La jornada violenta de ayer en Sinaloa, con saldo de al menos seis homicidios dolosos y un niño herido por bala y otro menor de edad asesinado, impacta en la expectativa ciudadana que no ve que los gobiernos federal y estatal logren recuperar la seguridad y estabilidad después de casi dos años de choques entre criminales.

La tumultuosa presencia militar con la permanente suma de efectivos y grupos élite del Ejército, Marina y Guardia Nacional al parecer aún resulta insuficiente para proteger la vida de la poblacion pacífica y restablecer las actividades legítimas que le repongan a Sinaloa condiciones adecuadas para implementar la estrategia de recuperación posguerra.

Con días de baja intensidad de la narcoguerra que se alternan con hechos de alto impacto como el del niño de ocho años de edad que resultó herido por esquirlas de bala en un intento de robo de vehículo registrado en la avenida Álvaro Obregón de Culiacán, la prolongada espera a que regresen la paz y gobernabilidad sólo recibe señales de más atrocidades.

También la pérdida de la vida de un menor de edad, que fue asesinado frente a su domicilio en la colonia Los Girasoles de la capital del estado, refrenda la escalada contra el sector de la población que tendría a su cargo la responsabilidad de encabezar el propósito de paz positiva a largo plazo y con la mentalidad de construir certidumbres y estabilidades.

Sinaloa prosigue en los tiempos malos que desde septiembre de 2024 proceden a devastar el esfuerzo colectivo a favor de la seguridad, humanismo y desarrollo como pisos firmes del mejor futuro posible. La pugna criminal no da treguas y las instituciones de protección a los ciudadanos tardan en establecerse por encima de las muchas crisis que precisamente emanan del predominio del crimen por encima del Estado.