Mazatlán, Sinaloa.- Frente al Teatro Ángela Peralta, las veladoras comenzaron a encenderse en los adoquines y una banca. Pequeñas llamas iluminaron los rostros impresos en fotografías. Los nombres, las edades. Eran haciendo más visibles las ausencias.

Era el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas y las familias acababan de salir de una misa en la Catedral de Mazatlán. Ahí estaba Nadia Berrelleza, con una falda y una camiseta con el rostro de su hermana Cecilia, desaparecida en Mazatlán en 2025.

“Merecemos tener justicia, tener explicación, sobre todo encontrar. Nos reunimos aquí porque queremos que todo el mundo tenga visibilidad de lo que está pasando aquí en Sinaloa”.

Dijo que la magnitud del problema obliga a cambiar la manera en que las autoridades enfrentan las desapariciones y planteó que las madres buscadoras y familiares de víctimas sean incluidos en las mesas de seguridad donde se toman decisiones en materia de seguridad.

“Honestamente, 1.6 desaparecidos diario aquí en Mazatlán, Sinaloa, y que tengamos muchísimas personas sufriendo, muchísimas familias sufriendo por lo mismo. Creo que es necesario que las personas que están ahí adentro, como las autoridades, volteen de este lado”.

MESA DE SEGURIDAD

 

Su petición tenía un destinatario particular.

En el Teatro Ángela Peralta, asistiendo al evento musical México Canta, se encontraba la nueva gobernadora interina de Sinaloa. Nadia Berrelleza quería hablar con ella. No buscaba una confrontación, aclaró, sino abrir un espacio de diálogo con las familias que todos los días enfrentan la incertidumbre de no saber dónde están sus seres queridos.

“Si hay una mesa de seguridad, que también podemos hacer una mesa de seguridad con las madres buscadoras. Creo que nosotros tenemos más experiencia de lo que está pasando aquí en Sinaloa que las propias autoridades”.

Nadia habló de la sensación de que los avances no corresponden con la dimensión del problema. Con el paso del tiempo, dijo, la desaparición dejó de ser una tragedia que parecía ocurrirle únicamente a otras familias. Y ahora en cualquier reunión ya hay un conocido que tiene un conocido que tiene un desaparecido.

“Quiere decir que algo estamos haciendo mal como ciudadanos, como madres… La verdad es que lo que pedimos todas aquí es que avancemos en la búsqueda de vidas, que tratemos de entender que un desaparecido no es un muerto”.

Esa diferencia, para las familias buscadoras, lo cambia todo.

PAREMOS ESTO

 

No quieren únicamente estadísticas ni expedientes abiertos. Quieren que la búsqueda ocurra mientras todavía existe la posibilidad de encontrar con vida a sus familiares.

“Y que paremos esto. Hay que trabajar en algo diferente. Hay que hacer algo diferente. Sabemos que las autoridades tienen muchísimo trabajo, pero hay que ser honestos, ya rebasó el problema a las autoridades”.

Se apareció la gobernadora interina. Y se acordó que el próximo fin de semana habrá un encuentro con las buscadoras.

Las veladoras continuaron encendidas frente al teatro. La gente pasaba y las miraba. Leía las mantas, los nombres. El pequeño altar era apenas una muestra de una realidad mucho más grande y dolorosa: la de quienes llevan meses o años esperando una respuesta.

La de quienes se niegan a aceptar el silencio como destino.