Culiacán, Sinaloa.- Mucho se ha hablado de los hipopótamos de Pablo Escobar en Colombia, convertidos hoy en uno de los ejemplos más visibles de especies de fauna invasoras en el mundo. Pero no debemos irnos lejos, aquí en Sinaloa también se vive un fenómeno similar, en el que distintas especies invasoras han desplazado a las nativas de la región.
Se trata de algunas especies que ya forman parte del paisaje cotidiano y que se han normalizado verlas en nuestro entorno, como las cachoras o besuconas que suelen caminar sobre las paredes de las casas, los pichones que abundan en parques, cables y techos, y hasta las menos visibles como el pez diablo que habita en los tres ríos de Culiacán.
De acuerdo con especialistas, el problema radica en que, mientras estos animales crecen y se reproducen, las nativas van perdiendo su espacio y alimento para sobrevivir, generando un desequilibrio en los ecosistemas.
Además, algunas traen consigo parásitos y bacterias que pueden transmitirse a otras especies poniéndolas en riesgo.
“Son pues esa es la competencia desleal al tener más variabilidad de alimentos, se reproducen en mayores cantidades y es ahí donde empiezan a desplazar a los de aquí y se van instalando ellos como los dueños de todo el territorio, así funcionan las especies invasoras”, dijo el biólogo Humberto Gurrola, quien realizó una investigación sobre la cotorra argentina en Culiacán, una especie invasora.
Pez diablo

Lo que comenzó como un pez de pecera hoy forma parte de los ríos de Culiacán. Foto: ESPEJO
Un ejemplo directo de esta invasión de especies exóticas es el pez diablo, un pez originario de Sudamérica, que de acuerdo estudios de especialistas, ya se ha establecido en los ríos de Culiacán, provocando el desplazamiento de otras especies.
La biomédica Ileana Ibed Velarde explicó que, durante una serie de muestreos que se realizaron en los ríos Humaya, Tamazula y Culiacán, la presencia de esta especie fue dominante.
“Nos dimos cuenta al momento del muestreo que el río estaba lleno de pez diablo. De los lances de atarraya, que hacíamos del 80 al 90% pertenecían a este pez exótico, y fue cuando nos dimos cuenta que es un problema grave que está afectando al ecosistema acuático de Culiacán”, contó a Espejo.
Detalló que este pez, conocido también como “chupa vidrios”, habría llegado a los ríos tras haber sido liberado por las personas que lo mantenían en peceras y, al crecer, ya no pudieron seguir cuidándolo.
Al llegar a los ríos, por ser una especie que puede sobrevivir en ambientes muy adversos, logró reproducirse y expandirse con facilidad.
“El pez diablo estaba ocasionando un desequilibrio en los ambientes acuáticos del sistema, afectando la ictiofauna nativa, afectando a los peces que realmente deberían estar ahí dentro de los ríos”, dijo.
Ante ello, dijo que es urgente implementar acciones para controlar su población y que esta no siga creciendo, ya que además de desplazar especies nativas, el pez diablo también puede alimentarse de sus huevecillos, afectando su reproducción.

Foto: Semarnat
Langosta de quelas rojas

Foto: tomada del estudio “Primer registro de poblaciones silvestres de Cherax quadricarinatus (Decapoda: Parastacidae) en Sinaloa, México”, publicado en SciELO México.
Otro caso que se ha identificado en la región es el langostino de quelas rojas australiano (Cherax quadricarinatus), una especie originaria del norte de Australia, cuya gran capacidad de adaptación y crecimiento rápido le ha permitido sobrevivir en diversos ambientes fuera de su hábitat natural.
El estudio “Primer registro de poblaciones silvestres de Cherax quadricarinatus (Decapoda: Parastacidae) en Sinaloa, México”, publicado en SciELO México, indica que la langosta de quelas rojas fue introducida en 1995 con fines de investigación en la Ciudad de México y Yucatán. Posteriormente, ejemplares de estas especies fueron trasladados a otros estados del país, lo que facilitó su dispersión.
Como parte de la investigación, se lograron recolectar 12 ejemplares en distintos puntos de Culiacán y Navolato como la presa derivadora, San Pedro y Sataya, “representando el primer registro en el estado de Sinaloa de dicha especie en condiciones silvestres”.
Este hallazgo es una señal de alerta, según los autores, pues las especies invasoras representan una de las amenazas más importantes para la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos.
Tilapia

Imagen tomada de EncicloVida, plataforma de la CONABIO.
En Sinaloa, la tilapia es una de las principales fuentes de alimentación. Sin embargo, no es una especie endémica, sino que fue introducida a México en 1964 para su producción y consumo humano.
Si bien, es un alimento con un alto contenido nutricional, no deja ser una especie extranjera que tiene un impacto en la biodiversidad porque desplaza y depreda a especies nativas.
“Afectó a la mojarra de aquí, no vemos mojarra nativa de aquí, es una mojarra verde, bonita, se ve pero muy muy escasa, entonces no hay. Yo tengo identificada una población en Badiraguato, ya muy escondidilla entre los arroyos, pero aquí en el río Tamazula, Humaya y Culiacán difícilmente vamos a sacar una mojarra nativa”, dijo el biólogo Humberto Gurrola.
Cotorra Argentina
Pero el problema no se limita a los ecosistemas acuáticos, también en la ciudad hay especies que, sin que muchos lo noten, han ganado espacio, como es el caso de la cotorra argentina o perico monje.

Fuente: Estudio “Registros de la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) en Culiacán, Sinaloa”.
El biólogo Humberto Gurrola, quien realizó una investigación sobre esta especie en Culiacán, explicó que su presencia pasó de ser aislada a formar colonias establecidas. Actualmente se han tenido avistamientos en el Jardín Botánico, en Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma de Sinaloa, así como en el Club Campestre Chapultepec.
“Generalmente lo vemos en ciudades, pero, ojo, también pasa al medio silvestre, y ahí es donde es peligroso para los psitácidos nativos porque compite de manera desleal con ellos”, mencionó.
Detalló que esta especie llegó a México a través del comercio, ya que, tras la prohibición de la venta de pericos y guacamayas nativos, comenzó la importación de especies extranjeras, mismas que en algún momento pudieron ser liberadas por los compradores.
Advirtió que, si su población continúa creciendo, podrían desplazarse hacia zonas silvestres, donde competirían directamente con aves nativas por alimento y espacio.
De acuerdo con información del Instituto de Ecología A.C, la cotorra monje puede ser transmisora de enfermedades, lo que representa un riesgo para otras especies y, en algunos casos, incluso para las personas.
Actualmente, se tiene presencia de esta especie en distintos estados del país.

Instituto de Ecología A.C
Pichón
Además de la cotorra argentina, en Culiacán hay otras aves que, aunque ya son comunes, también son especies introducidas.
Uno de los ejemplos más visibles es el pichón o paloma doméstica (Columba livia), originaria de Europa, Asia occidental y el norte de África, que hoy se encuentra en toda la ciudad.
“Son extranjeros, los pichones provienen de Europa, Asia occidental y norte de África. En su momento los trajeron como palomas mensajeras, como de ornato y así, no fue por el comercio porque eso es desde 1900 a principios de 1900 son cuando fueron introducidos por acá”, dijo el biólogo Gurrola.
Actualmente, estas aves se observan en grandes cantidades en puentes, edificios, cables y espacios públicos.
Otras especies invasoras
El especialista agregó que en Sinaloa también hay presencia de otras especies introducidas que ya forman parte del entorno, como la rana toro, la tortuga de orejas rojas y la cachora besucona o gecko doméstico.
“Tenemos el gecko, esa cachorita que canta en su casa es exótica. La vemos tan normal, pero, es totalmente exótica y desplazó a muchos reptiles que tenían afinidad aquí de casa”, dijo.
Advirtió que, mientras no existan medidas más claras para su control, las especies invasoras continuarán expandiéndose y afectando a la fauna nativa.

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