Culiacán, Sinaloa.- Las series, películas, libros, anime y mangas nos dicen que una aventura es algo inmenso, algo que cambia la vida y el rumbo de la historia de quien la protagoniza, muchas veces incluyen viajes emocionantes, peleas épicas y villanos que parecen imposibles de derrotar.

Pero una aventura no siempre ocurre en mundos fantásticos ni necesita dragones, espadas o héroes valientes. También puede ser un camino lleno de trámites, burocracia, citas y dudas para lograr ese cambio que tanto se ha esperado.

Eso fue lo que vivió María Rubí D. Nose durante el año que pasó intentando conseguir una orquiectomía bilateral en el IMSS de Culiacán.

Un año en el que tuvo que recorrer distintas áreas del instituto, atravesar barreras burocráticas, explicar una y otra por qué lo quería y necesitaba, conseguir documentos, acudir a consultas, esperar citas y encontrar a las personas que pudieran orientarla para continuar con el proceso.

No fue sencillo, pero tampoco una historia de buenos contra malos. Fue un camino que al final logró abrir una puerta que hasta entonces parecía no estar ahí: la posibilidad de que una persona trans pudiera acceder a este procedimiento en el IMSS de Culiacán.

Y para llegar a esa puerta, María Rubí tuvo que tocar muchas otras.

La primera puerta fue la de Urología.

María Rubí había encontrado en internet el testimonio de una persona que había conseguido realizarse una orquiectomía bilateral en el IMSS de Aguascalientes. Si se había podido hacer en otro estado, pensó, quizá también era posible hacerlo en Sinaloa.

La orquiectomía bilateral simple consiste en la extracción quirúrgica de ambos testículos. En el caso de una mujer trans, el procedimiento reduce de manera considerable la producción de testosterona y puede permitir que deje de utilizar bloqueadores de testosterona, dependiendo de la valoración y tratamiento que determine su equipo médico.

En México, además, existe un criterio judicial relacionado con el acceso de las personas trans a este tipo de procedimientos. La tesis con registro digital 2031434 establece que el IMSS debe garantizar la posibilidad de optar por intervenciones médicas hormonales, quirúrgicas o ambas como parte del proceso de afirmación de género, cuando la persona así lo decida.

Para María Rubí no se trataba solamente de una cirugía. Era parte de su proceso de transición que había iniciado en 2024.

Su transición había iniciado ya en dos frentes, explicó María. Primero fue social, y casi inmediatamente dio comienzo el tratamiento hormonal acompañado de atención psicológica y psiquiátrica.

“La transición social es cuando ya dejas de identificarte con tu identidad anterior y comienzas a presentarte a las personas con tu nueva identidad, nuevo género, nuevos pronombres”, dijo.

La tercera parte, la transición legal, llegó después. Fue la búsqueda de la cirugía la que terminó por empujarla a hacer algo que había pospuesto por un largo tiempo: realizar el cambio de identidad. El cual logró en octubre de 2025.

Tras ver la publicación en redes sociales sobre la cirugía de orquiectomía bilateral en el IMSS de Aguascalientes, esperó a su siguiente cita con Endocrinología y le planteó a su médico que quería buscar la posibilidad de realizarse la cirugía. El especialista aceptó y la canalizó a Urología.

María acudió pensando que ahí encontraría el siguiente paso para conseguir la cirugía, pero el urólogo le explicó que no había un protocolo para atender una solicitud como la suya, ni una ruta establecida para llevarla hasta el quirófano.

“El urólogo me dijo que, para empezar, eso no se hacía ahí, no tenían protocolo, no tenían sistemas, no tenían la forma de marcarlo en la hoja, o sea, una mujer transgénero quiere una Orquiectomía Bilateral, pero ¿Cómo se pone en el sistema? ¿Cómo lo colocamos para que la manden al quirófano?”, relató.

La respuesta del médico fue enviarla a Psiquiatría, a pesar de que ella le mencionó que ya contaba con atención psicológica y psiquiátrica.

Fue ahí cuando decidió acudir a la jefatura de Cirugía, quien la condujo al Comité de Ética del IMSS.

Mientras su caso era atendido, logró conseguir una valoración de Psiquiatría antes de la cita en Urología. El especialista determinó que estaba en condiciones de someterse al procedimiento.

El problema se presentó cuando volvió al consultorio de Urología, donde, comentó, pasó de ser una paciente a ser la abogada defensora de su propio caso. Fue cuestionada por el médico en múltiples ocasiones sobre por qué quería la cirugía y recibió explicaciones insistentes sobre la irreversibilidad del procedimiento.

“Pero cuando llegaba a Urología no era una cita entre paciente y doctor, era un tribunal y yo era mi propia abogada. El urólogo me preguntó si estaba completamente segura, si es lo que yo quería para mí. Y luego vino el argumento que escuché todo este año: ‘Es que ya no vas a poder tener hijos, es irreversible’; ‘a lo mejor te arrepientes, porque ahorita estás muy segura, pero quién sabe si en un futuro te arrepientas’. Todo para hacerme cambiar de opinión”, dijo.

Aunque, para este tipo de procedimientos, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció en la jurisprudencia con registro digital 2030997, que antes de una cirugía de afirmación de género, el personal médico debe brindar información clara sobre sus riesgos, complicaciones y alternativas para que la persona pueda decidir de manera informada.

Finalmente, se le hizo llegar un nuevo requisito: debía realizar su cambio legal de identidad y esperar un año después de hacerlo para poder continuar con el proceso de la cirugía.

Fue así que, en octubre de 2025, inició su transición legal en la Unidad de Servicios Estatales (USE). Esto la trasladó a un nuevo camino: INE, SAT, SEP, Universidad y, finalmente, IMSS. Tuvo que pasar por cada una de esas instituciones para actualizar sus registros, atender procedimientos y entregar documentación.

El problema es que tuvo que recorrer ese camino prácticamente a ciegas, pues había muy poca información disponible sobre los trámites que debía realizar en cada una de las instituciones, como si, no estuvieran preparadas para un caso como el suyo, mencionó.

“En el tema laboral cuando hice el cambio de identidad, resulta que en mi empleo la persona encargada de los de recursos humanos, ella tiene 20 años trabajando para la empresa y un caso como el mío jamás lo había visto (…) por mi caso específico tuvo que aprender más, tuvo que aprender cómo cambiar en la plataforma de la nómina una CURP, un género, un nombre, cómo cambiar un RFC. En el SAT fue lo mismo, y no fue diferente en el Seguro porque tanto en Urología como en Psicología y Psiquiatría, incluso en mi médico familiar y todas las personas que me atendían, nadie estaba familiarizado con personas transgénero”, dijo.

Al tener todos los documentos para hacer el cambio en el IMSS, solo le faltaba un requisito, no había transcurrido un año desde que hizo el trámite de cambio legal de identidad, como le habían mencionado. Sin embargo recordó que en el caso de Aguascalientes el requisito era un año desde el inicio de la transición social, no la legal, así que, con esa información, acudió nuevamente al Seguro.

Tras ese argumento y un trámite burocrático, por fin, María había logrado su cambio de identidad en el Seguro Social, por lo que inmediatamente agendó una cita en Urología para continuar el proceso.

María se sentía cada día más cerca de lograr su cirugía. Sin embargo, apareció otro requisito: necesitaba análisis de sangre y la cita subsecuente quedó programada para valoración en diciembre de 2026.

María, ya un poco cansada de las idas y vueltas volvió a recurrir a la jefatura de Cirugía, donde escucharon su historia y la ayudaron a programar una cita para análisis de sangre y una nueva cita en Urología con más prontitud.

“Le conté todo lo que había pasado y me dijo ‘Es que aquí en el Seguro muchas veces no sabemos cómo tratar este tipo de situaciones, para nosotros también es algo nuevo, tengo como 25 años trabajando en esta institución y me dijo eres el primer caso que me toca. Mis compañeros no lo hacen de mala manera, pero no saben cómo actuar al respecto‘”, contó.

El 13 de junio regresó a consulta en Urología. Ahí volvió a defender su caso y la necesidad de la cirugía hasta que, sin más requisitos que cumplir, el especialista la canalizó a la cirugía, no sin antes desearle suerte.

Después de casi un año de trámites, consultas y obstáculos, por primera vez tenía una fecha posible para la cirugía.

La cirugía quedó programada para el 4 de julio de 2026.

María llegó al hospital acompañada de su mamá, pero el procedimiento no se realizó. Al presentarse en Admisión Hospitalaria descubrió que no aparecía en la lista de cirugías de ese día. Después de recorrer distintas áreas del hospital en busca de una respuesta, se enteró de que el médico que debía atenderla estaba de vacaciones.

Fue una decepción total para ella, y le pareció una falta de consideración de parte de la institución el no haberle informado con antelación.

“Después de regresar a admisión hospitalaria con las manos vacías, sin respuestas, me pidieron que esperara un par de días para ir otra vez a la jefatura de cirugías y que hubiera alguien que pudiera apoyarme con la reprogramación de cirugía. Así, sin haber comido nada desde el día anterior tuve que retirarme del hospital, sin cirugía, a las 3:10 pm, tras haber llegado a las 9 de la mañana”.

La reprogramaron para el 11 de julio. Ese día volvió a pasar por el mismo proceso: ayuno, bata quirúrgica y espera. Esta vez, cuando el médico llegó, le explicó que acababa de recibir un paciente de urgencia y tendría que atenderlo.

La cirugía volvió a cancelarse.

“Casi me desmayo”, contó María, pues tras meses de tocar puertas, sentía que nuevamente todo se desmoronaba justo cuando parecía que finalmente había llegado al quirófano.

Fue entonces cuando pidió cambiar de médico y la cirugía volvió a ser reprogramada, esta vez para el 25 de julio.

Por tercera ocasión acudió al hospital, ella recuerda que el día estaba nublado, como melancólico, de esos días que presagian una era. Hizo todo el procedimiento de nueva cuenta, pero esta vez de forma escéptica, no quería volver a ilusionarse para que al final del día le volvieran a negar la cirugía.

Sin embargo, para su sorpresa, esta vez entró al quirófano. Todo el año que pasó lleno de consultas, trámites, documentos, dudas y puertas que tuvo que tocar una y otra vez, culminaron en una cirugía de dos horas.

Llegar a la cirugía orquiectomía bilateral representó un camino en el que, en distintos momentos, tuvo que explicar quién era y defender la necesidad de tener ese procedimiento médico.

Para ella, no hubo necesidad de villanos o viajes fantásticos para considerar esta parte de su vida como una aventura, una en la cual avanzó con determinación para ser visible, defender sus derechos y abrir un camino que otras personas trans puedan recorrer con menos obstáculos.

“Las personas trans existimos y resistimos. Lo que logré fue que en el Seguro, en Culiacán, pudieran hacer la primera Orquiectomía Bilateral Simple”, dijo.

Su experiencia, mencionó, dejó aprendizajes en los médicos e instituciones con las que se encontró en el proceso. Esto la llena de satisfacción y fue el motivo de contar su historia, para que otras personas trans, así como ella se apoyó en el caso en Aguascalientes, puedan apoyarse del suyo en caso de que quieran acceder a un procedimiento similar.

“A donde voy, siempre es un lugar donde la gente aprende, estoy yo y tienen que salir de su forma de confort”, dijo.

Ella es consciente de que al momento de publicarse esta nota periodística puedan surgir comentarios y críticas sobre su identidad, su decisión y el proceso que atravesó. Sin embargo, decidió contar su historia porque considera que es una forma de dejar un camino un poco más despejado para las personas que lo recorran después.

*Se preguntó al IMSS Sinaloa cuántas cirugías de  orquiectomía bilateral se han realizado en Culiacán, pero al cierre de esta edición no se ha obtenido la información solicitada.

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