El ataque con armas de fuego perpetrado ayer contra personas que convivían al interior de un restaurante del sector Tres Ríos de Culiacán redunda en la sensación de ausencia de gobierno que le ponga fin en la violencia, así anden en las calles miles de militares haciendo labor de vigilancia.
El resultado de una persona muerta y siete heridas nos recuerda a la sociedad, si es que alguien lo ha olvidado, que la crisis de la seguridad pública continúa despues de más de dos años traducidos en alrededor de 3 mil homicidios dolosos y 4 mil desaparicionesforzadas, así como graves afectaciones económicas, sociales y políticas.
Ningún sinaloense puede sentirse protegido ni creer que está a salvo su patrimonio mientras persistan hechos de alto impacto y la única apuesta de las autoridades estatales y federales consista en el despliegue de más militares y policías, que no logran imponer la ley ni dar seguridad pública.
Todo lugar y cuaquier hora representan alto riesgo para la población e inhibe el esfuerzo ciudadano por recuperar las condiciones para normalizar las actividades legítimas y retomar los espacios públicos, a la vez que la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ofrecen indicadores que muestran la violencia a la baja.
Los sinaloenses ya no sabemos a quién pedirle seguridad y que nos den respuestas con hechos, no con discursos, que permitan volver a confiar en el gobierno. Los hechos de la noche del jueves en el establecimiento de comida asiática recalcan la narcoguerra de nunca acabar y al Estado incapaz de contener la acción de los criminales.
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