Culiacán, Sinaloa.- Otro menor de edad resultó herido por impactos de bala durante el ataque registrado en el fraccionamiento Prados del Sur, en Culiacán, el mismo hecho en el que murió Juan Alejandro, un niño de apenas un año y cuatro meses que recibió un disparo en el cráneo y posteriormente perdió la vida en el hospital.

Claudia Sánchez Kondo, fiscal de Sinaloa, confirmó que el menor de nueve años de edad, quien hasta el momento permanece en calidad de desconocido, se encuentra estable y continúa recibiendo atención médica por las heridas de bala que sufrió durante el ataque.

Asimismo, informó que entre los fallecidos se encuentra el detenido por su posible participación en el ataque.

Dentro de la narrativa que investiga la Fiscalía, las heridas del presunto responsable no habrían sido provocadas por una respuesta armada de la parte atacada, sino que también habría sido agredido por sus propios acompañantes.

“La versión que se tiene es que sí, fue agredido por sus compañeros en el lugar de los hechos y lo dejaron ahí en el lugar. Entonces, se tenía en calidad de detenido en flagrancia por el hecho, fue trasladado al hospital y falleció (…) Sin embargo, estamos haciendo el trabajo pericial para determinar si hay casquillos de otros calibres o si hubo disparos de ambos lados”, comentó la fiscal.

De acuerdo con la Fiscalía, el hecho se registró cuando un grupo de tres personas armadas llegó al domicilio ubicado en la esquina de las calles Islas Mascareñas y Mar de Coral a bordo de un vehículo.

Los hombres abrieron fuego de manera indiscriminada contra los presentes.

Durante la conocida guerra del narco de Sinaloa, de acuerdo con información obtenida mediante solicitudes de información realizadas a la Fiscalía General del Estado de Sinaloa y a la Secretaría de Salud, entre septiembre de 2024 y abril de 2026 fueron asesinados 250 niños, niñas y adolescentes por heridas de bala en el estado.

Como Juan Alejandro, por lo menos otros 58 menores habrían fallecido mientras eran atendidos en hospitales por las heridas.

El resto habría perdido la vida en el lugar de los hechos, la mayoría en espacios cotidianos como sus casas, parques, la vía pública o pequeños comercios donde los menores -principalmente adolescentes- trabajaban.

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