Con la designación que hizo Morena para que Imelda Castro Castro encabece en Sinaloa la defensa de la transformación y soberanía nacional, que en sí es la candidatura a gobernadora, entra a su fase proceso político que definirá quién, cómo y con qué llevará el timón estatal en el periódo 2027-2033.

Con características muy distintas a las de procesos electorales anteriores, por la violencia exacerbada durante dos años, la elección de titular del Ejecutivo estatal hará que la sociedad afine el criterio implícito en el voto, trazando la salida de las crisis que afectan a Sinaloa al mismo tiempo, y lo paralizan y aterrorizan.

La determinación de Morena a favor de Castro hará que los partidos Revolucionario Institucional, Acción Nacional y Movimiento Ciudadano vean el reto que les significa sacar victorias electorales pese al empoderamiento que la Cuarta Transformación le otorga su candidata y la mayoría que le asignan las encuestas en la intención del voto.

Para Imelda Castro los comicios que vienen no le significan pan comido porque antes del veredicto electoral será sometida al mayor escrutinio del que se tenga memoria, teniendo la obligación de demostrar que es capaz de construir la aurora de un nuevo amanecer sinaloense, como lo propuso al ser ungida por Morena en un acto que contrario a lo que se esperaba sí tuvo el desenlace de la unidad.

El proceso electoral debe ser antes que cualquier otra cosa, un ejercicio ciudadano que exija la propuesta y voluntad para rescatar a Sinaloa de la actual devastación económica, política y social propiciada por el crimen organizado. Ni para Imelda Castro ni para otras candidaturas la atrocidad de los más de 3 mil asesinatos y 4 mil desapariciones forzadas le significan venir a pedir el voto como si anduvieran en un día de campo.