La crisis política que vive Sinaloa a la par de la violencia que continúa imparable escaló a nivel nacional y puso en aprietos a la presidenta Claudia Sheinbaum, al Movimiento Regeneración Nacional y a la llamada Cuarta Transformación en sí que se exhiben sin capacidad ni voluntad para resolver las complicaciones sobre el caso Rubén Rocha Moya y, sobre todo, las que derivan de la guerra entre células del cártel local del narcotráfico.
Todo el sistema morenista lució trabado desde que el viernes Rubén Rocha Moya decidió ponerle fin a la licencia que solicitó a inicios de mayo para separarse del cargo, en tanto la Fiscalía General de la República desarrolla sin ánimo para resolver la investigación sobre la acusación que formuló el Departamento de Justicia de Estados Unidos a finales de abril, acusando al entonces gobernador y 10 funcionarios más de colaboración criminal con el Cártel de Sinaloa.
La burbuja creada en palacio nacional con la posibilidad de que Rocha retomara la titularidad del Ejecutivo, con la declaración de Sheinbaum de que era decisión del político badiraguatense regresar o no al cargo, y la FGR que una y otra vez declaró que las instancias ministeriales y judiciales estadunidenses no envían las pruebas que sustenten la incriminación, explotó el 21 de agosto induciendo a la 4T en la peor crisis de la gobernabilidad desde que está en el poder.
Inclusive el desfase institucional continuó hoy al abortar la sesión del Congreso del Estado convocada para designar a quien sustituirá a Rocha Moya en el gobierno, ya sea bajo la figura de interinato o suplencia, inmiscuyéndose Sheinbaum en determinar quién haga el relevo y alterando así el discurso presidencial que defiende la soberanía nacional y ataca la libre autodeterminación de uno de las entidades federativas.
En Sinaloa se empalman todas las dificultades posibles para afectar más de lo que ya están dañadas las actividades productivas, los puentes políticos que reactiven la estabilidad y legalidad, y el tejido social desplazado en la toma de decisiones por poderes fácticos y legítimos igual de enardecidos ambos. La sociedad sinaloense está en medios de muchos fuegos cruzados: narcoguerra atroz que pone los miles de víctimas, la coyuntura política que propone la anarquía del río revuelto y la contradicción de instituciones federales y estatales que contribuyen al caos.

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