El sentido de urgencia que el gobernador Rubén Rocha le imprimió en los días recientes a la gestión de mejor presupuesto federal para Sinaloa, habla también de la preocupación ante la inminencia de recursos públicos insuficientes para atender situaciones delicadas en materia de seguridad pública y apoyo al campo.

El lunes, debido al apremio de acudir ante las instancias nacionales de definición presupuestal, el mandatario estatal canceló la conferencia de prensa semanera y la inauguración de la Feria Internacional del Libro de Culiacán, para acudir a la Ciudad de México a lo que consideró fundamental.

La crisis de la seguridad pública que prevalece en Sinaloa tendría que motivar la asignación de partidas presupuestales importantes, no sólo para reforzar la fuerza pública estatal sino esencialmente para acciones que restablezcan la economía y pongan en marcha acciones de construcción de paz positiva de largo plazo y de alto impacto.

La complicación de la viabilidad del campo sinaloense debido a la incertidumbre por los bajos precios para granos alimentarios, la falta de estímulos que compensen desventajas frente a la agricultura internacional y la debilidad de los canales de comercialización, configuran amenazas que se agregarían a la de por sí difícil coyuntura que enfrenta la economía estatal.

Ante tantas alarmas encendidas en Sinaloa, el gobernador Rocha hace lo correcto al tocar puertas en la federación que corrijan omisiones o abandonos de consecuencias devastadoras. Dejar solo a Sinaloa cuando más necesita del pacto federal equivale a precipitar las crisis que ya ocurren pero que son el preámbulo de colapsos mayores.