Este mismo día de hace dos años inició la peor jornada de violencia que haya vivido Sinaloa en su historia reciente, con delitos de alto impacto que continúan amenazando todo el sistema de convivencia pacífica, el que está fundado en la ley y el esfuerzo por estar mejor, expectativa por la cual luchamos al hacernos retornar al punto cero la acción del crimen organizado.
Hoy, igual que en los 730 días transcurridos desde el 9 de septiembre de 2024, volvemos a preguntarnos cómo las instituciones legítimamente instaladas lograrán finiquitar el predominio que ejerce la delincuencia sobre todos y todo, para que los ciudadanos iniciemos la colosal tarea de reparar el tejido social roto y recobremos condiciones para la construcción de paz positiva y de largo aliento.
Con lo bastante que ha devastado la confrontación entre las facciones del narcotráfico que antes delinquían de manera coordinada en el Cártel de Sinaloa sería difícil tener certidumbres, renovar esperanzas y ponerle plazo a la pacificación porque en memoria de los cinco homicidios y seis privaciones de la libertad perpetradas cada día, en promedio, las pocas fuerzas que quedan alcanzan apenas para preguntar hasta cuándo la barbarie sinaloense.
¿Hasta cuándo las fuerzas armadas y la seguridad pública militarizada lograrán someter a los capos y sus sicarios que se mueven libremente para proseguir propagando violencia y horror? ¿Hasta cuándo llegará el indispensable plan para la recuperación de la economía de Sinaloa golpeada al ras de la rendición? ¿Hasta cuándo la sociedad dispondrá de condiciones adecuadas para normalizar sus quehaceres esenciales como la educación, convivencia, esparcimiento y trabajo en entornos seguros?
La lista de lo perdido por la narcoguerra es tan enorme como colosal tiene que ser la tenacidad de los ciudadanos, al menos en la exigencia de que el gobierno en sus ámbitos federal, estatal y municipal abandone la táctica de maquillar los efectos de la violencia y proceda a otorgar la seguridad que por ley está obligados a garantizar. Que el grito de ¡ya basta! emitido a diario durante dos años sea hoy el compromiso de no olvido a las víctimas, la presencia unánime de los sobrevivientes que reclamamos seguridad y justicia, y la declaratoria de fracaso de la estrategia de protección a los sinaloenses.

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