Mazatlán, Sinaloa.- El colectivo ecologistas de Mazatlán se ha plantado afuera de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en el viejo parque industrial Alfredo V. Bonfil. Sus integrantes ya caminaron varias cuadras cargando una lona y gritando la consigna de moda: Aquí No.
Se trata de una manifestación en solidaridad con el movimiento de la bahía de Ohuira que se opone a la construcción de la planta de amoniaco de la empresa GPO.
El Pechocho, ese delfín nariz de botella símbolo de la bahía de Ohuira, está dibujado en una manta y en un papel. Más allá un cartel redondo dice:
“La vida vale más que su planta de ecocida de amoniaco”.
A las 10 de la mañana el sol duele y rebota en el asfalto.
Aquí se dice que la naturaleza es vista como una mercancía. Que esta lucha es por la vida y la dignidad. Refieren un ecocidio y trampas para favorecer a los inversionistas. Al gobierno le llaman migajero.
IMAGINAR EL INICIO
En medio del acto toma la palabra el biólogo Jaime Renán Ramírez. En lugar de ofrecer una exposición técnica, recurre a una historia imaginaria para explicar cómo, desde su perspectiva, pudo haberse concebido el proyecto.
Hace que quienes le escuchan piensen en dos inversionistas.
—Compadre, vamos a poner una planta de amoniaco. Hay un mercado, una demanda global de fertilizantes y para hacer fertilizantes se necesita amoniaco. Vamos a poner una planta.
—Está bien, ¿dónde la ponemos?
Entonces aparece el nombre que ha marcado años de controversia.
—Aquí, en la bahía de Ohuira.
A partir de ahí, el diálogo imaginario se convierte en una enumeración de advertencias ignoradas.
—Oye, pero hay un problema: el Plan de Ordenamiento del Golfo de California dice que esa zona tiene una alta vulnerabilidad… ¿cómo se te ocurre proponer ese sitio para una planta de amoniaco?
—La respuesta siempre es la misma: Ahí la quiero, compadre.
La narración continúa sumando obstáculos.
—Está bien, pero es un sitio Ramsar. Es un humedal de importancia internacional….
—Pues ahí la quiero, compadre-
—Pero hay manglares, vas a violar la Ley General de Vida Silvestre. No podemos construir ahí.
—Ahí la quiero, compadre.
—Oye, pero es Zona Federal Marítimo Terrestre.
—No importa, compadre. Ahí la quiero”.
VALE MÁS
La activista Elimara Armenta retoma el micrófono para recordar que la oposición al proyecto ha dejado de ser una causa local.
“Ellos pueden tener diferentes formas de defenderse por los recursos económicos, pero las personas que estamos acá somos muchas. Ya no solo son cuatro pueblitos yoreme-mayo, ya no solo es Topolobampo, ya no solo es Los Mochis, ni Sinaloa… Creo que tenemos el espíritu, la fuerza y el conocimiento y el valor, y eso vale mucho más que el dinero. La razón, la verdad y todos los argumentos”.
Jaime Renán Ramírez vuelve a insistir en que la oposición al proyecto no surge de posturas ideológicas o políticas, sino también de estudios y observaciones científicas acumuladas durante años.
“Las opiniones técnicas de mucha gente que ha trabajado en la bahía de Ohuira coinciden en que un proyecto de estos no es viable”, afirma.
Para este grupo de ambientalistas, la distancia entre Mazatlán y Ohuira es apenas un detalle cuando se trata de proteger un ecosistema que consideran un patrimonio. De bahía a bahía, la hermandad es un pulso vivo.
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