En Mazatlán no ha bastado el cerco de vigilancia establecido por el Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías federales y estatales para restablecer la seguridad pública y detener el daño a los sectores económico y social que, hoy sí, reconocen tanto la industria turística como el gobierno municipal después de meses de pretender ocultar la realidad que se muestra a la vista de todos.

La semana reciente que registró 12 homicidios dolosos en el puerto remarca el sentido contrario a la exigencia generalizada para que acaben las consecuencias derivadas de que dos segmentos del Cártel de Sinaloa pelean por el control de los territorios sureños, escenario que ocurre a pesar de la intervención de alrededor de 5 mil elementos de las diferentes instituciones de protección a la ciudadanía.

Las detenciones y decomisos propinadas al crimen organizado, como es el caso del camión interceptado el sábado que transportada 19 armas largas y más de mil cargadores todos con cartuchos útiles, y los operativos que detienen a sicarios con sus arsenales, apenas logran establecer breves expectativas de paz que la delincuencia echa abajo al no presentar menor intensidad por las bajas asestadas por militares y policías.

Con el arribo de mil 700 elementos de la Marina Armada de México la población pacífica recuperó la confianza en que la acción del Estado le repusiera a la Perla del Pacífico las condiciones para el desarrollo y convivencia, sin embargo, la llamada narcoguerra se sostiene con la fuerza atroz y la capacidad para dispersar el terror indistintamente de la hora o lugares.

¿Qué pasa en Mazatlán? Lo que los hechos exponen es que se convirtió en el centro de las confrontaciones entre los hijos de Ismael “El Mayo” Zambada y los de Joaquín “El Chapo” Guzmán, mientras las fuerzas armadas se ven rebasadas en la labor de contener a tales facciones del narco. Nunca es temprano ni tarde para revisar la estrategia de seguridad con el propósito de evitar que el principal destino turístico de Sinaloa se añada a las ramas productivas en crisis por la violencia.