Mazatlán es el núcleo de la violencia por la confrontación en Sinaloa entre grupos rivales del narcotráfico, y también el centro neurálgico de los operativos de las fuerzas federales para contener al crimen organizado, determinándose en el puerto la baja o el recrudecimiento de la inseguridad imperante durante más de dos años.
Entre la noche del martes y el transcurso del miércoles, esta ciudad del sur registró tres homicidios dolosos mientras el resto del estado no reportó sucesos letales, lo cual expone sin margen de error la acción de la delincuencia y la intervención de militares y policías con fines de evaluación del estado de cosas donde la población pacífica y la actividad turística son los principales afectados.
Ayer por la tarde un hombre resultó asesinado en la zona de la Isla de la Piedra al ser atacado por un grupo armado que se movilizó en una camioneta; otro perdió la vida el mismo día en el sector Flores Magón en la embestida delincuencial donde también resultó herido un trabajadores de empresa refresquera, y el martes por la noche fue abatida por sicarios una persona más del sexo masculino en el Libramiento Colosio, a la altura de la colonia Emiliano Zapata.
La llegada de contingentes militares, las reuniones de la Mesa estatal y el Gabinete nacional de seguridad y los discursos de la presidenta Claudia Sheinbaum y del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, reciclan la confianza en que la violencia acabe, pero con asombrosa velocidad llegan los homicidios, privaciones ilegales de la libertad, desplazamientos forzados, robo de vehículos y ataques a domicilios y negocios que matan la expectativa de paz.
La sociedad mazatleca entró a situaciones de miedo, frustración e impotencia al hallarse entre la espada de criminales sin límite en sus enfrentamientos y sañas, y la pared que conforman elementos del Ejército, Marina, Guardia Nacional y policías federales y estatales, poderes fáctico y legítimo que hasta hoy aportan a mayor incertidumbre y percepción de inseguridad. El tiempo pasa y el miedo se queda porque el gobierno en sus ámbitos federal y estatal le sigue debiendo a Sinaloa la gran acción para abatir la violencia ahpra se asienta en la Perla del Pacífico.

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