Mazatlán, Sinaloa.- Nicolás llegó a Mazatlán cuando tenía casi nueve años. Aquí creció, atravesó la adolescencia y aprendió a recorrer una ciudad en la que podía pasar buena parte del día fuera de casa.

Se marchó hace seis años en busca de mejores oportunidades laborales, pero durante 2026 contempló regresar. Ahora vuelve a irse con una sensación agridulce y sin la certeza de querer establecerse nuevamente en el puerto.

Desde casi los nueve años le he llamado casa. Crecí ahí, me volví quien soy ahí, tuve mi adolescencia ahí”, cuenta.

La suspensión temporal de sus actividades laborales en el extranjero le permitió pasar una temporada en México. La empresa para que trabaja ubicada en Dubái cerró durante cuatro meses debido al conflicto en Irán y le ofreció tomar ese periodo como vacaciones con el 20 por ciento de su sueldo.

Nicolás aprovechó el tiempo para reencontrarse con su familia, sus amistades y la ciudad en la que había pensado volver a vivir. Sin embargo, encontró un Mazatlán distinto al que recordaba.

La inseguridad fue una de las principales razones que lo hicieron reconsiderar su regreso, pero no la única. También menciona el deterioro de las calles, la falta de actividades y las dificultades económicas de conocidos cuyos proyectos permanecen detenidos.

Está abandonadísimo. No hay eventos. Tengo muchos amigos que están en arquitectura, ingeniería o lo que sea, con muchísimos proyectos parados, que no saben qué hacer ni cómo pagarles a sus empleados”, relata.

El cambio también se percibe en la vida cotidiana. Nicolás recuerda que a los 11 años pasaba gran parte del día en la calle. Ahora piensa en su sobrina de ocho años y considera difícil que pueda vivir la ciudad con la misma libertad.

La percepción de Nicolás coincide con un cambio en el mapa de la violencia homicida de Sinaloa.

En julio de 2025, Mazatlán registró una tasa de 1.4 homicidios por cada 100 mil habitantes, mientras que Culiacán alcanzó 11. Un año después, el puerto llegó a 5.8 y superó los 4.9 registrados en la capital sinaloense.

Es la primera vez desde que comenzó la guerra interna del Cártel de Sinaloa que Mazatlán rebasa a Culiacán en este indicador. En términos anuales, la tasa de homicidios del municipio aumentó 314.3 por ciento.

Uno de los cambios que más preocupa a Nicolás es que los hechos violentos han alcanzado vialidades, zonas turísticas y espacios destinados a la convivencia familiar.

El 17 de julio se registraron agresiones armadas en distintos puntos del puerto, intentos de despojo de vehículos en la zona turística, ataques contra automovilistas y homicidios. Entre el 22 y el 23 de julio, siete personas fueron asesinadas en menos de 24 horas.

Mucho antes de este repunte, Nicolás ya había dejado Mazatlán por motivos laborales. Antes de marcharse sostuvo hasta tres empleos y colaboró en un negocio familiar.

Trabajó en cruceros, restaurantes y bares, además de encargarse del mantenimiento de viviendas de extranjeros y realizar actividades relacionadas con el sector inmobiliario. A pesar de ello, asegura que sus ingresos apenas le permitían terminar el mes, sin posibilidades de ahorrar o construir un patrimonio.

La falta de oportunidades, el deterioro urbano y la violencia terminaron por pesar sobre su intención de volver.

Durante julio, 900 elementos federales llegaron para sumarse a los 400 efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional desplegados en Mazatlán. Ante la continuidad de la violencia, el 24 de agosto se anunció el arribo de otros 300 militares.

Nicolás observa los vehículos con soldados cerca de su casa, pero dice que el despliegue no le ha devuelto la tranquilidad ni la ciudad que recuerda.

Por eso se marcha otra vez. Deja en Mazatlán a su familia, sus amistades y buena parte de su historia. También deja, por ahora, el proyecto de regresar.

Lo dejo con una sensación agridulce”, resume.

 

Con información de Daniel Villaman

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