Detrás de los alimentos existe una infraestructura industrial y energética que suministra insumos esenciales para la agricultura. Antes de llegar a cultivos como maíz, trigo, frijol y otros granos, buena parte de los fertilizantes nitrogenados recorre una cadena que comienza con dos materias primas: el gas natural, del que se obtiene hidrógeno, y el aire, del que se separa nitrógeno. Ambos elementos se combinan para producir amoniaco mediante el proceso Haber-Bosch. Su fórmula, NH₃, indica que la molécula está integrada por un átomo de nitrógeno y tres de hidrógeno.

El amoniaco es la base de los fertilizantes y la Agencia Internacional de Energía estima que alrededor de 70% de su producción mundial se destina a fabricarlos, mientras el resto se utiliza en distintas aplicaciones industriales. La misma agencia señala que poco más de 70% del amoniaco producido en el mundo emplea reformado de gas natural para obtener el hidrógeno requerido por el proceso.

La relación entre industria y agricultura puede entenderse como una secuencia: el gas natural aporta el hidrógeno; el aire, el nitrógeno; ambos permiten producir amoniaco, y éste abre paso a la elaboración de fertilizantes nitrogenados.

En el campo, esos productos se aplican conforme a las necesidades de cada cultivo y a las condiciones del suelo, el agua, el clima y el ciclo productivo.

Esta cadena adquiere especial relevancia en regiones agrícolas como Sinaloa, donde la producción de maíz, trigo, frijol y otros cultivos requiere una disponibilidad oportuna de insumos para la nutrición vegetal.

Los fertilizantes no sustituyen el manejo agronómico, pero sí constituyen una herramienta fundamental para reponer nutrientes y sostener la productividad de los suelos cuando se utilizan de manera adecuada.

En este contexto se inserta la planta de fertilizante que Proman GPO construye en Topolobampo, Sinaloa. De acuerdo con información publicada por la compañía, la instalación está proyectada para producir 2,220 toneladas métricas de amoniaco al día.

El proyecto permite observar a escala regional un proceso que forma parte de una industria global. Su función dentro de la cadena es producir una materia básica para la fabricación de fertilizantes nitrogenados, vinculando el suministro energético con la actividad industrial que antecede a la nutrición de los cultivos.

Entender este recorrido permite dimensionar el papel del gas natural más allá de su uso como combustible. En la industria de los fertilizantes es una materia prima esencial que aporta el hidrógeno indispensable para producir amoniaco y, a partir de él, insumos destinados a la agricultura. Del gas natural al campo, la cadena muestra cómo energía, industria y producción agrícola se articulan para sostener una parte esencial del sistema alimentario.

***

Fuentes consultadas

Agencia Internacional de Energía (IEA). Ammonia Technology Roadmap: Towards more sustainable nitrogen fertiliser production. https://www.iea.org/reports/ammonia-technology-roadmap