El 28 de octubre de 2009, las autoridades mexicanas arrestaron a Óscar Orlando Nava Valencia, alias “El Lobo”, jefe del Cartel del Milenio, entonces uno de los grupos criminales más poderosos del país.

El grupo tenía dos grandes brazos, declararía Nava Valencia años después en un tribunal en EE. UU. Uno, estaba dirigido por su hermano y otro por un lugarteniente poco conocido y curtido llamado Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.

La cocaína era la principal fuente de ingresos, pero el negocio de la metanfetamina comenzaba a ganar terreno. Nava Valencia declaró que El Mencho operaba cinco laboratorios a finales de la década de 2000, que producían cerca de una tonelada de metanfetamina al mes en ese momento, una cantidad minúscula en comparación con lo que se produciría en los años siguientes.

Tras el arresto de Nava Valencia, el brazo de El Mencho se separó, según su testimonio, dando inicio al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El grupo traficaba cocaína, pero su negocio principal era la metanfetamina.

Ese negocio experimentó un auge histórico. Según Naciones Unidas, los estimulantes de tipo anfetamínico son consumidos por más de 30 millones de personas, lo que los ubica en el tercer lugar a nivel mundial, detrás de la marihuana y los opiáceos, en gran medida debido al ingenio, el poder y el alcance de grupos como el CJNG.

El 22 de febrero, las autoridades mexicanas dieron de baja a El Mencho. Y muchos, como ocurrió en 2009, esperan una división dentro de la organización.

En retrospectiva, es claro que quienes ganaron las disputas por el control del mercado dependieron tanto del espíritu empresarial como de la fuerza bruta.

La historia de cómo el CJNG y El Mencho apostaron por el mercado de la metanfetamina podría anticipar lo que se espera para el futuro de la organización.

Un auge en EE. UU., y luego una caída

 

La revolución industrial de la metanfetamina comenzó con una decisión clave en México: en 2007, el gobierno anunció que no otorgaría más licencias para importar efedrina y pseudoefedrina, los dos principales precursores utilizados en ese momento para producir metanfetamina. Esta medida llegó después de una legislación que ya había endurecido los controles sobre estos químicos.

El impacto generó cambios rápidos. Productores mexicanos como El Mencho pasaron a utilizar 1-fenil-2-propanona (P2P). El P2P resultó superior a la efedrina y la pseudoefedrina en todos los aspectos: más accesible, más barato y una mejor base para fabricar drogas de alta calidad. La producción y pureza de la metanfetamina comenzaron a aumentar de forma sostenida, y con ello también la demanda.

Este fenómeno fue particularmente evidente en Estados Unidos, donde el consumo pasó de unas 38 toneladas en 2009 —el mismo año en que El Mencho inició su ascenso en la jerarquía criminal— a 171 toneladas en 2016, según un informe de Rand Corporation. En contraste, el consumo de cocaína cayó de 160 a 145 toneladas en ese mismo periodo.

Para 2022, la metanfetamina era la droga ilícita identificada con mayor frecuencia en incautaciones en Estados Unidos, de acuerdo con la Biblioteca Nacional Forense de EE. UU., el centro de análisis de drogas de la Administración para el Control de Drogas (Drug Enforcement Administration, DEA). Y para 2023, se estimaban 2,6 millones de consumidores de metanfetamina en el país, un aumento de siete veces frente a los cerca de 353.000 registrados en 2010.

Las incautaciones en la frontera entre Estados Unidos y México también reflejaron esta tendencia. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (US Customs and Border Protection, CBP) reportó la incautación de 4,1 toneladas de metanfetamina en la frontera suroeste durante el año fiscal 2010. A inicios de la década de 2020, la cifra rondaba las 70 toneladas anuales.

En un inicio, las ganancias derivadas de la metanfetamina destinada a EE. UU. se dispararon. El mismo informe de Rand estima que el mercado estadounidense pasó de unos US$16.000 millones en 2009 a US$27.000 millones en 2016. Sin embargo, para entonces, las ganancias por venta ya comenzaban a caer debido a la saturación del mercado, que obligó a aplicar fuertes descuentos.

El mercado per cápita alcanzó su punto máximo en 2007, según la DEA, cuando el precio por gramo de metanfetamina llegó a US$268. Para 2024, los precios fluctuaban entre US$10 y US$30 por gramo. (Ese mismo año, productores en México señalaron a InSight Crime que esperaban obtener cerca de US$50 por gramo).

Para entonces, el CJNG y otros grupos criminales mexicanos ya habían comenzado a diversificarse.

Expansión hacia el este y el oeste

 

En febrero de 2019, funcionarios de EE. UU., en coordinación con autoridades australianas, incautaron 1,7 toneladas de metanfetamina con destino a Australia, ocultas en un contenedor de carga etiquetado como parlantes. Los productores estadounidenses ya no tenían la capacidad de fabricar o movilizar cargamentos de tal magnitud, lo que dejó en evidencia que productores mexicanos estaban utilizando Estados Unidos como punto de tránsito para enviar grandes cantidades de metanfetamina hacia Oceanía.

Esto tenía lógica. En Australia, los precios de la metanfetamina pueden superar los US$190 por gramo, según la DEA. Y en Nueva Zelanda, pueden superar los US$114. Australia también presenta una de las tasas más altas de incautación de metanfetamina por población en el mundo, y el consumo de esta droga y otros estimulantes anfetamínicos representa el 78% de su mercado de drogas.

A estas incautaciones le siguieron otras aún más llamativas. En julio de 2023, soldados mexicanos decomisaron 10 toneladas de metanfetamina líquida con destino a Australia, ocultas en botellas etiquetadas como “mezcal artesanal”. Otros cargamentos incautados tenían como destino Nueva Zelanda. En un informe de 2024, la DEA señaló que otros métodos de ocultamiento incluían prensas hidráulicas, maquinaria agrícola, transformadores eléctricos y alcohol.

Para 2024, el 70% de la metanfetamina incautada en Australia —o en ruta hacia ese país— provenía de América del Norte, es decir, de México, Estados Unidos y Canadá, siendo México, por amplio margen, la principal fuente entre los tres.

“La metanfetamina producida en América del Norte ha superado a los países del Sudeste Asiático como principal proveedor de esta droga ilícita en Australia, con carteles mexicanos apuntando cada vez más a ese mercado”, señaló la Policía Federal Australiana (Australian Federal Police, AFP) en un comunicado.

Los compradores mayoristas en Oceanía cambiaron de proveedor. La razón fue simple, según la AFP: los precios al por mayor de México eran hasta cinco veces más bajos que los de los productores del Sudeste Asiático.

El futuro del CJNG

 

El análisis sobre el ascenso del CJNG suele centrarse en su poder militar, su violencia, su enfoque implacable y su disciplina. Pero, ¿qué hay de su capacidad empresarial? ¿Cuánto de su expansión puede atribuirse a su visión de negocio y espíritu emprendedor en el mercado de la metanfetamina?

En muchos sentidos, la pregunta aplica tanto al CJNG como a su histórico rival, el Cartel de Sinaloa. Más que cualquier otro grupo, estas dos redes criminales han demostrado una capacidad de adaptación y una visión estratégica comparables a las de algunas de las mayores corporaciones del mundo. Esto ha sido particularmente evidente en el ámbito de las drogas sintéticas, donde se han posicionado como líderes tanto en el mercado de metanfetamina como en el de fentanilo.

En el caso del CJNG, el grupo combinó su poder militar —tomando control de zonas clave de producción y asegurando corredores estratégicos y puertos— con una sólida capacidad empresarial. Poco después del cambio hacia el P2P, grandes laboratorios comenzaron a producir la droga más barata y de mayor calidad del mundo. Incluso desarrollaron métodos para reciclar los desechos del proceso de producción y convertirlos nuevamente en metanfetamina, según la DEA. Y cuando se impusieron nuevas restricciones para limitar el flujo de P2P, volvieron a adaptarse. Con el tiempo, ellos y otros grandes productores han reducido considerablemente su dependencia de químicos provenientes del extranjero.

También contribuyeron a expandir el mercado en Estados Unidos. En parte, esto se ha dado mediante esquemas ingeniosos para adulterar medicamentos más conocidos con metanfetamina. En particular, versiones falsas de Adderall, mezcladas con metanfetamina, han proliferado en los últimos años. Hasta cinco millones de personas consumen Adderall sin receta, lo que representa un enorme mercado potencial.

Por último, han demostrado una notable capacidad para expandir su alcance. Tras saturar el mercado estadounidense, emisarios del grupo identificaron nuevas oportunidades de negocio y establecieron alianzas en mercados competitivos en Oceanía y otras regiones.

La muerte de El Mencho pone en duda buena parte de esta estructura de negocio. Y aunque la metanfetamina sigue siendo un pilar, otras drogas sintéticas continúan emergiendo y evolucionando.

“En la medida en que también puedan fabricar otros opioides sintéticos que cada vez se detectan más en el suministro en Estados Unidos y Canadá, como los nitazenos o sustancias utilizadas en medicina veterinaria como la medetomidina, esto será importante para el futuro de la organización”, afirmó Cecilia Farfán-Méndez, jefa del Observatorio de América del Norte de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.

El mercado, en otras palabras, sigue siendo dinámico, lo que sugiere que quien emerja de las casi inevitables disputas internas tras la muerte de El Mencho deberá combinar poder militar con una fuerte capacidad empresarial.

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Este trabajo fue realizado por InSight Crime. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.