Abona algo a la estabilidad de Sinaloa la reunión que la gobernadora interina, Yeraldine Bonilla, sostuvo ayer con las alcaldesas y alcaldes, después de que Rubén Rocha Moya solicitara permiso para separarse temporalmente del cargo de gobernador y el impacto que esto tuvo en los municipios.

El estremecimiento en la cúspide de la estructura del poder público estatal ocasionó bucles de inestabilidad en los ayuntamientos, sobre todo en lo relacionado con la obra pública proyectada para concretarse este año y programas de apoyo a comunidades marginadas que no admiten demoras porque profundizan los rezagos.

La gobernadora refrendó la continuación de las acciones calendarizadas no sólo en infraestructura urbana sino tambien en repaldo de la seguridad pública, programas sociales, eliminando así la preocupación de las y los ediles que veían venir el replanteamiento de la inversión pública y las prioridades por el hecho de que Rocha se ausente del cargo.

La parálisis o ralentización de Sinaloa en lo económico y social es lo que menos conviene en el contexo de complicaciones de índole gubernamental, lo cual espolea a las instituciones y ciudadanos a que unan fuerzas y estrechen lazos en favor de la gobernabilidad que es condición indispensable para el bienestar común.

Los sinaloenses debemos colaborar sin distingos para que continúe el curso normal del estado, por encima de diferencias o ciclos políticos que comprometan lo fundamental. La Gobernadora interina traza rutas en ese sentido y define temas que más importan sin dejarle lugar ni tiempo a descuidos y apatias que  compliquen más las de por sí devastadoras crisis que aquejan a Sinaloa.