Culiacán.- El conteo regresivo anunciaba que solo faltaban 14 minutos para que la tambora de la Banda MS terminara con la espera de las miles de personas ansiosas por verlos en el estadio de los Dorados, un recinto que permanecía sin actividad desde que el equipo de futbol dejó Culiacán en diciembre de 2024 a causa de la violencia que se vive en Sinaloa.

Para muchos, el ánimo había comenzado desde que hicieron una larga fila para obtener sus boletos.

Una fila que, desde las 9:00 de la mañana, comenzó a tomar forma y a ocupar los espacios del Ayuntamiento de Culiacán, anfitrión del evento.

Este concierto se presentaba como una celebración en conmemoración del Día de las Madres para las culiacanenses y habitantes de zonas aledañas a la capital sinaloense.

Sin embargo, también funcionaba como una especie de plan de reserva para los 6 millones de pesos que ya habían sido invertidos; un gasto realizado hace poco menos de dos años.

La presencia de la Banda MS en Culiacán debía convertirse en uno de los recuerdos alegres de 2024, cuando el evento formaba parte de la agenda municipal para lo que se especulaba sería el aniversario de la ciudad.

Pero el estallido de la guerra interna entre los cárteles de Sinaloa, cuya fecha de inicio suele ubicarse el 9 de septiembre de 2024, apagó las luces y obligó a posponer el evento.

Ahora, en mayo de 2026, finalmente ocurría.

Pero no porque la violencia hubiera acabado.

La seguridad alrededor del estadio de los Dorados se veía reforzada: elementos del Ejército, policías estatales y municipales rodeaban el área, alineaban el tráfico y vigilaban los accesos.

Afuera del estadio, los rifles tenían tanta presencia como los sombreros texanos.

Tanto al abrir como al cerrar el concierto, la presencia del grupo interinstitucional era alta.

La gente cantaba, se abrazaba o movía con brusquedad un brazo al ritmo de la música. Una señal muy característica de la banda para expresar cuánto se disfruta.

Las luces que nacían desde el escenario recorrían todo el estadio de los Dorados, iluminando por segundos los rostros de miles de personas que levantaban sus teléfonos para grabar su canción favorita.

Había pasado poco tiempo desde que los conciertos volvieron a ser parte de Culiacán. Sin embargo, solo uno de los alrededor de cinco conciertos que se habían realizado en la capital de Sinaloa en 2026 no había sido patrocinado por el Gobierno Municipal o Estatal.

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En otro contexto. En otra versión de Culiacán.

E incluso, en otro gobierno.

El propio anfitrión, el Ayuntamiento de Culiacán, tenía otro rostro: el rostro de Ana Miriam Ramos Villarreal, la nueva alcaldesa interina de la ciudad.

La tercera mujer en ocupar el cargo.

Pero la primera en lograr superar una semana en él.

Esto, luego de que el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gamez Mendivil,  -bajo cuya administración se anunciaron ambas versiones de este evento, la de 2024 y la de 2026- pidiera licencia para separarse de su cargo por un periodo mayor a 10 días.

Todo después de que se hicieran públicos los señalamientos realizados en su contra por el Gobierno del Estado de Sinaloa, donde se le acusa de tener nexos con el Cártel de Sinaloa.

“Tenemos que hacer el control del acceso porque sabemos que va a haber una gran expectativa, una gran afluencia e intención de asistir a este evento. Entonces, queremos que sea algo ordenado, que sea digno de este gran festejo”.

Fue lo que una vez comentó el alcalde con licencia, Juan de Dios Gámez, cuando adelantó parte de los eventos que el gobierno municipal tenía proyectados para el estadio de los Dorados, que permanecía en desuso desde que el equipo dejó Sinaloa a finales de 2024.

Antes de que la banda pisara el escenario, ya se había mencionado dos veces al Gobierno del Estado y al Ayuntamiento de Culiacán.

Se había realizado un trabajo en conjunto para que traer, nuevamente, a la Banda MS fuera una realidad.

Pero no se sentía así.

No se sentía como un evento municipal o estatal.

No había rastros del evento que, en algún momento y previo a las acusaciones, se pensó como el impulso que Gámez Mendívil quería para una nueva campaña política en busca de otro puesto dentro del gobierno sinaloense.

De hecho, ni el nombre de la presidenta interina ni el del alcalde con licencia fueron mencionados durante el evento.

Fue un concierto del que la gente se apropió.

Que disfrutó. Que bailó cuando el ritmo se aceleró y cantó cuando el desamor se apoderó del ambiente.

Más ajeno a todo lo que lo había hecho posible.

Por unas horas, Culiacán volvió a actuar como si nada hubiera pasado.

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