La deforestación, asolvamiento y sobreexplotación de los cuerpos de agua en Mazatlán han llevado a que el estero La Escopama, uno de los hábitats del sapito pinto de Mazatlán al norte de la mancha urbana de la ciudad, se encuentre en un fuerte estado de deterioro.
Desde el 2003, la investigadora Raquel Briseño advertía que la explotación intensiva de las cuencas en La Escopama, así como el desarrollo inmobiliario desregulado, ponía en peligro los servicios ecosistémicos del estero. Hoy, de acuerdo con Sandra Guido, directora ejecutiva de Conselva, Costas y Comunidades A.C., estos servicios se encuentran gravemente disminuidos por factores asociados a la actividad humana que amenazan con convertir La Escopama en una “laguna seca”.
La relevancia de este sistema de humedales ha sido crucial para la fauna local, albergando especies endémicas, además de ser sitio de recepción de aves migratorias. Cuando la boca del estero se abre hacia el mar, libera grandes cantidades de nutrientes que favorecen el crecimiento poblacional de jaibas, camarones y ostiones, cruciales para la actividad pesquera de Mazatlán.
Entre las especies que habitan el estero de La Escopama están el Abaniquillo Pañuelo del Pacífico, Lagartija Espinosa de Nelson, Casquito de Burro, y el Sapito Pinto de Mazatlán, todas especies endémicas de México.
Sandra Guido explicó a ESPEJO que La Escopama se encuentra al borde de convertirse en una laguna seca por una combinación de factores. Entre ellos, la deforestación, que deja el suelo expuesto y facilita que las lluvias arrastren sedimentos hacia las cuencas, reduciendo su profundidad; la construcción inmobiliaria en la boca del estero, que genera erosión e interrumpe el flujo natural de nutrientes hacia la costa; y la actividad acuícola en la zona, que incrementa la salinidad del cuerpo de agua.
Aunque el sapito pinto de mazatlán (incilius mazatlenensis), tiene un amplio hábitat en la costa pacífico mexicana y no se encuentra en peligro de extinción por ahora. Lo que sí enfrenta deterioro y amenazas son sus hábitats en el municipio que lo nombra, derivado de la explotación de los cuerpos de agua temporales y permanentes por la actividad acuícola, agrícola y el desarrollo inmobiliario.
El sapito pinto de mazatlán tiene una esperanza de vida de entre 7 y 10 años. Se alimenta de insectos, dando un servicio ecológico como controlador de plagas, aunque su paladar exigente presenta preferencia por hormigas y escarabajos. Suele tener colores marrones y piel verrugosa, siendo sus ojos grandes y saltones la característica más fascinante de su morfología. Debe su nombre a que fue descubierto en Mazatlán, Sinaloa. Como especie endémica, sólo existe naturalmente en México.

Sapito pinto de Mazatlán enfrenta amenazas por degradación de su hábitat en La Escopama
De acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el sapito pinto de Mazatlán está actualmente categorizado como de preocupación menor, sin embargo, señala que la degradación de los ecosistemas por la deforestación de su hábitat para fines de agricultura y acuacultura son una amenaza latente para la especie.

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