Mazatlán, Sinaloa.- Retirar un enjambre de abejas de una casa, escuela o espacio público no siempre significa ponerlo a salvo. Si el procedimiento se realiza sin considerar el comportamiento de la colonia, las abejas que se encuentran fuera pueden regresar cuando el enjambre ya fue retirado y morir.

La bióloga y educadora ambiental Eunice Murúa Figueroa explicó para ESPEJO que antes de retirar un enjambre es necesario identificar la especie y conocer su ciclo de vida, pues en algunos casos las abejas están de paso y pueden abandonar el sitio por sí mismas.

Durante su experiencia en la administración pública de Mazatlán, señaló, se implementó un protocolo para atender reportes de abejas y avispas en coordinación con Protección Civil, con el objetivo de proteger tanto a las personas como a los polinizadores.

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Un apicultor sostiene un cuadro con abejas durante el manejo de una colmena.

La especialista explicó que muchas abejas obreras salen durante el día para recolectar alimento. Por ello, si un enjambre es retirado mientras están fuera, pueden regresar horas después y encontrarse con que la colonia ya no está.

“Si tú retiras el enjambre y te llevas a la reina”, explicó, “las que andaban trabajando llegan y llegan a la muerte segura”.

Buscan rescatar y reubicar colonias

 

Ante esta situación, Murúa Figueroa trabaja actualmente en un proyecto de rescate y reubicación de abejas desde el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

La propuesta contempla recibir colonias que requieran ser trasladadas y mantenerlas bajo resguardo en el entorno de la reserva ecológica del Estero del Yugo. El espacio también serviría para desarrollar investigaciones científicas sobre las abejas rescatadas.

El proyecto incluye además capacitación para personas interesadas en el rescate, manejo y reubicación de abejas, con la intención de que estos conocimientos puedan convertirse también en una actividad productiva.

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Las colmenas forman parte del manejo de abejas y de la actividad apícola, una de las alternativas que se busca impulsar para la conservación de los polinizadores en Mazatlán.

Murúa Figueroa recordó que durante la anterior administración municipal se planteó establecer un apiario, que vendría siendo un espacio donde se puedan agrupar varias colmenas de abejas, en el entorno del basurón de Mazatlán y capacitar como apicultores a familias que dependían de la pepena.

“Las abejas que estamos rescatando en Mazatlán… las tengamos aquí en un apiario y entonces los que antes se dedicaban a la pepena puedan ser apicultores”, recordó sobre aquella propuesta.

La idea, explicó, era que ante la transformación del basurón en un relleno sanitario, quienes dependían de esa actividad pudieran contar con una alternativa económica relacionada con la producción de miel.

Aunque ese proyecto no tuvo continuidad tras el cambio de administración, la especialista señaló que existe la intención de retomarlo desde la sociedad civil y la investigación científica.

Además, explicó que el proyecto contempla trabajar con abejas meliponas, especies sin aguijón, mediante la instalación de colmenas y un jardín polinizador.

La intención es que niñas y niños puedan conocer de cerca a estos insectos y aprender sobre su importancia para los ecosistemas.

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Un apicultor revisa una colmena como parte del manejo y cuidado de las abejas.

Para Murúa Figueroa, este tipo de experiencias permiten que el aprendizaje ocurra mediante el contacto directo con la naturaleza.

El proyecto de rescate y reubicación se encuentra en desarrollo y, de acuerdo con Murúa Figueroa, esperan concluir parte de la infraestructura hacia diciembre, aunque esto dependerá de la disponibilidad de recursos.

La propuesta busca que los enjambres que representen un riesgo para las personas puedan ser rescatados, reubicados y aprovechados también para generar conocimiento, educación ambiental y alternativas económicas.

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