Culiacán, Sinaloa.- Culiacán no solo ha cambiado su paisaje en las últimas décadas, sino que la forma en que se ha extendido la ciudad también ha modificado e intensificado los riesgos que enfrenta la población, sobre todo con inundaciones.

Un time-lapse elaborado con imágenes de Google Earth realizado por ESPEJO mostró cómo entre 1984 y 2022 la mancha urbana avanzó sobre terrenos agrícolas, cerros y zonas con vegetación. La expansión puede observarse en sectores como Valle Alto, Tres Ríos, Mojolo, La Pitahayita, Imala y Las Coloradas.

Pero ¿qué ocurre si Culiacán continúa creciendo de esta manera?

Para José Carlos Dehesa Mitre, biólogo y director de Guaiacum A.C., uno de los principales riesgos está relacionado con la pérdida de vegetación. Al eliminar árboles, raíces y materia orgánica, disminuye la capacidad del suelo para absorber agua de lluvia, lo que puede favorecer escurrimientos, inundaciones y deslaves.

Vamos a tener más inundaciones por falta de ecosistemas, materia orgánica y raíces, más riesgo de deslaves”, señaló.

El fenómeno pudo observarse el pasado 18 de septiembre en Alturas del Sur, donde las lluvias generaron fuertes corrientes de agua entre los cerros intervenidos para el crecimiento habitacional.

Dehesa Mitre también advirtió que sustituir vegetación por concreto puede incrementar la acumulación de calor y favorecer las llamadas islas de calor urbanas, donde las temperaturas pueden ser mayores que en zonas periféricas con más cobertura vegetal.

Anteriormente, David Lara, naturalista y fundador de Charas Sinaloa, señaló para este medio que el cambio de uso de suelo para vivienda y desarrollos inmobiliarios es uno de los principales factores de pérdida de vegetación en Culiacán. Identificó afectaciones en sectores del norte y sur, además de zonas como Las Coloradas, el cerro de las Siete Gotas, Mojolo y desarrollos campestres hacia Imala, zonas que en el time-lapse se ve impactadas.

No hay un lugar específico. Se ha ido afectando por pedacitos en varias partes; se está depredando sin un orden”, concluyó.

Crecer hacia afuera también tiene un costo

 

Para, Juan Carlos Rojo Carrascal, arquitecto, investigador y urbanista, el problema no se limita a los ecosistemas, explicó que una ciudad que se expande hacia la periferia requiere extender infraestructura y servicios a mayores distancias.

Agua potable, drenaje, electricidad, recolección de basura y transporte deben acompañar el crecimiento de nuevas zonas habitacionales, mientras que dentro de la ciudad todavía existen espacios subutilizados.

Yo sigo pensando que la ciudad tiene que crecer para adentro y para arriba, y no hacia afuera, porque le está haciendo cada vez más daño a la ciudad la expansión urbana”, sostuvo.

El urbanista también señaló que las obras públicas pueden generar plusvalía en terrenos cercanos, incluso cuando sus propietarios no participaron en la inversión.

Una nueva vialidad, un hospital u otro equipamiento puede incrementar el valor del suelo alrededor y, con ello, incentivar nuevos desarrollos.

Para Rojo Carrascal, este fenómeno debe analizarse junto con los terrenos vacíos o abandonados que existen dentro de la ciudad, pues la expansión hacia las orillas puede continuar mientras zonas consolidadas permanecen desaprovechadas.

Una ciudad que seguirá creciendo

 

El crecimiento urbano, por sí mismo, no determina que ocurran inundaciones, deslaves o aumentos de temperatura. Sin embargo, el riesgo aparece cuando la expansión modifica ecosistemas, impermeabiliza el suelo y lleva la ciudad hacia zonas que requieren nuevas vialidades e infraestructura.

Entonces, ¿qué pasa? Que cada año en Culiacán vamos a tener más inundaciones porque los bosques que están reforzando esos suelos dejan de producir materia orgánica, las raíces se secan y se reduce la permeabilidad de las lluvias al suelo y a los mantos acuíferos correspondientes”, subrayó el biólogo Dehesa Mitre.

Un análisis realizado por ESPEJO mediante Global Forest Watch identificó, en una muestra territorial que no corresponde al polígono exacto del municipio, una pérdida de más de 5.9 mil hectáreas de cobertura arbórea entre 2001 y 2025.

La cifra no permite atribuir toda esa pérdida al crecimiento urbano, pero muestra la transformación de la cobertura vegetal mientras la ciudad continúa expandiéndose.

El reto para Culiacán, plantean los especialistas, no es únicamente definir hacia dónde crecerá la ciudad, sino determinar qué territorio puede transformarse sin aumentar los riesgos ambientales y urbanos para quienes ya viven en ella.

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