Hace casi una década, Jesús Manuel Aguirre daba sus clases de boxeo y artes marciales mixtas mientras su hija Presley, todavía una niña, permanecía alrededor del gimnasio mirando los entrenamientos. A veces veía a los alumnos de su padre, a sus propios hermanos, hasta que un día también quiso entrenar.

A sus 16 años, aquella niña de Mazatlán que comenzó a practicar kickboxing a los siete años acaba de regresar de Berlín, Alemania, convertida por segunda ocasión en campeona mundial de K1, la modalidad más dura y de mayor contacto físico del kickboxing.

Crecida en gimnasios

 

“Ella iba, pero como estaba chiquita, tenía como seis años. Le interesaba y le gustaba y, de estar viendo, quería entrenar. Veía a sus hermanos y nos veía a nosotros entrenar”, recordó Jesús.

Jesús, desde pequeño, había sido aficionado a las artes marciales y los deportes de contacto. Durante años había practicado karate y boxeo. Al crecer, casarse y tener hijos, se permitió abrir un gimnasio, un espacio para entrenar y dar clases de artes marciales. Ahí formó a sus hijos y, posteriormente, a sus dos hijas: Presley y la pequeña Kenya Lorena, actualmente de 11 años.

La joven comenzó en torneos locales en su natal Mazatlán y en la ciudad de Culiacán. En estos torneos iba buscando una oportunidad para clasificar a eventos más avanzados.

Para llegar a un Mundial, explica Jesús en una entrevista para ESPEJO, los competidores tienen que avanzar por distintos torneos hasta llegar a un selectivo nacional de la World Kickboxing and Karate Union (WKU) México. Quien gana su categoría y peso obtiene la oportunidad de representar a México frente a deportistas de decenas de países.

Presley consiguió por primera vez ese lugar en un selectivo realizado en León, Guanajuato. Después viajó a Tréveris, Alemania, donde se convirtió en campeona mundial. Este año volvió a hacerlo. Ganó el selectivo realizado en Chihuahua y llegó a Berlín para defender su lugar.

Regresó con un segundo campeonato mundial.

“Me siento muy orgullosa de mí porque sé que son pocas las mujeres sinaloenses que llegan a un nivel así. Sé lo que me esforcé y sé lo que batallé para llegar hasta ahí”, expresó Presley.

El K1 que practica es una modalidad de contacto físico completo. Según contó la mazatleca, hay puños, patadas y rodillas; golpes fuertes que pueden provocar cortes o moretones. Participar, siendo una mujer adolescente, dentro de una de las categorías más rudas de un deporte que todavía suele relacionarse con los hombres significa romper con un estereotipo en el deporte y enviar un mensaje de que las mujeres también se han ganado un lugar en los deportes de contacto de alto rendimiento.

“Mucha gente dice que es para hombres, pero no. Las mujeres tenemos un poquito más ese poder en tener constancia, siempre ser disciplinadas, siempre seguir y sacar adelante este deporte y decir que las mujeres también podemos.

Las mujeres también tenemos esa fuerza, esa disciplina y esa valentía de echar golpes también”, declaró la bicampeona.

Además del kickboxing, practica boxeo y ha formado parte de la selección de Sinaloa, con la que avanzó desde las etapas municipal y estatal hasta el macroregional y, posteriormente, a Olimpiadas CONADE, donde consiguió un tercer lugar.

Presley se prepara para competir nuevamente en Guerra en la Frontera, un torneo de boxeo realizado en Mexicali en el que participan deportistas de México y Estados Unidos y en el que ya consiguió un campeonato durante 2024.

Esta vez, Kenya también participará.

En el mismo evento que su hermana quedó bicampeona, Kenya logró llevarse la plata en una categoría más arriba a la suya y compitiendo con jóvenes más pesadas que ella.

Para llegar a esos escenarios, Jesús explica que el trabajo ocurre mucho antes de subir a pelear. Mantener una trayectoria competitiva implica entrenamientos, recuperación de lesiones, nutrición, viajes y distintos gastos, por lo que también reconoce el apoyo de patrocinadores que han acompañado a las jóvenes.

Por ahora, Presley tiene 16 años, dos campeonatos mundiales de kickboxing y todavía varios objetivos por delante. Kenya, con 11, comienza también a formar su propio camino en el deporte favorito de su familia.

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