Apenas abordaban el avión de regreso a la Ciudad de México los integrantes del Gabinete de Seguridad Nacional que ayer estuvieron en Culiacán, cuando el ataque con explosivos a un casino en la capital del estado recalcó el escalamiento de la violencia a niveles de terrorismo en un sector urbano que un día antes fue escenario de tres homicidios dolosos.
Qué institución que participa en los operativos para pacificar a Sinaloa podrá explicar que en la zona de alta incidencia delictiva que es el Desarrollo Urbano Tres Ríos hayan ocurrido, en pocas horas y a unos metros de distancia, dos atentados que delatan el descuido de la vigilancia en un perímetro en que actúa con frecuencia la delincuencia.
Los secretarios federales de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch; de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, y de la Marina, Raymundo Pedro Morales, afirmaron estar a cargo de la tarea de recuoeración de paz en Sinaloa y presentaron el informe de resultados, a la vez que las organizaciones criminales estamparon de nuevo su rastro de barbarie.
En la madrugada del domingo tres personas fueron asesinadas dentro de una plaza comercial y ayer por la tarde el ataque con explosivos al casino dejó a una mujer sin vida, dos heridos y 40 evacuados, todo en la zona del Tres Ríos y sin el seguimiento a la elemental seguridad que debe proporcionarse después de que ocurrió el primer hecho violento.
La estrategia contra la narcoguerra debe ir más allá de la visita de altos funcionarios de seguridad pública que traen recuentos que insisten en que va bien la estrategia anticrimen y la realidad opera en sentido opuesto. Culiacán fue otra vez ayer la evidencia de que las cuentas del gobierno no logran tranquilizar a los sinaloenses, y la cruenta acción delictiva sí consigue intimidar y aterrorizar a la población en general.

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