Tuvieron que pasar 150 días para que apaguen un incendio provocado por una fuga de gas en el pozo petrolero Krem- 1, ubicado en el municipio de Las Choapas, Veracruz. Petróleos Mexicanos (Pemex) –empresa estatal encargada en el sector– ha logrado controlar el incidente, pero los impactos en la salud, el agua, la vegetación, la fauna y la alimentación aún son inciertos.
Expertos y ambientalistas consultados por Mongabay Latam señalan que pese a que concluyó una parte de la emergencia, aún existen vacíos de información sobre qué daños generó este gran incendio que podría dejar una huella socioambiental en al menos 29 localidades, donde viven cerca de 3431 personas.
Hasta ahora, no hay información oficial sobre los contaminantes generados o los impactos ambientales provocados por 150 días de incendio. Sin embargo, un análisis independiente realizado por la organización CartoCrítica estimó la quema de al menos 252 millones de metros cúbicos de gas; 270 hectáreas de vegetación impactadas; y aumentos de entre 20 y 25 % en las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO₂), un gas contaminante que impacta directamente en la calidad del aire.
Además, habitantes de las comunidades afectadas han reportado la pérdida de cultivos y animales, así como aumento de enfermedades y síntomas respiratorios a raíz del incidente. Organizaciones ambientales que recorrieron la zona del incendio destacan este tipo de impactos en medio de una política energética que busca implementar el fracking para la extracción de petróleo y gas en México durante los próximos años.
Pemex asegura que se han realizado acciones como el monitoreo de calidad del aire “con el propósito de obtener información que permita conocer las condiciones ambientales”, así como contención de escurrimiento de hidrocarburos. Este medio buscó reiteradamente a la petrolera estatal para conocer los detalles de estas acciones. Sin embargo, hasta la publicación de esta nota no se ha obtenido respuesta.

Impactos en la salud y alimentos
El incendio transformó durante meses el paisaje en esta región de Las Choapas en Veracruz, que tiene principalmente bosques tropicales. Imágenes satelitales y fotografías de organizaciones que visitaron la zona muestran la devastación alrededor.
Pablo Montaño, director de la organización Conexiones Climáticas, señala que las implicaciones más importantes de este incidente no siempre están a la vista, por lo que destaca como prioridad hacer una evaluación del impacto en la salud de la población.
“Estos daños, que pueden provocarse por la inhalación de gases tóxicos, como el benceno, que viene asociado al metano, lo que se estuvo fugando, no se manifiestan inmediatamente”, señala el ambientalista.
Aunque es complejo establecer que las personas enfermen directamente por el incendio en el pozo Krem 1, el director de la organización explica que al visitar la zona, las personas afectadas han expresado malestares asociados con la fuga del combustible.
“Mareo, náuseas, dolores de cabeza intensos son algunos de los problemas de salud registrados, pero hay otros que son más delicados y de largo plazo, como problemas respiratorios, cáncer y enfermedades diversas que pueden derivar de ahí”, afirma.

En su análisis satelital, CartoCrítica también documentó testimonios de habitantes que viven a menos de 10 kilómetros del punto de incendio, quienes manifestaron que el agua de los ríos y arroyos llegaba caliente y provocaba picazón en la piel, así como la muerte de sus animales y cultivos.
Aleida Azamar Alonso, profesora investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y vicepresidenta de la Sociedad Mesoamericana y del Caribe de Economía Ecológica, explica lo complejo de medir el impacto de estos accidentes en la salud humana, pues puede subestimarse el impacto real en las personas al no presentar síntomas inmediatos.
“Por eso es muy importante hacer un análisis y seguimiento detallado y de largo plazo sobre las personas afectadas, e incluso quienes están fuera del área dañada, pero que podrían tener otro tipo de exposiciones también dañinas”, dice la experta a Mongabay Latam, y agrega que deben registrarse aspectos como problemas respiratorios, irritación de ojos y piel, dolores de cabeza, náuseas, mareos, alteraciones neurológicas y cambios en la función pulmonar.
Ante la presencia de benceno, un compuesto cancerígeno que en grandes concentraciones afecta la producción de células sanguíneas, Azamar señala que deben hacer revisiones hemáticas constantes y estudios de exposición mediante muestras de sangre u orina, especialmente para las poblaciones más vulnerables.

“Esto debe tener una perspectiva de género en la que se debe reconocer y diferenciar los impactos entre niñas y niños, personas mayores, mujeres embarazadas y trabajadores que permanecieron más tiempo al aire libre. Hay padecimientos que afectan de sobremanera a las mujeres debido a la falta de investigación al respecto”, detalla la investigadora.
A los impactos en la salud se suman los medios de vida, pues el incendio ocurrió en una región donde las personas dependen de la agricultura y la ganadería. En este sentido, Azamar advierte que con la información que se tiene hasta ahora del incendio en el pozo Krem-1, se puede asegurar que la población enfrentará problemas de seguridad alimentaria.
“Si los pastizales quedaron quemados o cubiertos por residuos, el ganado pierde alimento y está expuesto a sustancias contaminantes que muy probablemente afecten su calidad y expectativa de vida”, comenta la especialista y añade que algo similar ocurre con los cultivos, pues aunque no se destruyan visiblemente, disminuye su rendimiento y su calidad, por lo que incluso consumirlos puede ser peligroso.
Además, destaca la contaminación de pozos, arroyos y cuerpos de agua utilizados para beber, cocinar, regar y atender a los animales.
“En términos económicos no sólo está la afectación de miles de familias, que es un consumo importante para sus propias regiones. También está la pérdida productiva de estos territorios y los costos asociados a su recuperación. Es un desastre en toda la extensión de la palabra”, considera.
Por otro lado, Montaño agrega que este suele ser uno de los costos socioambientales que la industria gasífera y petrolera deja en los territorios que suelen ser sacrificados para la producción de combustibles fósiles.
“Cuando tienen un incidente o un desastre de esta naturaleza arrasan con todo. No queda una alternativa económica para estas poblaciones”, sostiene el ambientalista y agrega el reto económico que tendrán las familias damnificadas para recuperar un sustento.
La valoración económica del desastre, advierte, “tiene que entender cómo no hundir en mayor pobreza o en el abandono de la zona a la población que está ahí”.

Un cálculo del impacto en el aire
El análisis satelital de CartoCrítica advierte que hasta el 6 de julio pasado, la acumulación de gas en el incendio era de aproximadamente 252 millones de metros cúbicos de gas quemado, equivalente a las emisiones anuales de unos 135 mil automóviles en un horizonte de 20 años, de acuerdo con el estudio.
Esta estimación se hizo mediante un programa de observación satelital conocido como VIIRS Nightfire, el cual utiliza imágenes infrarrojas de emisiones de temperatura y radiación para medir la quema de gas en el mundo.
“Estamos hablando de que equivalen a un tercio del gas que se consumía en los hogares de México en 2023. Es una cantidad de gas bestial”, explica Montaño.

Además, el estudio satelital midió el residuo químico que dejó el dióxido de nitrógeno (NO₂) en la atmósfera, un gas que dura pocas horas en el aire, y que no viaja lejos de su fuente, de acuerdo con el análisis. La medición halló que durante el periodo del incendio hubo en promedio entre 20 % y 25% más dióxido de nitrógeno que antes del 5 de marzo, fecha en que inició el incidente.
“Si aparece de forma sostenida sobre el pozo, es atribuible al pozo. Su relevancia está en lo que anuncia: donde hay NO₂ de combustión están también los contaminantes que se emiten junto con él (partículas finas, carbono negro, monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles), que son los de mayor evidencia de daño a la salud y que el satélite no puede medir directamente a esta escala”, sostiene el documento.
Además de los impactos en la calidad del aire, el análisis satelital identificó tres grados de afectación en 270 hectáreas de vegetación por el incendio.
De acuerdo con el estudio, en un radio de dos kilómetros hay un núcleo de suelo calcinado, cercano a las ocho hectáreas; un anillo de vegetación muerta a su alrededor, de cerca de 120 hectáreas; así como un borde más amplio de vegetación dañada pero aún viva de 140 hectáreas.

El documento sostiene que se trata de un “área mínima de impacto», pero que el daño real puede ser mucho mayor al no incluir la pérdida de vegetación antes de 2026 y las zonas que el humo persistente no dejó ver con claridad en las imágenes satelitales. Además, afirma que se requiere una verificación en campo para tomar muestras de los suelos y estudiar el impacto.
Hasta ahora, se desconoce alguna medición oficial del daño a la biodiversidad de la región, algo que los investigadores consideran clave para entender los impactos acumulados.
“Debe observarse mortalidad de fauna, pérdida de polinizadores, alteraciones en la reproducción de especies y cambios en la calidad de los pastizales. Todo esto necesita una línea de referencia y puntos de comparación fuera del área afectada, algo que no me parece que se esté haciendo, y sin ese seguimiento territorial y social prolongado, solamente conoceremos los efectos inmediatos”, expone Azamar.
Montaño agrega que también han quedado de lado los estudios para saber qué tanto se rompieron los ciclos dinámicos entres las especies, como las aves.
“Hay aspectos que tienen una dimensión de la devastación, una dimensión del paisaje, pero también de cómo está funcionando ese ecosistema. ¿Qué pasa cuando lo privas de sus aves? ¿Qué se perdió? Si no hay una valoración seria para determinar los impactos de este desastre, nunca vamos a saber que se perdió ahí”, lamenta.

Por otro lado, Azamar considera que el control de este tipo de incidente es complejo y su origen puede ocurrir por diversos factores. Sin embargo, señala una falta de transparencia en cuanto a la presentación de informes detallados que expliquen las causas del incidente.
“Esta complejidad técnica no explica por sí sola que durante tantos meses las comunidades recibieran información insuficiente sobre el volumen de gas liberado, los contaminantes presentes, los riesgos sanitarios y el avance de las operaciones”, dice Azamar a Mongabay Latam.
La investigadora considera que ha habido una actuación deficiente en el control del accidente, así como en un inventario público y verificable de parcelas, viviendas, fuentes de agua, animales, cultivos y ecosistemas afectados.
“Para reparar el daño se requiere construir una línea de referencia, aunque sea retrospectiva, mediante imágenes satelitales, registros productivos, testimonios, expedientes médicos y análisis de zonas cercanas no afectadas. Pero no se está haciendo, por lo menos de manera pública o en colaboración con las personas afectadas”, enfatiza.
Los riesgos de explotar fósiles
El Gobierno de México actualmente impulsa una política energética que apuesta aún más por la exploración y explotación de las reservas de combustibles fósiles, las cuales especialistas han dicho a Mongabay Latam que son cada vez menores y de mayor dificultad de extracción.
Montaño sostiene que el pozo Krem-1 mostró viabilidad de extracción por lo que el incendio ocurrido en la zona es un ejemplo de lo que puede ocurrir en caso de un accidente cuando se extraen combustibles fósiles con técnicas más complejas y no convencionales, como el fracking.

“Estos pozos son un reflejo de lo que nos puede esperar con la iniciativa de extracción de gas con fracking: más descontrol, menos posibilidades de mantener reducidos los riesgos y más costos para las poblaciones y comunidades”, advierte.
El pasado 6 de agosto, ya con el pozo cerrado, el comité de científicos y especialistas ordenado por la presidenta Claudia Sheinbaum para determinar la viabilidad del fracking en México emitió 10 primeras conclusiones preliminares donde recomiendan, entre otras medidas, “incrementar la producción nacional de gas natural convencional y eliminar la quema del gas asociado a la producción de petróleo”, así como confirmar reservas de gas en yacimientos no convencionales por medio de estudios y perforación de pozos.
*Imagen principal: el incendio en el pozo Krem-1 duró casi cinco meses activo. Foto: cortesía Pablo E. Piovano

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