Texto: Alejandro Ruiz

CIUDAD DE MÉXICO. – Desde la entrada de la Nueva Escuela Mexicana la comunidad filosófica de México ha alertado el riesgo de que se esté eliminando, en los hechos, la enseñanza de la filosofía en la educación media superior.

Su temor no es infundado, pues la revisión de los planes de estudio y los documentos de rediseño curricular han demostrado que, aunque con muy buenas intenciones, el nuevo modelo educativo en México no presenta las bases metodológicas para la enseñanza de la Filosofía y las Humanidades.

Las críticas estriban, por un lado, en la poca claridad de los procesos de aprendizaje y su relación con los objetivos de la Nueva Escuela Mexicana en éstas disciplinas: formar estudiantes críticos.

De fondo, critica la comunidad filosófica, está la continuidad de un modelo educativo diseñado para las empresas y el mercado, aunque los postulados de la Nueva Escuela Mexicana digan lo contrario. La práctica política, parece darles la razón.

¿Por qué afirmar esto? En el seminario Las humanidades y la Nueva Escuela Mexicana: diálogos, organizado por el Centro de Documentación y Difusión de la Filosofía Crítica, los especialistas ahondaron en ellos.

Educación, reflejo de un sistema

El doctor en Filosofía, Gabriel Vargas Lozano, uno de los principales activistas de la vida filosófica en la lengua española e integrante del Observatorio filosófico de México, recuerda un episodio en la historia mexicana: cuando en 1887, el médico Gabino Barreda se pregunta ¿Cuál va a ser el futuro de este país?.

Como entonces, en plena época juarista y desarrollo industrial, la educación fue el motor para preparar la técnica y el conocimiento al servicio de las necesidades del desarrollo nacional. Vargas Lozano recapitula: «Este es el dilema que necesitamos tener claro aquí: ¿qué es lo que queremos a futuro para nuestra sociedad?».

“Las transformaciones económicas, sociales, científicas de una sociedad, van generando cambios en la educación (…). En los 80, mundialmente el capitalismo quizo destruir el Estado Benefactor, la educación, e incorporar otro tipo de sociedades de educación. Se hicieron congresos internacionales, y una política, principalmente de la OCDE, para orientar la educación».

Esta transformación, recuerda el filósofo, implementó una visión tecnocrática y mercadotécnica de la educación. «Decían: hay que preparar a los estudiantes para la globalización, por lo tanto, para servir a las transnacionales”.

En esta visión se eliminaron la Filosofía y las Humanidades de los planes de estudio en la educación media superior, salvo algunas excepciones como los Colegios de Ciencias y Humanidades de la UNAM. En contraparte, el nacimiento de los bachilleratos técnicos como los sistemas DGETI, DGETA, CECYT proliferaron en la oferta educativa mexicana para nutrir de trabajadores calificados a las fábricas y empresas.

«La Filosofía y las Humanidades cumplen un papel fundamental, pero ellos simplemente los eliminaron, no quisieron que hubiera debate al respecto. Felipe Calderón entendió el mensaje claramente, e hizo un memorandum de quitar las materias filosóficas de la preparatoria», retoma Vargas Lozano.

Sin embargo, el objetivo de Calderón fue entorpecido gracias al activismo de académicos como Gabriel Vargas y otros integrantes del Observatorio Filosófico Nacional, quienes intervinieron para preservar la Filosofía y las Humanidades en los planes de estudio.

Lo lograron, aunque no a la profundidad que deseaban.

“Nosotros no solo queríamos que se repusieran las materias, sino queríamos otras cosas que subsisten o se complican hoy. Una de ellas: que no cualquier persona pudiera dar cursos de Filosofía, sino una preparada, egresada de nuestras facultades, y la modificación de los planes y programas de estudio, ¿para qué? Justamente para lo que se dice ahora: que la filosofía no fuera doctrinal, puramente académica y fuera de la realidad”.

La transformación también debe ser un cambio educativo

Con la llegada del gobierno de Morena en 2018 las esperanzas de una reforma profunda en la educación se reavivaron entre la comunidad filosófica. El camino, sin embargo, no fue fácil.

Vargas Lozano, junto a otros más, vieron con asombro la reforma al artículo 3 constitucional, que estableció que la Filosofía y las Humanidades deberían ser un derecho para todas y todos los mexicanos. También, la construcción del Acuerdo Educativo Nacional, que rápidamente comenzó a diseñar el plan educativo de la Nueva Escuela Mexicana.

Sin embargo, la Filosofía y las Humanidades parecían excluidos de esta gran reforma. También, la implementación de la educación en Filosofía para niños, y las reformas en la educación media superior para que la comunidad filosófica pudiera incidir en la construcción de los cursos de ética, y diseñar una ética aplicada que le sirva al estudiante para dilucidar los problemas.

La travesía fue larga, y Vargas Lozano la conoce muy bien: primero, solicitaron una audiencia para manifestar sus inquietudes con el entonces secretario de educación, Esteban Moctezuma Barragan, pero no los recibió, sino que mandó al entonces subsecretario Juan Pablo Arroyo Ortíz. La respuesta no llegó.

Después, se entrevistaron con su sucesora, la maestra Delfina Gómez Álvarez, quien sí los recibió pero no modificó absolutamente nada. Después, con Leticia Ramírez, pasó lo mismo. Los filósofos siguen esperando una respuesta hasta hoy día.

Sus demandas, precisa el doctor Gabriel Vargas, no son «algo en oposición, sino de proposición para que se cumplan los fines que ahí señalan”.

«Ha habido discusiones con grupos de la SEP. Les hemos expresado verbalmente nuestras propuestas, y no se han escuchado, no se han tomado en cuenta. A mi juicio, una reforma como esta debió haber creado un grupo de especialistas; se debería de haber probad. ¿Por qué no se hizo? Mi teoría es que tenían mucha prisa de sacar la reforma (…). Nos hace falta un análisis mas a fondo sobre las disciplinas filosóficas y humanísticas. ¿Qué son? Esto es un problema teórico que no se aborda en la reforma».

Filosofía útil

Entre los aspectos de fondo que critica Vargas Lozano, y que la filósofa Daniela Fuentes desarrolla en su complejidad, son las progresiones de aprendizaje de la Nueva Escuela Mexicana y su división por áreas de aprendizaje y la apuesta a lo multidisciplinario.

Según explica Fuentes: «En el objetivo de que el abordaje deba ser multidisciplinario para comprender el hecho, se pierden las disciplinas involucradas, y eso es grave». Su argumento se centra en que, al englobar a la Filosofía dentro del área de Humanidades, y plantear que el conocimiento debe ser por áreas, y no por disciplinas (y con esto desdibujar de los planes de estudio disciplinas como la Ética, Lógica o la Estética), se corre el riesgo de dar por sentado realidades educativas que no están del todo niveladas.

Vargas Lozano ahonda en ello, y lo explica: “En el rediseño, la función principal que ha tenido la Educación Media Superior era preparar para las profesiones, con cuatro áreas determinadas. Lo que ocurre es que, supongamos, que el estudiante no quiere seguir más allá de la prepa. Entonces ¿qué las clases de Lógica, de Ética, de Éstética no son fundamentales para su formación?”

“Tenemos un conjunto grave de problemas éticos: el patriarcado, los feminicidios, la relación ética y política. Todo eso tiene que ser abordado en una clase de Ética, pero no en fragmentos, sino en una clase integral”.

Al no plantear la enseñanza de las disciplinas filosóficas a partir de problemas concretos, sino diluidas en áreas con autores complejos como Hegel, Derrida o Foucault, Vargas Lozano dice que esto propicia un desencanto y confusión en las y los estudiantes. “El problema es que el estudiante egresa y dice: ‘esto no me sirve para nada’».

Aunado a esto, la falta de claridad en el método de enseñanza también es otro problema fundamental. El filósofo explica: «En el documento se hace un diagnóstico, y estoy de acuerdo en algunos aspectos: que no hay contextualización, y hay que cambiarlo, que había una didáctica informativa y memorística, y también hay que cambiar eso. Estoy de acuerdo, pero esto no se desarrolla en la práctica. No fundamenta el método con el que se va aplicar”.

En síntesis, Gabriel Vargas Lozano concluye: “Esta reforma está llena de intenciones, pero no de realización”, y espera que ahora sí exista una apertura de las autoridades federales para incorporar a la comunidad filosófica en el rediseño de los planes de estudio en educación media superior, y corregir el rumbo perfilando la continuidad del partido oficialista en el poder.

Si quieres ver el seminario completo puedes hacerlo en las redes del Centro de Documentación y Difusión de la Filosofía Crítica.

***

Este trabajo fue publicado originalmente en Pie de Página, que forma parte de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie. Aquí puedes consultar su publicación.