Sinaloa.- Grecia Guadalupe Gallardo tenía 14 años cuando, durante la madrugada del lunes 8 de junio de 2026, fue picada por un alacrán. Su tío Arturo Ramiro, quien era su principal tutor, tomó la motocicleta. Junto a su pareja, Yesica, trasladaron a la menor al hospital de Escuinapa para que atendieran el veneno.

Mientras avanzaban rumbo al hospital, quedaron atrapados en medio de un ataque armado y, entre los disparos, las balas alcanzaron a Grecia.

La adolescente que había salido de madrugada para recibir atención por la picadura de un alacrán nunca llegó al hospital. Murió por heridas de bala. Su muerte es investigada por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa como feminicidio.

Grecia es uno de los rostros de la violencia que se vive en Escuinapa. Junto al de ella están los de Marta, María Azucena, Yuridia, Karolina y tres mujeres más que, hasta ahora, permanecen sin identificar.

Durante 2026, ocho mujeres han sido asesinadas en el municipio, la cifra más alta que ha registrado Escuinapa desde que la Fiscalía General del Estado de Sinaloa lleva el registro, en 2005.

Anteriormente, el saldo más elevado que había presentado el municipio fue en 2011, cuando fueron asesinadas cuatro mujeres, todas registradas como víctimas de homicidio, ya que el feminicidio aún no estaba tipificado en Sinaloa.

En esta ocasión, la Fiscalía investiga 6 de los casos como feminicidios y el resto como homicidios dolosos.

Sin embargo, el alza de mujeres víctimas se presenta en un contexto de incremento de la violencia relacionada con la guerra interna del Cártel de Sinaloa en el estado, que está próxima a cumplir dos años.

Esto reconocido por la Gobernadora Interina, Yeraldine Bonilla -el mismo día que asesinaron a Grecia-, cuando dijo que Escuinapa se posicionaba como un foco delictivo y de operativos de seguridad.

Aunque esta cifra puede parecer baja cuando se compara con la incidencia feminicida de municipios como Culiacán o Mazatlán, la colectiva feminista Orquídeas Moradas, que trabaja dentro del territorio de Escuinapa, explica que, en un municipio tan pequeño como este, las muertes no pasan desapercibidas.

Las víctimas eran madres, hijas, hermanas; formaban parte de la familia o de la red de conocidos de alguien y, muchas veces, compartir los espacios con ellas era parte de la rutina.

“En municipios tan pequeños como Escuinapa, la muerte de una casi nos quita un pedazo de nuestra comunidad, porque entre nosotros solemos conocernos, solemos vernos en algún punto de nuestras vidas”, comentó María Isabel, una de las integrantes de Orquídeas Moradas.

Dentro del contexto de violencia, las integrantes de la colectiva explican que se está formando un problema de normalización de la violencia y criminalización hacia las propias víctimas.

Según Orquídeas Moradas, después de los hechos comenzaron a circular en redes sociales rumores que relacionaban a algunas de las mujeres con grupos del crimen organizado. Aunque no existían elementos públicos que comprobaran estas versiones, los señalamientos terminaron convirtiéndose en una forma de justificar sus muertes o de restarles importancia.

Para la colectiva, esta reacción también muestra cómo la violencia termina modificando la manera en la que una comunidad recibe cada asesinato y decide quién merece la empatía.

“Independientemente de que, a base de chismes, se comente si estaban o no involucradas en el crimen organizado, nosotras creemos y sostenemos que no hay ninguna justificación para que una persona y una mujer merezca ser privada de la libertad o ser privada de su vida”, expresaron Belén, Blanca y María Isabel, en una entrevista con ESPEJO.

Cinco días después de que Grecia muriera, habría sido su primera comunión; en el mes de diciembre la fiesta de quince años.

Para Orquídeas Moradas, son historias como la suya las que corren el riesgo de perderse cuando la violencia se vuelve cotidiana y cada asesinato termina reducido a una cifra, un rumor o una explicación sobre quién era la víctima.

 

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