La inflación en México continúa mostrando señales de moderación. Durante la primera quincena de junio de 2026, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una disminución quincenal de 0.11%, lo que permitió que la inflación anual descendiera a 3.55%, su nivel más bajo para una primera quincena de junio desde 2019 y muy por debajo del 4.51% observado en el mismo periodo del año pasado.
El resultado representa una noticia alentadora para la economía mexicana, ya que acerca la inflación al objetivo permanente del Banco de México de 3%, con un margen de variación de un punto porcentual. Sin embargo, detrás de la cifra general persisten presiones que muestran que el proceso de estabilización de los precios aún no ha concluido.
El principal factor que favoreció la disminución de la inflación fue el comportamiento del componente no subyacente, que incluye productos con precios más volátiles, principalmente alimentos frescos y energéticos. Este rubro registró una caída quincenal de 1.14%, impulsada por una reducción de 5.24% en los precios de frutas y verduras. En contraste, el componente subyacente) considerado el mejor indicador de la tendencia inflacionaria de largo plazo (aumentó 0.19% en la quincena y alcanzó una tasa anual de 4.12%, reflejando que las presiones de fondo permanecen presentes.
Entre los productos que más contribuyeron a disminuir la inflación destacó el jitomate, cuyo precio cayó 23.98% en la quincena. También bajaron el huevo, el chile poblano, el chile serrano, las uvas y los plátanos, lo que permitió aliviar parcialmente el gasto de las familias mexicanas en alimentos básicos. Estas reducciones compensaron los incrementos registrados en otros productos como el aguacate, que aumentó 18.51%; el transporte aéreo, con un alza de 13.75%; los hoteles y diversos servicios relacionados con el turismo y la alimentación fuera del hogar.
Precisamente los servicios continúan siendo uno de los principales focos de presión inflacionaria. Restaurantes, hoteles, transporte, servicios turísticos, vivienda y otros servicios personales mantienen incrementos superiores a los observados en los bienes, lo que confirma que la inflación ya no se concentra únicamente en los alimentos o la energía, sino también en actividades vinculadas al consumo cotidiano y al mercado laboral.
Desde una perspectiva económica, el comportamiento de la inflación ofrece señales mixtas. Por un lado, la reducción del índice general fortalece las expectativas de estabilidad de precios y mejora el poder adquisitivo de los hogares al disminuir el ritmo de crecimiento del costo de vida. Por otro, la persistencia de una inflación subyacente superior a 4% indica que las presiones estructurales aún no desaparecen, por lo que el Banco de México deberá mantener una postura cautelosa respecto a la política monetaria.
Otro dato relevante es que la Canasta de Consumo Mínimo, integrada por los bienes y servicios esenciales para los hogares, registró una disminución quincenal de 0.37% y una inflación anual de 3.30%, una cifra menor a la inflación general. Esto representa un alivio para las familias de menores ingresos, cuyo gasto se concentra precisamente en estos productos básicos.
Aunque la inflación continúa acercándose al rango objetivo del Banco de México, el comportamiento de los servicios y de algunos bienes esenciales muestra que el proceso de estabilización aún no está plenamente consolidado. Los próximos datos serán determinantes para confirmar si la tendencia de desaceleración se mantiene y abre espacio para una política monetaria menos restrictiva en los meses siguientes.

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