encender el aire acondicionado dentro de un hogar se vuelve indispensable para las familias.
Por ello, el profesor y experto plantea que enfrentar las islas de calor requiere más que plantar árboles, también implica el conservar la vegetación existente, incorporar superficies permeables, generar sombra y ventilación, utilizar materiales que absorban menos calor y establecer parámetros urbanos que hagan obligatorias estas condiciones.
En una ciudad cálida como Culiacán, el problema no es solamente cuánto calor hace, sino cuánto calor almacena la propia ciudad y durante cuánto tiempo permanece en ella.

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