A los ciudadanos que se movilizaron sin mayor impulso que el hartazgo por la violencia de más de dos años en el centro y sur de Sinaloa les corresponde el mérito, la pertenencia y el anhelo legítimo de paz, al margen de apetitos políticos y sueños de poder que se enmascararon detrás de la acción cívica en la cual los pacíficos gritaron el indispensable ¡ya basta” para que lo escuchen los gobernantes y los criminales.
El loable impacto de miles de culiacanenses y personas que vinieron de otros municipios por fortuna apabulló a quienes intentaron apoderarse del enorme contingente que marcó desde La Lomita a Catedral el rastro decoroso de aquellos que construyen cimientos de tranquilidad, civilidad y progreso a pesar de la ausencia de condiciones de seguridad y gobernabilidad.
Démosle poca atención, pero la reflexión que corresponde, a los líderes políticos acompañados de contingentes de seguidores, los “organizadores” de la marcha que le apuestan a que la movilización les retribuirá votos en el próximo proceso electoral, la incitación a más violencia mostrada por frenéticos apaleadores de monigotes de papel, el micrófono negado a una madre que busca a su hijo, y el sainete grotesco de una legisladora que desfiló escoltada por dos elementos de la Guardia Nacional.
Que por encima de todo seamos capaces de escuchar a las víctimas que al expresarse aportan a no olvidar las devastaciones por la narcoguerra atroz: los homicidios que nos arredran y paralizan, los desaparecidos que sus familiares buscan hasta encontrarles, los hogares que en el medio rural la violencia forzó a abandonarlos, los emprendimientos y empresas que al cerrar cancelan empleos y planes de desarrollo, los patrimonios arrebatados por el robo de vehículos y ataques a inmuebles, y los elementos militares y policiales caídos en el cumplimiento del deber como antítesis de la protección ciudadana.
La marcha significó el rugido de indignación y desesperación del Sinaloa herido por las armas criminales e igualmente lastimado por la desidia y simulación del Gobierno que manipula las estadísticas de la violencia para convertirlas en cuentas alegres. Al final de cuentas la jornada cívica del domingo 13 de septiembre enseña la capacidad de resistencia de ciudadanos de paz que le apuestan a que el tejido social será el único blindaje capaz de contener la cruel acometida de la delincuencia.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.