Mazatlán, Sinaloa.- A David Segura la guerra entre Mayos y Chapos le ha bajado la cortina de dos negocios. Antes de septiembre de 2024 tenía cuatro restaurantes-bar en distintos puntos de Mazatlán. Hoy solo le quedan dos.

El tercero se mantiene abierto gracias a una batalla diaria contra las cuentas por pagar, las rentas y una clientela que ya no llega con la misma frecuencia. Cada quincena es una nueva trinchera. David está en medio de dos guerras: la de afuera y la de sus finanzas.

David resume en una frase casi dos años de desgaste empresarial:

“Nosotros teníamos cuatro unidades y ahorita solo quedamos con dos. Estamos echándole ganillas, luchando contra todo”.

No necesita pensar mucho cuando se le pregunta cuándo comenzó el deterioro. La fecha está marcada con claridad en su memoria. Lo que no sabe es cuándo terminará.

“Desde que empezó la violencia. Ya vamos para dos años, creo. He tenido muchos meses de que en vez de que el negocio dé hay que estar poniendo dinero para pagar la renta, los gastos, el seguro social”.

La violencia vino primero como una sombra sobre la vida nocturna del puerto. Los restaurantes-bares, antros y centros de convivencia fueron los primeros en resentirla.

Después, explica David, el problema vagó por calles, colonias, abarrotes, tiendas y sectores completos de la economía mazatleca.

Desde los pulmoneros que recorren el malecón hasta los desarrolladores inmobiliarios. Desde hoteleros hasta los meseros que dependen de las propinas para completar el gasto familiar.

Las cifras y los testimonios dibujan el mismo paisaje.

PIOJILLO

Verónica Estrada Osuna, presidenta de Coparmex Mazatlán, dijo hace días que el puerto sobrevive prácticamente con tres días de turismo.

Francisca Cázares Oliveros, presidenta de la Canaco, ha dicho que el “piojillo” volvió a instalarse en la economía local.

Hoteles con buena ocupación de viernes a domingo, y una actividad mucho más débil el resto de la semana.

Coparmex Sinaloa ha reportado la pérdida de 54 mil empleos formales durante el periodo de violencia que vive la entidad.

Para David, esos números tienen rostros concretos. Son empleados a los que tuvo que despedir.

También son negocios conocidos que desaparecieron del mapa comercial del puerto. Menciona establecimientos como Mona Pizza, en sus sucursales de La Marina y Centro. El Wings Army, en Zona Dorada y Laguna. Cotorritos, en Olas Altas.

“No puedes creer que estén cerrados. Los establecimientos eran rentables y ahorita luchamos por estar en el punto de equilibrio”.

CRÉDITOS

En medio de ese panorama, el empresario tampoco encuentra atractivo en los créditos que el gobierno ofrece como apoyo. El pasado 22 de mayo se anunció una bolsa de 36 millones de pesos para empresarios afectados, recursos aportados por el Gobierno estatal. Pero David descarta la posibilidad de solicitarlos.

Yo no he trabajado con créditos porque por lo general son tasas muy parecidas a las de los bancos. No le veo caso. Resultan la mayoría de las veces muy onerosos”.

En los dos negocios que mantiene abiertos los números no pintan bien. Las ventas han caído, sin exagerar, un 70 por ciento.

NO PASA NADA

Lo que más le preocupa no son únicamente los balances financieros. Es la sensación de que la realidad que viven cientos de empresarios no encuentra eco en el discurso oficial.

“Es una lástima que el gobierno niegue las cosas. ‘No pasa nada…’ Es desalentador que no obstante lo que pasa se niega la situación. No niego que haya establecimientos que se mantienen bien, seguramente las ventas les han bajado, pero sí podríamos decir que se trata de excepciones”.

Mientras habla, David describe dos guerras distintas que en realidad son la misma. Una ocurre en las calles y se mide en hechos de violencia, incertidumbre y miedo. La otra se libra detrás de las cajas registradoras, en los estados de cuenta y en las nóminas que cada quincena deben pagarse.

En ambas, los empresarios han terminado convertidos en combatientes involuntarios. Y desde esa doble trinchera lanza una frase que suena menos a queja que a agotamiento: “Desgraciadamente no se ve para cuándo acabe esto…”.

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