Por Gonzalo Ortuño López / Mongabay Latam
Las personas están recibiendo los impactos de la crisis climática principalmente a través del agua: con sequías más largas, lluvias más intensas, con la pérdida de glaciares y la sobreexplotación de los acuíferos. En Latinoamérica y el Caribe esto se ha hecho más evidente en los últimos 30 años, donde el 88 % de los desastres tuvo un origen hídrico, de acuerdo con el informe Agua y cambio climático en Iberoamérica, elaborado por el Observatorio La Rábida de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para la región.
El documento, que se presenta formalmente el 4 y 5 de noviembre en la XXX Cumbre de Jefas y Jefes de Estado de Iberoamérica, destaca que las alteraciones al ciclo del agua reflejan desigualdades importantes entre subregiones, países y poblaciones que se traducen en afectaciones a la economía, la salud, la alimentación, la energía y la movilidad humana.
Un aspecto clave en el informe es la gobernanza hídrica, entendida como la capacidad de articular instituciones, leyes, financiamiento, participación social y planificación en la gestión sostenible y equitativa del agua, pues representa el mayor reto para los países de la región, de acuerdo con expertos de cada región que el mismo reporte consultó para su validación.

El informe Agua y cambio climático en Iberoamérica fue elaborado por el Observatorio La Rábida de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para Iberoamérica y se presentó este 4 de noviembre en Madrid, España. Foto: cortesía Secretaría General Iberoamericana (SEGIB)/Manuel Sevillano
Judith Domínguez Serrano, profesora-investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México y responsable académica del informe, destaca que no se trata de hallazgos nuevos en la relación del agua con el cambio climático, sino de una forma distinta de entender y encontrar soluciones.
“Es el primer documento de agua que tiene una mirada geopolítica para la región iberoamericana, pero que es de mucho interés para Latinoamérica. El corazón del informe es ¿qué rol tiene el agua en el orden mundial y cómo podemos movilizar ese capital natural para ser un agente de cambio?”, comenta la especialista a Mongabay Latam.
A partir de un panorama regional, el informe no solo plantea el deterioro de los recursos hídricos, sino también qué medidas pueden implementar los países para adaptarse ante la importancia que tendrá el agua en temas como la transición energética, minerales críticos, así como en la producción de alimentos.
El propósito, sostiene el documento, es doble: demostrar que las afectaciones pueden revertirse y que el agua se convierta en un factor de unión y coordinación entre los países para implementar acciones comunes.

Imagen aérea de las inundaciones provocadas en Balao, provincia de Guayas, Ecuador. Foto: cortesía Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos.
Distribución desigual del agua en Latinoamérica
Nuestra región vive una paradoja en la gestión del agua, pues mientras concentra cerca de un tercio de los recursos hídricos renovables del planeta, 140 millones de personas aún esperan agua potable gestionada sin riesgos y 324 millones no cuentan con saneamiento seguro, una brecha que se hace mayor en las zonas rurales y periurbanas, de acuerdo con el documento.
Esto contrasta con la abundancia de agua proveniente de cuencas del Amazonas, el Plata y el Orinoco, que reúnen cerca del 70 % de los recursos hídricos de la región, así como las aguas subterráneas que son la reserva estratégica frente a la sequía y sostienen cerca del 60 % del abastecimiento urbano en algunos países de América Latina y el Caribe.
El informe distingue tres procesos de deterioro en la región mediante la sobreexplotación de las fuentes hídricas, como en México, donde 114 de los 653 acuíferos han sido excesivamente utilizados, o el retroceso glaciar andino que alcanza 22.9 gigatoneladas de hielo al año; la degradación de la calidad del agua: en Latinoamérica, 46 % de las aguas residuales reciben tratamiento adecuado. Además de enfrentar la contaminación por mercurio y arsénico procedentes de la minería ilegal y las actividades extractivas sin control en las cuencas amazónicas y andinas.
También la degradación se refleja en la pérdida de ecosistemas reguladores, como los páramos andinos (entre el 15 % y 25 % presentan deterioro) o la pérdida de entre el 20 % y el 40 % de los manglares desde 1980 en Latinoamérica y el Caribe.
Para Mónica Guzmán Rojo, hidrogeóloga y profesora-investigadora de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, muchos de los conflictos en la región están cada vez más relacionados con la inseguridad hídrica, que está generando nuevas condiciones en varios países de la región.
“En muchas zonas ya no podemos hablar solo de crisis, porque si año tras año falta agua, como en algunas zonas de Bolivia, ya se convierte en una nueva normalidad en la que no se trata solo de un evento extremo, sino de un déficit hídrico persistente que nos muestra que cada vez tenemos menos agua disponible, más allá de los eventos extremos”, dice la especialista a Mongabay Latam.

Choluteca, Honduras, parte del Corredor Seco Centroamericano, una región marcada por la sequía recurrente, la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad climática. Foto: cortesía FAO/Alcides Rodríguez
Gobernanza hídrica, el fondo de los conflictos
Muchas de las causas de estos procesos de degradación tienen explicación por la gestión del agua, donde el informe encuentra fallas a corregir en la región.
Por un lado, señala las brechas de infraestructura y de gestión. De acuerdo con el reporte, la inversión pública en agua y saneamiento se redujo a la mitad entre 2010 y 2019 en Latinoamérica.
También señala que hay una planificación “desacoplada del clima”, donde los planes hidrológicos siguen basándose en series históricas que ya no reflejan el clima actual. Además, considera presiones externas, como el crecimiento urbano, los patrones de comercio internacional y el desarrollo territorial que condicionan la demanda de agua.
“De mantenerse estas tendencias, los costos irán en aumento, porque habrá ciudades cada vez más dependientes de acuíferos en descenso, cuencas por encima de su capacidad y ecosistemas que dejarán de regular el agua. Si se actúa pronto, la mayoría de estos procesos todavía puede revertirse”, señala el informe.

De acuerdo con Naciones Unidas, el 70 % de las tierra libres de hielo ya presentan un impacto por actividades humanas. Foto: cortesía Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH)
La responsable académica del informe explica que el documento contó con la participación de autoridades y representantes de 22 países de Iberoamérica, quienes a través de una encuesta regional respondieron, en su mayoría, que la gobernanza es el principal problema que enfrentan para la gestión del agua. Sin embargo también mencionaron la descoordinación y la alta conflictividad como retos principales.
“Hay una obligación de coordinar para poder ir hacia un mismo fin y eso es lo primero que identifican. La consecuencia de una mala gobernanza, que tiene origen en una fragmentación y descoordinación, va a producir impactos, como no dar agua suficiente ni de calidad”, señala Domínguez.

De acuerdo con el informe, las experiencias de la región muestran que es posible acelerar el avance en el acceso al agua y al saneamiento. Gráfico: cortesía Informe del Observatorio La Rábida de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para Iberoamérica.
La especialista sostiene que la mala gobernanza hídrica está vinculada con el origen de los conflictos, pero al mismo tiempo representa una palanca de cambio para salir de la crisis. “El conflicto es una consecuencia de una mala gobernanza. Al no poder gestionar bien los recursos, obviamente surgen mayores conflictos sociales por diversas causas, por falta de agua, por contaminación o por desplazamientos”, agrega.
Para Guzmán, fortalecer la gobernanza de los sistemas hídricos en Latinoamérica es un eje fundamental porque permitiría integrar y aprovechar mejor la información disponible para proteger y gestionar los recursos hídricos.
“Un pilar fundamental es la generación de información. Tenemos información sobre la disponibilidad de agua, mediciones en pozos, clima y ríos, que está fragmentada entre distintas instituciones. El problema es que no siempre contamos con datos integrados y comparables que nos permitan identificar zonas críticas”, detalla la hidrogeóloga.
Integrar y analizar esta información, junto con datos ambientales y sociales, sostiene, permite identificar qué zonas están en números rojos y evaluar cómo el déficit hídrico afecta a la fauna, la flora y las comunidades, para definir planes de desarrollo y gestión hídrica más sostenibles.

Cerca de 3000 millones de personas viven en zonas donde el almacenamiento total de agua está disminuyendo o es inestable. Foto: cortesía del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH)
Recomendaciones y principios para la región
El informe arroja una serie de recomendaciones y medidas voluntarias que cada país puede implementar acorde a sus condiciones y objetivos en la Agenda Medioambiental Iberoamericana (AMI).
Las recomendaciones están agrupadas en cuatro ejes: institucionalidad y gobernanza; infraestructura resiliente y soluciones basadas en la naturaleza; información, capacitación, innovación y economía circular; y financiamiento.

Los pescadores lanzan sus redes en la bahía a primera hora de la mañana en Port-de-Paix, Haití. Foto: cortesía UNDRR (Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres).
También destaca que deben implementarse bajo ciertos principios, como el que sean construidas junto con comunidades, que utilicen las mejores técnicas disponibles, que se avance en conjunto donde hay acuerdos entre países y que la política hídrica ayude a materializar decisiones sobre otros ámbitos como desarrollo, equidad y territorio.
“Las políticas desde abajo tienen muchas más posibilidades de escalar para proteger los sistemas de agua y pueden ser más fáciles de aplicar que cuando una política va de arriba hacia abajo”, sostiene Guzmán, quien destaca la importancia de fortalecer también la ciencia ciudadana en las localidades para lidiar con las crisis hídricas.
“A nivel local se pueden hacer muchísimas cosas e ir escalando hacia otros niveles y llegar hasta esferas nacionales donde realmente se pueda aprovechar esa información para nutrir las políticas que pueden preservar el agua”, considera.
En tanto, Domínguez agrega que aunque este informe es voluntario, se encuadra en una agenda que los países van a respaldar en la cumbre y en diferentes espacios internacionales en los siguientes meses.
“Esperemos en un futuro que los países acepten este marco. Si la calidad del agua es importante, vamos a adoptar metodologías comunes, mensajes comunes para poder compararnos y avanzar”, sostiene.
*Imagen principal: la crisis climática se está manifestando a través del agua: con sequías más largas, lluvias más intensas, con la pérdida de glaciares y la sobreexplotación de los acuíferos. Foto: cortesía ACNUR/Daniel Marenco
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Este trabajo fue realizado para Mongabay Latam. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.


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