La violencia en Sinaloa registra comportamientos intermitentes de baja incidencia en homicidios dolosos y hechos de alto impacto, como el sucedido ayer donde cuatro mujeres fueron asesinadas en El Mercadito, punto encuadrado en el centro de Culiacán, al ser atacadas por un grupo armado.

En lo que no presenta variaciones Sinaloa es en la inseguridad que prevalece desde que el 9 de septiembre de 2024 inició la guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, por la manera en que se mueven libremente los sicarios y la impunidad que reciben al consumar ataques contra personas, inmuebles y patrimonios, no obstante los operativos militares y policiales que realiza el gobierno.

Con el crimen que privó de la vida a cuatro mujeres, Sinaloa afianza su deplorable situación que encabeza la lista de estados con más alto número de feminicidios y la inacción de los aparatos de procuración e impartición de justicia que incita a la delincuencia a incurrir en este tipo de ilícitos sin pagar consecuencias jurídicas por ello.

Llama la atención el hecho de que la movilización de efectivos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías federales, estatales y municipales esté ausente en los lugares en que ocurren este tipo de ataques pese a que se trata de perímetros citadinos que tendrían que estar en la alta prioridad de la seguridad pública.

La violencia, la narcoguerra y la impunidad continúan operando en contrasentido de la esperanza y construcción de paz que ocupa y preocupa a los segmentos pacíficos de la sociedad. La efectividad de la estrategia de seguridad pública vuelve a ser puesta en duda porque los delitos, en este caso el feminicidio, recalcan el desamparo gubernamental a los sinaloenses y sus actividades legítimas.