Culiacán, Sinaloa.- Investigar y publicar textos académicos sobre la diversidad sexual y de género todavía implica enfrentar prejuicios y cuestionamientos sobre la importancia de estos temas, coincidieron la investigadora Ana Isabel Sánchez Osuna y el académico Luis Guerrero.
Ana Isabel Sánchez, autora de las tesis “Ser lesbiana en Culiacán, lesbofobia y construcción de identidades” y “Machorra culichi: Emociones-cuerpo de la lesbiandad en Culiacán”, explicó que en los últimos años se han abierto más espacios para desarrollar investigaciones con perspectiva de género y de diversidad sexual, pero aún es común que quienes trabajan estos temas deben justificar su importancia.
Además, dijo que la resistencia dentro de las universidades no ha desaparecido, pues aún hay estudiantes que muestran su desacuerdo cuando en espacios universitarios y académicos se habla sobre la igualdad entre mujeres y hombres.
“Los espacios académicos no están exentos de estas ideas, prejuicios y estereotipos, incluso no solo no están excentos, sino que además, mucho de esta capacidad discursiva, analítica y reflexiva construyen discursos que justifican la discriminación, la violencia, el sexismo”, dijo.
Agregó que visibilizarse como persona LGBT+ dentro de la academia también tiene consecuencias, sin embargo, para sobrevivir a ello, ella ha encontrado apoyo contras académicas y académicos que al igual que ella estudian temas de diversidad sexual y de género.
“Creo que una de las estrategias. Cuando te expones o te visibilizas tanto también tiene efectos, tiene coste social, ser visiblemente LGBT+ tiene coste, ese coste se minimiza colectivizandose, encontrando, dialogando con espacios”, dijo.
Por su parte, Luis Guerrero, director de la Unidad de Atención a la Diversidad Sexual del Centro de Políticas de Género para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (CPGIMH), de la UAS, señaló que las barreras para las personas LGBT+ comienzan desde la formación profesional y continúan durante la carrera académica.
Por ejemplo, explicó, está la cuestión monetaria, pues hay estudiantes que al hacer pública su identidad de género u orientación sexual, pierden el apoyo de sus familiares para continuar sus estudios o se ven obligados a salir de su casa y tener un empleo para costear las clases.
“¿Qué pasa? Se van de casa o se tienen que poner a trabajar y esto limita sobre todo a los acceso a posgrados, idiomas, los congresos, las estancias que son requisitos clave para el conocimiento, para compartir, para obtener, para dialogar sobre temas relevantes que tienen que ver con la diversidad o sobre otros temas”, dijo.
Añadió que el ambiente escolar hostil también tiene un impacto en las trayectorias académicas, ya que la discriminación puede ocasionar abandono escolar, rezago y afectaciones a la salud mental.
En la carrera académica, expresó, se manifiesta otra de las barreras: la escasa visibilidad de docentes, investigadoras e investigadores LGBT+ visibles, lo que dificulta que las y los estudiantes se proyecten en esos espacios.
“Algo que no nos apoya bastante es la invisibilización curricular, los temas de género y diversidad sexual siguen marginados en muchas disciplinas, investigarlos se clasifica como activismo, como romanticismo, y no como una ciencia seria”, mencionó.
Al igual que Sánchez, Guerrero consideró que en los últimos años se han abierto más espacios en la academia y más estudiantes se han interesado en estudiar estos temas, sin embargo, aún persisten obstáculos para que estas líneas de investigaciones sean consideradas como trabajo científico y dejen de ser vistas como activismo.


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