Los intervalos de irresolución sobre la iniciativa de reforma electoral que la presidenta Claudia Sheinbaum enviará al Congreso de la Unión anticipan el riesgo de que se trate cambios cosméticos, superficiales, porque el Movimiento Regeneración Nacional no quiere perder a sus partidos aliados que durante décadas han vivido de las prebendas que hoy serían eliminadas.

Inclusive la partidocracia entera resultaría perjudicada de las posibles eliminaciones o reducciones de posiciones legislativas otorgadas por la representación proporcional, el financiamiento a las siglas políticas y cancelación del Programa de Resultados Electorales Preliminares que constituyen la costosa maquinaría que en nada contribuye al desarrollo democrático.

En otro bucle de indecisión Sheinbaum afirmó en la conferencia de prensa La Mañanera que le hará hoy ajustes a la propuesta que hará llegar al Congreso a más tardar el día de mañana y expresó que la última revisión consiste en evitar contradicciones entre artículos y garantizar que el documento quede plenamente enfocado en la materia electoral.

La iniciativa va dañada de origen en la autonomía que el Poder Ejecutivo posee para legislar en cuestiones electorales, ya que es rehén de los partidos Verde Ecologista de México y del Trabajo que han sido afines y beneficiarios de los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbam, lo que deriva en conflictos de intereses que entorpecen la labor reformista.

 

Los ciudadanos consideran abusivo el esquema en el cual los partidos reciben altos financiamientos y cuotas de poder a través del modelo plurinominal que resultan gravosas para el erario y nada aportan en beneficio de la sociedad. Y lo que el gobierno autodenominado Cuarta Transformación busca tiene que ver con mantener el control del Poder Legislativo mediante el absurdo de ser juez y parte en un tema tan trascendental.