A dos años del inicio de la crisis de violencia e inseguridad en Sinaloa, la entidad enfrenta un deterioro en sus principales indicadores laborales y económicos, con pérdida de empleos formales, menor ocupación y una contracción de la actividad económica que no da señales de tregua.
La Dra. Cristina Isabel Ibarra Armenta, investigadora de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y presidenta de la Federación Mexicana de Economistas Colegiados (FEMEC), advirtió que la brecha en la creación de empleo continúa ampliándose.
“Se va acumulando, cada vez más, esta diferencia en la creación de empleo. Entonces ¿cómo se ve? Se ve una economía muy complicada […] En términos económicos, para las empresas sigue siendo muy complicado y vamos a seguir viendo este comportamiento porque también los ingresos de las propias personas van decreciendo, entonces la perspectiva sigue siendo, todavía, nada positiva”, señaló.
Uno de los principales efectos se observa en el mercado laboral formal. De acuerdo con los registros del IMSS, entre agosto de 2024 y agosto de 2026 Sinaloa acumuló una pérdida neta de 26,085 puestos de trabajo formales.
Según datos de la ENOE del INEGI analizados por Ibarra Armenta, entre 2024 y 2026 la entidad registró una disminución de aproximadamente 63,000 personas ocupadas, mientras que Culiacán concentró una pérdida cercana a 15,000 personas ocupadas.
Para Ibarra Armenta, la combinación de menor empleo e ingresos representa una presión adicional para las empresas y para el consumo interno.
Cada vez más sinaloenses buscan abandonar la entidad
La situación de seguridad también continúa condicionando las perspectivas de recuperación económica. Ibarra Armenta señaló que durante las últimas semanas se ha observado un recrudecimiento de la violencia en distintas zonas de Sinaloa, particularmente en el sur de la entidad.
La economista cuestionó además que, después de dos años de crisis, pueda hablarse de un control sostenido de la violencia.
“No se ve un control. Después de 2 años, no se puede decir que ya hay un control de la violencia. Simple y sencillamente hay días buenos, hay días muy malos. No se ve claramente que dependa de la cantidad de patrullas, ni de la cantidad de policías que están en la entidad”, sostuvo.
La falta de certidumbre, agregó, repercute en la actividad de los negocios y en las decisiones de consumo, en un contexto donde los ingresos de parte de la población también se han visto afectados.
La crisis también ha comenzado a influir en las expectativas de permanencia de algunas familias. Ibarra Armenta señaló que quienes cuentan con posibilidades económicas para hacerlo están contemplando buscar alternativas fuera de Sinaloa.
“Entonces, quienes tienen alguna posibilidad a mediano o largo plazo, creo que mucha gente ya está considerando qué opciones tiene para salir de esta entidad, de esta ciudad, en este caso de Culiacán”, comentó.
De acuerdo con los datos de la ENOE citados por la especialista, entre diciembre de 2024 y marzo de 2026 la población estimada del estado disminuyó en alrededor de 84,000 personas.
Más allá de las variaciones demográficas, la salida de habitantes puede tener implicaciones para el mercado laboral y el consumo local, particularmente si se mantiene durante periodos prolongados.
Los limites la esperanza
Ibarra Armenta advirtió que incluso una eventual mejoría en las condiciones de seguridad no permitiría recuperar de manera inmediata todo lo perdido durante estos dos años.
“Aunque le echemos ganas los sinaloenses y haya mucha gente esperanzada en que esto vaya mejor, el hecho de que tengamos esa esperanza es algo muy positivo; esto no va a reponer todos los cierres de empresas, las pérdidas de empleo y lo que todavía nos espera, porque esto todavía no se le ve un fin verdadero“, aseguró.

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