En la víspera del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Nancy Mendoza, quien busca a su hermano Josué Ricardo Mendoza Martínez, desaparecido en Ciudad de México el 3 de agosto de 2024, quiso compartir con otras familias buscadoras lo que el dolor le ha enseñado.
Ese es el título que lleva una guía de saberes fundamentales para enfrentar la desaparición de un ser querido que ella elaboró, que aunque nadie tendría que leerla —según dice su propia portada—, responde a las muchas situaciones que tienen que vivir las familias de personas desaparecidas.
“No existe algo que te diga cómo o de qué manera tienes que enfrentar una búsqueda. La construcción de la guía justamente es tratar de aminorar la carga de personas que desgraciadamente se tengan que enfrentar a esta situación”, explicó este viernes en entrevista tras la presentación del documento.
La intención sería que nadie más la necesitara, y que no siga aumentando el número de personas desaparecidas —que según el registro oficial rebasan las 130 mil—, pero en caso contrario, ahora cuentan con esa orientación que engloba siete saberes: institucionales y jurídicos básicos, administrativos y de gestión, para la búsqueda, de seguridad familiar, sobre los derechos de las víctimas directas e indirectas, de comunicación y psicoemocionales.
“No hablo solamente desde el lado de lo que nos tocó vivir, ni tampoco únicamente del lado profesional. Hablo desde ambos sentidos porque desafortunada o afortunadamente mi perspectiva como buscadora también transformó mi manera de ejercer el trabajo social”, sostuvo la buscadora, quien ya tenía estudios en esa profesión.
Antes de abordar el contenido de la guía, quiso hablar de “algo muchísimo más sencillo y al mismo tiempo mucho más doloroso”: la ausencia. Detrás de cada ficha de búsqueda, subrayó, hay una persona, un nombre, una historia, una familia que espera y una pregunta que permanece todos los días: “¿Dónde están?”
“Lo que el dolor nos enseña nace precisamente de ahí. No nace de un escritorio, no nace únicamente de los libros ni de las leyes. Nace de la experiencia y sobre todo nace del amor por mi hermano Josué, y de todo aquello que su ausencia me ha obligado a aprender durante el camino de la búsqueda. Lo dice el libro desde sus primeras páginas: esta guía nace desde el amor, surge de la experiencia y la fuerza de quienes aun con el corazón roto, decidimos levantarnos cada día para buscar a la persona que nos falta en casa”, apuntó.
Antes de la desaparición de su hermano en 2024, la especialización de Nancy Mendoza se centraba en la gerontología, concretamente en el trabajo social con adultos mayores. “Yo no tenía nada que ver con personas desaparecidas”, explica. Sin embargo, la ausencia de Josué Ricardo y acudir constantemente a la fiscalía reorientaron su trayectoria y formación hacia el análisis de la búsqueda.
Esta transición generó una coexistencia entre su perfil profesional y su vivencia familiar, la trabajadora social y la hermana buscadora: “Esta dualidad me permite ver las cosas desde una perspectiva un poco diferente”, señala. Mantener esta separación es una herramienta indispensable para asimilar el dolor.
“Nancy, la buscadora, no deja de ser Nancy, la persona… Siempre voy con colores bonitos o con mi cabello, que es mi característica muy específica. Trato de que no se pierda mi muchosidad, como yo la llamo”, afirma. Además, enfatiza que ambas identidades se fusionaron para estructurar una propuesta técnica que sirviera para guiar a las familias y coordinar acciones con las instituciones públicas.
La motivación principal para elaborarla fue la carencia de información con la que las familias suelen iniciar sus procesos. Al ocurrir una desaparición, se enfrentan con frecuencia a un entramado legal, administrativo e institucional sin preparación previa. Esta falta de orientación incrementa la vulnerabilidad ante negligencias, omisiones o extorsiones.
“La necesidad de estos saberes radica en que muchas familias iniciamos la búsqueda sin información suficiente, sin orientación sobre nuestros derechos, sobre las instituciones, procedimientos y trámites a realizar, y a cómo cuidarnos”, explicó.
Ante ello, el objetivo es evitar que las nuevas familias se vean obligadas a “empezar completamente desde cero”. De esta manera, cada trámite comprendido, cada error documentado y cada derecho identificado se transforman en conocimiento colectivo útil para acortar la incertidumbre.
Para Mendoza, la guía representa un acto de acompañamiento solidario fundamentado en la resistencia. Sin embargo, aclara que el texto “bajo ninguna circunstancia pretende marcar la línea a seguir ni sustituir la labor de las autoridades ni las asesorías especializadas”.
¿Qué contiene la guía?
La guía “Lo que el dolor nos enseña” se divide en siete capítulos para brindar herramientas a las familias que enfrentan la desaparición de un ser querido.
Entre ellas están los saberes institucionales y jurídicos básicos, donde se explica el funcionamiento de las instituciones y los términos legales que las familias enfrentarán. Además, detalla el rol de organismos clave en la Ciudad de México, como el Centro de Atención Integral para la Búsqueda de Personas (CAIPB), la Comisión de Búsqueda (CBPCDMX) y la Fiscalía Especializada (FIPEDE).
Por otro lado, desglosa los diferentes protocolos de actuación, como el Protocolo Homologado de Búsqueda, el Protocolo Adicional para Niñas, Niños y Adolescentes y el Protocolo de Investigación. Al mismo tiempo, explica los distintos tipos de alertas (Nacional, AMBER, Alba), el derecho de la familia a participar activamente, cómo acceder a la carpeta de investigación y los mecanismos de protección para las víctimas indirectas.

En cuanto a los saberes administrativos y de gestión, la guía se enfoca en la importancia de la organización documental para facilitar la búsqueda. Para ello, explica el paso a paso de cómo integrar un “expediente familiar” físico y digital con datos generales, fotografías, señas particulares, documentos oficiales e información médica o genética de la persona desaparecida.
Igualmente enseña cómo ejercer el derecho al acceso a la información pública mediante la Plataforma Nacional de Transparencia para conocer las acciones de las autoridades, y subraya la importancia de documentar todas las diligencias, llamadas y reuniones creando una bitácora o línea de tiempo.
En el capítulo dedicado a la búsqueda se presenta una guía práctica para las búsquedas de campo. Además, ofrece recomendaciones sobre la vestimenta adecuada y el equipo básico para proteger la salud e integridad física de quienes buscan. Ahí mismo se incluye un protocolo estricto sobre qué hacer al encontrar posibles indicios o restos humanos: mantener la calma, no tocar ni mover nada para no alterar la evidencia, e informar de inmediato a las autoridades.
Por otro lado, aborda las medidas de seguridad durante la jornada y la importancia de un uso responsable de las redes sociales para no revelar ubicaciones o estrategias en tiempo real que puedan poner en riesgo al grupo de búsqueda.
Respecto a los saberes de seguridad familiar, la guía se centra en la prevención de riesgos físicos, digitales y emocionales derivados de la búsqueda. Explica cómo proteger los datos personales al difundir información en redes sociales o medios de comunicación para evitar extorsiones o fraudes.
Además, detalla cómo actuar frente a amenazas, hostigamiento o actos de intimidación, y recalca la necesidad de conservar evidencias, mantener la calma y denunciar para solicitar medidas de protección.
También se incluyen capítulos sobre los derechos de las víctimas directas e indirectas, sobre comunicación y herramientas para comunicarse de manera efectiva y segura con medios y autoridades, así como saberes psicoemocionales, al reconocer el desgaste físico y emocional de tener a un familiar desaparecido. Enfatiza que “quien busca también necesita ser cuidado”, y que descansar no significa abandonar la búsqueda.
Sumado a ello, recomienda estrategias de autocuidado básicas, subraya la importancia de buscar atención psicológica especializada para lidiar con el trauma y la incertidumbre, y resalta la necesidad de apoyarse en redes de contención —familia, amistades, colectivos— para no enfrentar el camino de la búsqueda en soledad.


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