En una sala de la Fiscalía General del Estado, este sábado se realizó el conversatorio “Escuchar para comprender”, convocado por los colectivos Sabuesos Guerreras y ¿Dónde Están?, un ejercicio inusual que reunió a madres, hermanas y familiares de personas desaparecidas con funcionarios encargados de las investigaciones.
“Estamos acostumbradas a llegar a la Fiscalía y pedir que nos reciba la fiscal, a gritar, a señalar los errores que creemos que no deberían suceder. Pero hoy queremos hacer algo diferente”, dijo María Isabel Cruz Bernal, líder de Sabuesos Guerreras
Las madres y familiares de desaparecidos colocaron las mantas con los rostros de sus hijos, sobrinos, nietos y amigos en el piso, frente a la plataforma. Llegaron con libretas, carpetas con apuntes para sentarse frente a las autoridades y hablar desde el dolor, pero con la decisión de intentar construir como generadoras de paz, y no de conflicto.
Frente a frente estaban quienes buscan a sus hijos, hermanos y esposos desde hace años, y quienes desde el aparato institucional tienen la responsabilidad de encontrarlos.
“Solo queremos apelar a la empatía, que escuchen un poquito, que podamos llegar a algunos acuerdos para que este pesar no sea tan difícil en este camino”, siguió.
“Nacimos desde el dolor”
María Isabel tomó la palabra para explicar por qué estaban ahí.
Recordó que Sabuesos Guerreras nació en 2017 y está conformado principalmente por madres, hermanas y familiares que buscan a sus desaparecidos en Sinaloa.
“Nacimos desde el dolor, pero también desde la determinación de no quedarnos inmóviles ante la ausencia”.
Describió lo que han aprendido a hacer solas, sin apoyo del gobierno. Se han hecho expertas en rastrear terrenos, identificar indicios, tocar puertas, orientar jurídicamente a otras familias y acompañarlas en los primeros pasos de una desaparición. “Somos mujeres que aprendimos a leer la tierra”, dijo.
Insistió en que el conversatorio no era un acto protocolario. “Es un llamado a la sensibilidad, a la corresponsabilidad y al compromiso institucional”.
Entonces comenzaron los testimonios.
Una a una, las mujeres del pleno fueron respondiendo preguntas. La primera: ¿Quiénes eran antes de la desaparición?
Una joven, cuyo hermano desapareció en noviembre de 2024, tomó el micrófono.
“¿Quién soy? ¿En qué me he convertido?”, se preguntó a sí misma como pensando en voz alta.
“Antes era una hermana feliz. Miraba a mi hermano todos los días. Sabía que lo iba a encontrar en la calle o que iba a regresar a casa. Soy una hermana buscadora que se unió a un colectivo para buscar en campo. Me dedico a buscar a mi hermano y a trabajar en mi tiempo libre”.
Luego explicó lo que la desaparición hizo con ella. Comentó que la pérdida de su hermano Jesús, quien fue su único apoyo emocional tras la muerte de su madre, le provocó la necesidad de recibir tratamiento psiquiátrico. Ahora soporta la carga de no saber qué pasó con
“No sé qué decirle a su hija”
Otra participante, Marisol, habló de su hermano desaparecido hace seis meses. Dijo que no estaba ahí para buscar culpables. “No estoy aquí para señalar. Lo único que quiero es encontrarlo”.
Lo describió como padre, hermano, hijo, tío. Pero al llegar a hablar de la hija pequeña que dejó, no puede evitar que se le quiebre la voz.
“Mi hermano dejó una bebé. Ya no sé qué decirle a su hija Ya no sé qué inventarle porque todos los días pregunta por su papá, todos los días pide respuestas y ya no sé qué más decir”.
Candelaria, madre de Alfonso Alberto Palazuelos, desaparecido desde 2020, habló sobre lo reciente que se sentía la herida de haber perdido a su hijo, pese a que se acumulen lo años desde su ausencia.
“Para muchos pueden decir ah ‘ya tiene mucho’, pero para mí, haz de cuenta como si hubiera sido ayer”, dijo.
Contó que es ama de casa. Su hijo era el único varón, el centro emocional de la familia, un joven con estudios truncados y proyectos pendientes. “Nunca pensé cambiar mi zapatilla de casa por una bota de campo, de rastro”.
“Soy rastreadora. Tengo seis años buscando a mi hijo. No vengo a reclamarles sus errores. Vengo a concientizarlos de lo que necesitamos para seguir adelante en las búsquedas. Quiero tocarles el corazón. Yo no deseo que a ninguno de ustedes les pase esto, pero quiero tocarles el corazón para que vean nuestras necesidades”, les dijo a los funcionarios.
“El peor de los casos no es la muerte”
Cuando Candelaria narró cómo se enteró de la desaparición de su hijo, la sala quedó en absoluto silencio. Recordó que se preparaban para el 14 de febrero cuando una de sus hijas llegó con la noticia.
-“Mamá, a mi hermano se lo robaron”.
Dijo que en ese instante cayó “en un hoyo profundo sin salida”.
Describió la parálisis, el miedo, y las preguntas que inmediatamente se le llegaron a la mente: “¿A quién llamo? ¿Con quién hablo? ¿Qué pasa si denuncio? ¿Van a venir a amenazarnos, a caer en la casa? Todo es miedo”
Explicó lo que pasaba por su mente tras la desaparición. Descubrió que sí podía haber algo peor que saber que un hijo fue asesinado.
“Pensé que al día siguiente aparecería golpeado. Incluso muerto. Pero entendí que ese no es el peor de los casos. El peor de los casos es saber que está desaparecido”.
Otra madre habló de su hijo de 22 años, un joven con condición de autismo.
Lo describió como emprendedor, lleno de planes, con la intención de abrir un negocio. Dijo que cada búsqueda termina con el corazón roto cuando no encuentran respuestas de su paradero.
Lo que las madres pidieron
Las madres pidieron humanidad. Pidieron funcionarios capaces de mirar más allá de una carpeta de investigación, que cuando lleguen a una oficina no tengan que explicar desde cero por qué siguen buscando. Solicitaron acompañamiento real en las búsquedas, más recursos, seguimiento y sensibilidad.

Desde la primera fila, la fiscal Zulema Sánchez Kondo presenció los relatos de madres buscadoras que compartieron el dolor de la desaparición de sus familiares.
Hicieron reiterados señalamientos de que los agentes de la fiscalía suelen ser indolentes, incluso sarcásticos, cuando las atienden. Que no reciben las pruebas que presentan, y que suelen tener un comportamiento grosero en general. Una miembro del colectivo, de nombre Esperanza, no se contuvo de lanzar un comentario desde el público:
“Que no nada más estén tomando café con galletas. Es su trabajo, y todos tenemos derecho de ser atendidas”.
También manifestaron su percepción de que las autoridades le dan prioridad indebida a casos mediáticos de desaparición. Mencionaron el caso de youtubers y políticos que, cuando sufren la privación ilegal de la libertad, su caso no encuentra ninguna trabaja y la busqueda comienza en cuestión de horas. Esperarían que esta presteza se notara con todas las víctimas de desaparición.
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