Del “me canso ganso” como frase popularizada en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al pato “Merlín” que ayer recibió los reflectores presidenciales durante la mañanera de la mandataria Claudia Sheinbaum, en México han ocurrido descuidos y desidias en materia de seguridad pública, abandono a sectores productivos y relaciones de cordiales a ríspidas con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El desdibujamiento del águila que posada sobre un nopal devora a la serpiente, para darle relieve a otras aves que distraen la atención sobre los problemas graves que enfrenta el país, acompleta la acuarela de administraciones públicas que, indistintamente del signo político, convierten el escenario nacional en circo de cuatro pistas en las que actúan la superficialidad, insensibilidad, falsedad y por lo tanto la inestabilidad.
Los mexicanos hemos transitado por shows presidenciales que van desde el perro que ofreció ser José López Portillo para defender el peso mexicano frente a la devaluación, las víboras y tepocatas que Vicente Fox Quezada prometió eliminar en el combate a la corrupción, el ganso al que aludía AMLO al garantizar un gobierno diferente, hasta el pato que Claudia Sheinbaum llevó hoy a su conferencia de prensa presentándolo como ícono de la tenacidad familiar al tratarse de superar adversidades.
Sin embargo, otras aves de mal agüero dominan el panorama mexicano por las víctimas inocentes de las narcoguerras en varias entidades del país, las desapariciones forzadas, las familias desplazadas, el cobro de piso a empresarios o la muerte si estos no acceden a pagar dicho impuesto criminal, los hogares que ver perdidas sus fuentes de ingreso por el cierre de establecimientos incapaces de resistir más ante la violencia, y el asedio sobre México de la dictadura trumpista.
De la rica fauna presidencial que trata de acaparar la atención ciudadana fija en la futilidad gubernamental, a la sociedad mexicana, específicamente a la sinaloense, nos corresponde activarnos para lograr que sea la paloma blanca de la paz la que anide de nuevo en la patria diezmada por tantas crisis juntas. Al margen de gansos, patos, perros y tepocatas a las que habría que pedirles perdón por presidentes que las convirtieron en emblemas de lo insulso, al gobierno de Claudia Sheinbaum le urge honrar al águila que según el Dios Huitzilopochtli nos indicaría dónde está la tierras prometida.

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