Cuando las tecnologías de la información y la comunicación proceden a ser canales para la mentira y la propagación de miedo y anarquía, son la notificación puntual de que deben ser revisadas y ajustadas a parámetros que sin detrimento de las libertades sí propicien la indispensable interlocución entre la sociedad que enfrenta diversas problemáticas y las autoridades e instituciones que tienen la responsabilidad de resolverlas.
Con el debate nacional que surgió a raíz de que la presidenta Claudia Sheinbaum dio a conocer una propuesta de regulación para proteger los derechos de las audiencias, se le abre pauta a la discusión serena que haga posible diseccionar lo positivo y negativo, evitando que alguna de las partes se rasguen las vestiduras y obstruyan propósitos donde los medios y sus públicos salgan beneficiados.
Los segmentos que en el ciberespacio divulgan fake news, información no verificada o alteran realidades a través de la Inteligencia Artificial, o bien las tribunas digitales o impresas que sobredimensionan la nota roja para crecer sus ratings, proceden a distorsionar la importancia de las herramientas del Internet y de otras vías de masificación de los hechos, vulnerando así los derechos a la información, libetad de expresión, de las víctimas y de quienes son calumniados sin el adecuado sustento probatorio.
El refrendo de la responsabilidad social de comunicadores y entretenedores no está de más en el contexto de contenidos y formatos que en lugar de coadyuvar a la toma de decisiones correctas lo que proponen es el desquiciamiento de criterios y referentes para alterar el libre albedrío ciudadano, pervirtiendo el mensaje y generándoles crisis a los receptores del mismo.
En ESPEJO hemos logrado un crecimiento importante en audiencias que buscan una especie de brújula informativa para no perderse en el engañoso mar del ciberespacio que permite colocar habituales placebos para todos los males y carnadas de enredos para seguidores incautos. Sin la fácil captación de audiencias que permite el amarillismo de la nota roja, con periodismo que investiga y comprueba los hechos antes de publicarlos, y total respeto a las garantías constitucionales, avanzamos sin sacrificar la ética en el intento.

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