Culiacán, Sinaloa.- Preparar el equipo, conocer previamente el territorio, escuchar antes de levantar la cámara y dar seguimiento a las historias son algunas de las claves para hacer fotoperiodismo, especialmente cuando se documentan comunidades atravesadas por la violencia.

Estas recomendaciones fueron compartidas por Lucía Flores durante el taller de fotoperiodismo de la segunda edición del Festival ESPEJO 2026, realizado en Culiacán. La fotoperiodista mexicana, originaria de Ciudad de México, se especializa en la cobertura de derechos humanos, desaparición de personas y política.

Es fundadora y codirectora de la Agencia Obturador MX, trabaja como fotógrafa en El Financiero y colabora con A dónde van los desaparecidos. Egresada de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), su trabajo también ha sido publicado en medios nacionales e internacionales como The Washington Post, Bloomberg Businessweek, AFP y El Universal.

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El grupo aprendió técnicas y claves para poder vender su trabajo y cubrir en territorios como Sinaloa.

Preparar el equipo y conocer el contexto

 

Antes de salir a cubrir, Flores recomendó revisar las baterías, contar con tarjetas de memoria disponibles, verificar el espacio de almacenamiento del celular y llevar una batería externa. También recordó limpiar los lentes de la cámara o del teléfono para evitar perder imágenes por problemas técnicos.

A esta preparación se suma conocer previamente el lugar y el tema que se cubrirá, además de llevar equipo y vestimenta adecuados para las condiciones del territorio.

Sin embargo, la preparación técnica no sustituye la responsabilidad humana. La fotoperiodista propuso preguntarse cómo nos gustaría ser retratades si atravesáramos una situación de violencia y evitar imágenes que provoquen lástima hacia las víctimas en lugar de generar indignación y cuestionamientos sociales.

En el caso de las infancias, subrayó la importancia de protegerlas y considerar que las fotografías pueden convertirse en documentos sociales que permanezcan durante años, especialmente por la dificultad de borrar contenidos que circulan en internet.

Escuchar antes de fotografiar

 

La escucha activa es otra herramienta fundamental. Para Flores, acercarse a una fuente no significa llegar, hacer preguntas, tomar fotografías y marcharse. En trabajos de largo aliento, incluso pueden pasar días antes de obtener una imagen.

“Antes de levantar la cámara y empezar a hacer fotos, tienes que escuchar a las otras personas”, explicó.

Este acercamiento requiere empatía y respeto por las personas retratadas, sin imponer prejuicios ni reducir sus historias al dolor.

Dar seguimiento y buscar otras formas de contar

 

Flores también llamó a no abandonar las historias después de su publicación. Aunque la cobertura diaria está marcada por la inmediatez, regresar permite conocer cómo evolucionan los hechos y construir narrativas más amplias mediante la fotografía documental.

“Si nosotros ya estamos haciendo esa chamba, hay que darle seguimiento”, señaló.

Además de publicar en periódicos, revistas y portales, recomendó explorar otros formatos para compartir proyectos fotográficos, como fanzines, exposiciones, postales y libros, así como festivales, bancos de imágenes, agencias internacionales y espacios editoriales independientes.

Estas alternativas permiten que las historias encuentren nuevos públicos y permanezcan más allá de la noticia inmediata. Documentar el territorio, concluyó, implica asumir la responsabilidad de mirar, escuchar y regresar; no solamente obtener fotografías, sino construir memoria visual sobre lo que ocurre y sobre las personas que viven sus consecuencias.

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