Las botas de Yosimar están acomodadas en el closet, donde las dejó el 26 de enero de 2017. Aquí el tiempo quedó suspendido a esa fecha: también está su ropa doblada, el uniforme de policía, el perfume y las cremas humectantes. Los muebles siguen acomodados de la misma manera y en el buró están las fotos con su futura esposa, con sus hermanos y su madre. Está todo, menos él.
Ya es 2026 y hace cuatro años una compañera de María Isabel Cruz Bernal, madre de Yosimar García Cruz , policía municipal de Culiacán que fue desaparecido por un grupo de hombres armados la tarde de ese 26 de enero, compuso la siguiente canción:
No, no estamos locas, como dicen por ahí
No, no estamos locas, como dicen por ahíBuscamos a nuestros hijos, señores, y nadie nos puede parar
Buscamos a nuestros hijos, señores, y nadie nos puede pararSomos rastreadoras, tesoros vamos a buscar
Somos rastreadoras, tesoros vamos a buscarCon palas, picos y varillas, señores, la tierra vamos a romper
Con palas, picos y varillas, señores, la tierra vamos a romperSalimos unidas, dispuesta siempre a buscar
Salimos unidas, dispuesta siempre a buscarSangrando está nuestras manos, señores, de tanto escarbar y escarbar
Sangrando está nuestras manos, señores, de tanto escarbar y escarbarSacaremos cuerpos y restos, que a casa van a regresar
Sacaremos cuerpos y restos, que a casa van a regresarSabuesos Guerreras somos, señores, dispuestas siempre a luchar
Sabuesos Guerreras somos, señores, dispuestas siempre a lucharPor nuestros desaparecidos, señores, que en casa los esperan ya
Por nuestros desaparecidos, señores, que en casa los esperan yaEste 10 de mayo no hay nada que celebrar
Este 10 de mayo no hay nada que celebrarLas madres aún lloran, pero hoy en la lucha están
Las madres aún lloran, señores, pero hoy en la lucha estánBuscando a sus hijos, que a casa regresarán
Buscando a sus hijos, señores, que a casa regresarán
María Isabel la canta ahora con la misma cadencia de La Llorona, una canción popular de Oaxaca, junto a otras 15 mujeres que integran el colectivo “Sabuesos Guerreras”, conformado por más de 350 familias que desde 2017 buscan a personas desaparecidas en Sinaloa.
La desaparición de personas se ha convertido en uno de los problemas principales de la violencia en México. Actualmente, Sinaloa es uno de los siete estados con el mayor número de casos registrados, con poco más de 13 mil personas desaparecidas, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Búsqueda.
En Sinaloa hay por lo menos 25 colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, uno de esos es Sabuesos Guerreras. Cada organización tiene características que los hacen únicos, como el rastrear entre montes para tratar de localizar fosas, buscar entre archivos, buscar en centros de control de adicciones, buscar en centros penitenciarios, buscar con amparos judiciales. Todos, sin embargo, tienen un objetivo: tratar de encontrar a personas desaparecidas.
María Isabel Cruz Bernal fundó y lidera uno de los 25 colectivos, el de Sabuesos Guerreras, que, a palabras de ella, hace de todo un poco.
– ¿Cómo describes lo que haces?
– Lo que yo hago es, pues hago de todo un poco. Soy, pues, rastreadora, policía, investigadora, abogada y todo lo que sea, una ‘todóloga’. La necesidad me llevó a hacer todo eso. Entonces, ¿qué es lo que hago? Búsquedas en campo, búsquedas en vida, búsquedas en centros de rehabilitación, en cárceles, en calle y en, pues, en los montes donde no queremos buscarlos, menos encontrarlos así.
– ¿Qué hacías tú antes de buscar a personas desaparecidas?
– Estar en mi casa y, pues, ser comerciante. Me gusta mucho el comercio, me gustan las ventas y ese era mi… mi giro.
– ¿Qué vendías?
– Tenía una tienda de abarrotes en el estado de Oaxaca, también tenía un restaurante bar y, pues, soy estilista. Entonces, pues, le tiraba un poquito a todo. Y de ahí era parte de donde sobrevivía.
– ¿Y cómo cambiaste tu vida de ser comerciante a ser buscadora?
– Yo comienzo en el activismo a raíz de la desaparición de mi hijo Yosimar, el que me desaparecieron el 26 de enero del 2017 y precisamente se lo llevaron de aquí, de mi casa, donde estamos ahora. Dos meses después yo empiezo el activismo. Me rehusaba primero a buscarlo. Me rehusaba a salir a la búsqueda. Alguna periodista en su momento que me entrevistó me comentó que existía un grupo de mujeres que salían al campo a buscar personas, pero muertas, me dijo ella. Y me decía ‘yo no quiero que tú salgas a buscar a Yosimar así, porque yo sé que Yosimar está por ahí’. Pero el tiempo pasaba y, pues, no, nunca llegó, nunca regresó Yosimar. Y fue que me animé a acudir con esas mujeres que se reunían las rastreadoras.
No salí antes porque… yo solo quería estar en casa esperando a Yosimar. Creo que caemos en ese hoyo de la depresión, donde nos preguntamos el por qué yo, por qué fui, por qué sí, por qué hizo, dónde está, qué hará
El día que yo salgo a buscar a Yosimar, yo creo que fue a finales de abril, era cuando yo pensaba que ya me iba a morir. Ya, porque era mucho el llanto, era no comer, no dormir, estar sola. Ese día era un domingo, recuerdo… sé que era a finales de abril, más no recuerdo la fecha exacta. Yo soñé, vi, escuché, no lo sé qué fue, a Yosimar, ¿no? Que me decía “doña levántese, levántese, tiene mucho que hacer, búsqueme, búsqueme. Y ahí fue donde yo esa noche lloré, lloré y lloré y al otro día me levanté como si no hubiera pasado absolutamente nada. Incluso bajé, fui a la oficina, agarré su foto y volví a llorar, y yo le decía que me mostrara qué tenía que hacer. A dónde tenía que ir o qué tenía que hacer.
– Entiendo que no solamente es un asunto de salgo, me pongo una cachucha, una blusa, una manga larga y mi pantalón, mis botas y ahí se acabó. ¿Cómo es? ¿Qué es lo que haces normalmente con este activismo?
– Cuando yo recién empiezo y empiezo a observar, a mí me gusta mucho observar lo que está pasando a tu alrededor. Empiezo a observar cosas que no me gustaban, ¿no? En esa búsqueda, pues, de salir a un campo donde yo, pues, no agarraba una pala, porque yo no buscaba a mi hijo así. Salía porque sentía que eso me hacía bien. Me aliviaba un poquito el alma, pero a raíz de ahí empecé a notar cosas que no concordaban y dije, no, esto no es lo mío, entonces, yo tengo que hacer un activismo diferente, ¿no?
Fue cuando yo dije, bueno, ok, me voy a dedicar a buscarlo, solo a buscarlo, en campo. Pero no, me empecé a dar cuenta que no era solo buscarlo en el campo. Esa búsqueda me llevó a buscarlo entre expedientes, me llevó a buscarlo en la calle, me llevó a buscarlo, pues, en esos rostros que a veces están drogados o están mal vestidos. Y después llegó el momento que no nada más era buscar en campo, que tenía que hacer una búsqueda más exhaustiva. ¿Qué hago yo para salir a una búsqueda? A donde sea, en campo, en vida, en un centro. Mi mente trabaja muy rápido, mi mente trabaja años luz hacia adelante, no retrocede, ve más allá del futuro y ve más allá de que si hago esto, pues, voy a hacer esto, va a pasar esto, esto y esto. Y yo ya armé todo un desastre en mi cabeza y ahora tengo que ejecutarlo. Porque si no lo ejecuto, no estaré en paz. Entonces, eso me ha llevado a tener… pues, a encontrar, me ha llevado a obtener resultados en todo el círculo en el que me muevo en la búsqueda. No nada más en una fosa, sino en vida, en calle, en hospitales, en todo. Entonces, es difícil planear, pensar como un malandro, pensar como un delincuente. Y mi cabeza fantasea, Fantasea mucho, fantasea, además, en ese sentido de, bueno, si yo soy esto y yo llego aquí, me imagino la escena y la repito una y otra vez en mi cabeza y trato de recrear hacia dónde. No he podido dar con el lugar, pero algún día daré con él.
– ¿Esto llevó a organizarte?
– Sí. Creo que es una de las partes más importantes saber organizarte y saber trabajar en equipo. Porque una cosa es organizarse, otra cosa es trabajar en equipo y mantener la unión es otra de las cosas muy diferentes. Entonces, sí me ha costado mucho trabajo. A mí no me gusta comerme el pastel sola, nunca jamás, siempre reparto parte de ese pastel, sea bueno, sea malo, pero que nos salpique a todos, ¿no? Trato de aprender, porque también es parte del proceso aprender para poder organizarme y no nada más yo, sino que se empoderen todas las que están a mi alrededor que es lo que he hecho durante estos siete años.
– ¿Cómo combinas todo eso con tu vida personal? ¿O ya lo hiciste todo esto personal?
– Al principio creo que no lo combinaba. Creo que sí dejaba a un lado mi vida personal, sí dejaba a un lado mi familia, todo, por solo dedicarme al activismo, pero por buscar a mi hijo, era el gancho. O sea, buscarlo, pero he aprendido a separar, he aprendido a organizarme más y a organizarme mejor porque ahora estudio, tengo un hijo enfermo, tengo que atender a mi esposa, tengo que atender a mi hija y tengo que atenderme yo porque si no estoy bien yo, pues nada a mi alrededor va a estar bien. Y he aprendido un poquito a soltar el activismo… un poco. Porque a mí me gustan las cosas hechas muy bien, que si se hace algo, que se haga bien, si no, que no se haga. Soy exigente en esa parte.
– ¿Te han cuestionado tu activismo?
– Sí, me han cuestionado mucho ¿Cómo? Sobre todo, bueno, una, pues sí, cuando recién empecé el activismo, pues, soy mujer y oaxaquita ¿No? Porque sí me decían. Incluso las mismas autoridades me decían así: “A mí ninguna oaxaquita me va a mandar”, “a mí ninguna oaxaca me va a venir a gritar”, pero es algo que a mí no me ofendía porque sí soy oaxaqueña y a mucha honra. Y el ser mujer, pues, somos el punto débil, somos las que no sabemos, somos las que nada más gritamos y no hacemos nada. Entonces, yo demostré hacer, gritar y que se hicieran las cosas no nada más porque sí. Y también no nada más me han discriminado por ser mujer o por no ser sinaloense, porque hay un cierto celo aquí con las mujeres sinaloenses que como una mujer de otro estado, y eso lo he visto muy remarcado porque todas se unen aunque se estén comiendo entre ellas, pero son sinaloenses. Y yo, como soy oaxaqueña, me relegan, me marginan, me señalan. Y me critican que porque si soy lesbiana, que porque si soy mujer, que porque si soy de otro estado… pero es algo que no me interesa, no me afecta. Tengo mi autoestima muy alta como para que alguien me la venga a tratar de tumbarme.
– ¿Qué has aprendido en este camino?
– Que las cosas más insignificantes, hasta el vuelo más chiquito de una mariposa, tienes que valorarlo. He aprendido a valorar las cosas muy pequeñas. He aprendido a valorar más a mi familia, a mi esposa, a mis hijos que sé que también ellos me necesitan. Que no nada más es el que tengo perdido, sino que también los que tengo en casa. Y prueba de ello, pues aquí estoy y me divido. Ahorita me divido en tres, en cuatro y en cinco y estoy en todos lados.
Yo creo que sigo aprendiendo, incluso tanto que por eso me metí a estudiar, porque ya tengo un poco el conocimiento de la abogacía y tenía que ser un monstruo más para darle. Mi meta es destrozar al gobierno con las leyes, por eso estoy estudiando Derecho y estoy estudiando Criminalística. Ambas carreras, porque con las dos quiero colapsar el sistema. Lo quiero colapsar y lo voy a hacer. Y he aprendido a tener paciencia… he aprendido a tener mucha paciencia, pero también he aprendido que soy como la leona que está esperando para brincar y poder atacar, y creo que eso es algo de lo que más he aprendido, que tengo que saber el momento exacto cuando salir.
Pero también hay cosas que no he aprendido, porque no puedo ser mala gente. En todo este tiempo no he aprendido a decir no, que es lo que debo de aprender y no puedo, no puedo decirle a alguien no, como sea y de la ayuda que sea, no nada más de la desaparición, porque tengo compañeras que tienen sus problemas personales o sus problemas económicos y no sé decir no y eso sí me gustaría aprender.
– ¿Qué has logrado?
– Mira, he logrado en mi lucha que mi grito llegue hasta las partes más recónditas del mundo, porque he gritado el nombre de Yosimar a nivel mundial. Yosimar es conocido, reconocido a nivel mundial y eso para mí es un logro que valoro mucho. Que el día que yo me vaya sé que alguna huellita por ahí se va a quedar y que pues va ser un poquito difícil que Yosimar se olvide tan fácilmente.
– ¿Qué te ha costado?
– Lágrimas, me ha costado muchas, muchas lágrimas. Me ha costado enfermedades, me ha costado la salud, me ha costado la salud mental, porque también mi cabeza se cansa y a veces quiero parar y no puedo. Me ha costado y mermado la salud de mis hijos, que es lo que más me duele.
– ¿Cuánto tiempo más vas a hacer esto?
– Hasta que encuentre a Yosimar. No voy a parar hasta que encuentre a Yosimar o hasta que al menos me digan lo que yo intuyo y que me digan “si, aquí está” aunque sea una uña pero que sea una certeza, entonces sí, tal vez me retiraré a hacer mi duelo, que es lo que mas anelo hacer, mi duelo, cerrar ese ciclo y ponerme detrás de alguien más para que vaya al frente.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.