Mazatlán, Sinaloa.- Todos llegan con algo en las manos. Algunos aprietan el recibo doblado entre los dedos. Otros sostienen el celular como si fuera evidencia de un delito. Hay quienes levantan las evidencias buscando que alguien más confirme que sí, que no están exagerando, que esos números son reales.

En la zona de cajeros de la Comisión Federal de Electricidad apenas se puede caminar. La gente se arremolina antes de pasar al área de reclamos, donde las discusiones subirán de tono y la paciencia estará a punto de romperse.

Los recibos verdes y blancos aparecen por todos lados. Los agitan, los enseñan, los comparan entre ellos. Algunos traen cifras de cuatro mil pesos. Otros de siete, nueve o hasta 13 mil. Y entre el murmullo que crece poco a poco, una consigna se prende:

“¡Solución, solución…!”

Otros ni siquiera imprimieron el recibo. Sacan el teléfono celular y muestran la pantalla iluminada con el monto que les llegó. Ahí está el cobro. Ahí está el exceso. Ahí está, dicen ellos, el abuso.

En medio de la multitud aparece una cartulina blanca levantada por encima de las cabezas:

“No chinguen CFE y gobierno, qué robo, traición y mentira tan descarados le dan al pueblo que creyó en ustedes (sic)…”

COLONIAS

 

Desde el fin de semana las redes sociales venían calentándose con mensajes de inconformidad. Capturas de pantalla de recibos impagables. Convocatorias improvisadas. Comentarios de usuarios que aseguraban no poder cubrir el servicio. La protesta comenzó a organizarse.

Y aquí está, este lunes.

Son alrededor de 40 o 50 personas. La mayoría llegó poco después de las 8:00 de la mañana. Vienen de colonias como Flores Magón, Zapata, Praderas, Rincón de Urías y Santa Teresa. Algunos cargan mochilas.

Intentan ponerse de acuerdo, pero el coraje se atraviesa. A veces cinco o seis hablan al mismo tiempo

Dicen que sí, que tienen aire acondicionado en sus casas, pero insisten en que en Mazatlán el clima ya no deja opción. El calor pega desde temprano y se encierra por las noches en las paredes de concreto. Tener un minisplit, aseguran, dejó de ser un lujo hace mucho tiempo.

VOCES Y CORAJES

 

Cada quien llega con su propia historia. Con su propia cifra. Con una indignación distinta.

Una mujer de Santa Teresa sostiene el recibo en una mano:

Me llega un recibo excesivo de luz que yo ya no puedo pagar: 29 mil 800 pesos. He venido aquí, he querido una solución y no me han arreglado nada. Estamos en todo nuestro derecho. Somos humanos, trabajamos para sobrevivir, para comer. Queremos pagar, pero no excesivo”, indica.

A unos metros, Zoe, vecina de Pradera 6, muestra en el celular y el recibo impreso:

“Ahorita me recibo es de 8 mil 300 pesos y aparte me aparece la lectura que ya tengo que pagar reconexión. Yo pagaba 2 mil pesos”, dice.

Elena, de Rincón de Urías, lleva varios recibos guardados. Los saca uno por uno y los pone frente a quien quiera mirar.

“Aquí traigo todos los recibos. Este de 3 mil 500 que es el anterior y en el actual me llega en 5 mil 600. Es el salario de una quincena más o menos. No es tanto el cobro que me están haciendo, no es un buen servicio porque hay apagones constantes en mi colonia. Yo ya he perdido electrodomésticos por los apagones. Yo siempre he pagado, aunque llegue alto el recibo. Nosotros vamos y pagamos, no nos manifestamos. Por eso siento que estamos así. Y si no vengo hoy, mañana me va a llegar el triple”, dice.

Los reclamos siguen acumulándose. Hay amas de casa, jubilados, empleados, comerciantes. Algunos aseguran que nunca se habían manifestado.

EL HOMBRE

 

El hombre de la CFE sale e intenta responder preguntas mientras las voces lo cercan desde distintos lados.

Apenas empieza a explicar un caso cuando otro usuario lo interrumpe. Luego otro más. Después tres personas hablan encima de él al mismo tiempo.

El hombre busca mantener la calma. Repite que él no fija las tarifas, que él no aumentó los cobros, que no tiene facultades para modificar los recibos. Que todo viene de Hermosillo.

Finalmente propone una salida provisional: hacer una lista con los nombres de quienes se manifiestan para evitar cortes inmediatos del servicio. Eso es lo único que puede ofrecer.

Afuera, sobre la banqueta, policías municipales conversan con una empleada de la CFE. Ella les pide mantenerse atentos en caso de que haya desmanes. Los agentes observan a distancia. Dicen que, por ahora, solamente hacen acto de presencia. Intervendrán únicamente si hay daños al edificio.

Mientras tanto, adentro, las hojas en blanco comienzan a circular de mano en mano. La gente se anota. Algunos escriben rápido. Otros preguntan si realmente servirá de algo.

PROFECO

 

A varias cuadras de ahí, ya en el Centro de Mazatlán, otro grupo comienza a entrar a las oficinas de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco).

Son alrededor de 30 personas más.

También traen recibos.

También vienen molestos.

Carlos García y Dulce Flores encabezan el contingente. Explican que la inconformidad no se limita a Mazatlán y que en El Rosario hay más personas afectadas que no pudieron trasladarse.

Dulce asegura que desde el viernes pasado comenzaron las protestas en las instalaciones de la CFE de aquel municipio.

Carlos cuenta incluso el caso de una vivienda en la comunidad de El Pozole que permanece deshabitada y aun así recibió un cobro de 23 mil pesos. Insiste en que las movilizaciones han sido pacíficas hasta ahora, aunque advierte que el enojo sigue creciendo.

“Queremos solución más que nada. Que se solucione este problema. La verdad que somos gente que trabajamos y tenemos el sueldo mínimo. Ya no sabemos si pagar la luz o comprar alimento para nuestros hijos. Esto no es justo, estamos molestos”, indica Carlos García.

Dulce Flores explica que todo comenzó a crecer en redes sociales, donde usuarios empezaron a compartir montos elevados y a convocarse entre ellos. Vienen a poner una queja ante la Profeco.

En su caso, asegura que el nuevo recibo llegó con un incremento de 4 mil pesos respecto al anterior.

Se piensa bloquear CFE para que no entren los trabajadores. Y la termoeléctrica que está a la entrada de El Rosario. Acordamos que el recibo no se va a pagar”.

Es una réplica de lo que hace días pasó en Culiacán. El enfado se ha extendido al sur de Sinaloa. El calor sobre el asfalto es un callejón sin salida. Y un callejón sin salida, a veces, es un recibo que envía a casa la Comisión Federal de Electricidad.