Culiacán, Sinaloa.- Hay esperas tan grandes y largas que no caben en una sala de hospital. Tarde tras tarde, el rostro cansado de decenas de madres, padres, tíos y familiares se observa desde afuera del Hospital Pediátrico de Sinaloa, donde casas de campaña, asientos improvisados y cobijas sobre el camellón dibujan el escenario de una batalla silenciosa de quienes acompañan a un ser querido que lucha contra alguna enfermedad.

En medio de esa rutina, los martes y miércoles aparece un grupo de personas cargando recipientes de comida casera y agua. Bajo una carpa improvisan un comedor donde sirven un plato de alimento caliente para ayudar a las familias a recobrar fuerzas y seguir en el combate. Son los Mandiles Morados, personas voluntarias que buscan apoyar y aliviar, aunque sea un poco, el peso de la espera.

Mandiles Morados es uno de los múltiples proyectos del colectivo Corazón Morado, una agrupación ciudadana que nació hace siete años cuando la familia de Alondra y Jazmín Barrientos buscaba reunir dinero para el tratamiento contra el cáncer de su mamá, y que hoy se ha convertido en una red de apoyo para personas que al igual que su familia, han enfrentado una batalla contra un diagnóstico.

Alondra Barrientos contó a ESPEJO que todo inició cuando a su mamá le diagnosticaron cáncer, y debido al costo del tratamiento tuvieron que vender sus pertenencias y organizar bazares para reunir dinero. Durante el proceso, las personas a su alrededor comenzaron a donarles ropa, calzado y artículos para el hogar que también podían vender para obtener recursos.

En el camino se encontraron con personas que estaban atravesando por situaciones similares, así que comenzaron a compartir las donaciones que recibían, y con el paso del tiempo el proyecto se convirtió en algo permanente para apoyar no solo a familias, también a comunidades de bajos recursos.

“Es un legado que nos dejó mi mamá, lo vemos por ese lado que nos dejó mi mamá, ella falleció hace un año y medio, entonces, también más que nada es por eso, el que Corazón Morado siga es como tener una parte de ella y que mucha gente la conozca que lo que hicimos por ella no haya sido en vano y yo creo que va más que nada por ese lado, el sentir que ella sigue, que permanece en todo lo que nosotros hacemos”, dijo.

Entre sus actividades, el colectivo apoya de manera directa a seis comunidades donde además de entregar donaciones, también imparte talleres escolares a niñas y niños, además mantiene una tienda solidaria con artículos donados y, a través de los Mandiles Morados, entrega alrededor de 200 cenas cada semana a familiares de pacientes del Hospital Pediátrico de Sinaloa.

Fotografía compartida por Corazón Morado

De acuerdo a Alondra Barrientos, desde hace cinco años se entrega cenas a las personas que esperan afuera del hospital. Al principio se hacían comidas prácticas como burritos o tortas, pero debido a que muchas familias pasaban días alimentándose únicamente de ese tipo de comida, decidieron cambiar el menú a algo más casero.

“Fuimos cambiando un poco la estrategia de si íbamos a ir a apoyar pues hacer las cosas bien, poner un poco más de empeño y es lo que hemos estado haciendo”, dijo.

Para solventar muchos de los gastos que realiza el colectivo, cuentan con una tienda de venta de artículos donados en el centro de la ciudad, donde venden ropa, calzado y otros objetos que la ciudadanía les entrega de manera solidaria.

“Nosotros vendemos muchas de las cosas que nos donan porque sino esta causa ya no podría sobrevivir, no somos una fundación, bajamos nuestros propios recursos, el mismo pueblo es el que nos apoya y aporta, entonces sí tenemos que buscar la manera de vender”, dijo.

Explicó que la tienda también funciona como centro de acopio donde reciben las donaciones, y al exterior se encuentra un contenedor de ropa que se entrega directamente a personas en situación vulnerable.

“Lo que vendemos es a bajo costo, son artículos de buena calidad que vas a encontrar y los vas a encontrar muchísimos más baratos que si vas a otros lugares y afuera de nuestra tienda tenemos el contenedor de ropa para personas vulnerables o en situación de calle”, dijo.

Para Alondra Barrientos, el nombre Corazón Morado resume el sentido de todo lo que hacen. Recuerda que su hermana Jazmín leyó alguna vez que, durante las guerras, a los soldados se les entregaba una insignia de color púrpura como reconocimiento por su valentía. No todos regresaban del campo de batalla, pero esa distinción permanecía con sus familias. Esa idea fue la que adoptaron para nombrar al colectivo, ya que buscaban que su mamá obtuviera ese corazón morado.

“Corazón Morado para nosotros significa mucho porque viene siendo esa insignia de lucha de todas las personas, no solamente quienes tienen la enfermedad del cáncer, sino que quien tiene una enfermedad está en una lucha, está en una guerra constante, y es bien merecido porque tienen una insignia de este valor de luchar día a día”, dijo.

Señaló que Corazón Morado son todas esas personas que con un donativo, una comida, tiempo o trabajo voluntario, hacen posible que el proyecto continúe. Ante ello, invitó a la ciudadanía a conocer el proyecto y sumarse, ya sea con voluntariado o donaciones que puedan ayudar a muchas familias que enfrentan una lucha contra una enfermedad.

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