Las elecciones intermedias en Estados Unidos confirman que el presidente Donald Trump no sólo es impopular en gran parte del mundo sino también en el país que gobierna con el estilo de golpear para arrodillar a naciones y líderes que pretende someter a sus caprichos, y es él quien acaba siendo doblegado por la realidad económica, social y política que vive el contexto internacional.

Al perder el control de la Cámara de Representantes y del Senado, así como gubernaturas de estados claves para el Partido Republicano, el actual ocupante de la Casa Blanca amanece hoy debilitado en el escenario global y reprobado por los estadunidenses en su mandato tragicómico y el caricaturesco desempeño como policía del orbe.

Según reportó la cadena de televisión NBC que realizó una encuesta en las casillas de votación, la desaprobación a Trump es del 62 por ciento y el 43 por ciento de los electores consideró los comicios como oportunidad para expresar su oposición contra el presidente y las políticas públicas que impactan directamente en los bolsillos de la población, la credibilidad del trumpismo y la imagen de Estados Unidos ante el planeta.

Diga lo que diga el magnate metido a político, que reconoció esta mañana el resultado electoral y lo atribuyó a que su nombre no apareció en las boletas de votación, el veredicto del 3 de noviembre obligará a reacomodos en lo interno y la reconfiguración de la relación del gobierno de Trump con los demás países, incluido México que ha recibido un trato despectivo e injerencista.

La lección que el Partido Demócrata y principalmente los votantes le propinaron a Donald Trump es extensiva hacia las democracias del resto del mundo ya que las sociedades detestan a regímenes autoritarios que con desplantes ególatras les asestan duros agravios a los ciudadanos. En lo que corresponde a México, con el resultado electoral veremos caer la agresiva campaña que el mandatario estadunidense enderezó contra instituciones y sectores de la tierra azteca.