Los dos cambios más importantes en la administración pública estatal, que son los nombramientos de Wilfredo Véliz Figueroa como secretario de Administración y Finanzas y ⁠⁠José Manuel Acosta Bernal, secretario de Obras Públicas, significan el viraje que la gobernadora pretende darle a su gobierno, tomando el control de dos de las áreas más sensibles del Gabinete.

Se trata de las dependencias que de manera permanente tienen encima la lupa ciudadana y la revisión de las instituciones de transparencia y rendición de cuentas y que al cerrar el ciclo del gobierno de Rubén Rocha Moya están obligadas a presentar el estado en que son entregadas a los nuevos funcionarios, además de que las instancias de auditoría realicen la correspondiente fiscalización.

Con estos cambios, además de otros que Domínguez Nava realizó al designar a Marco Antonio Zazueta Zazueta al frente de la Subsecretaría de Normatividad e Información Registral; ⁠Refugio Álvarez Montaño en la Subsecretaría de Administración; Aline Krystabel Guerra García, directora del Trabajo y Previsión Social, y ⁠José Cipriano Serrano en la dirección del Instituto Sinaloense de la Infraestructura Física Educativa, la gobernadora dispone de poco tiempo, alrededor de 13 meses, para demostrar la eficiencia de sus colaboradores.

Al darles posesión, la mandataria estatal les solicitó trabajar en contacto directo con la gente y observando los compromisos de austeridad, honestidad y transparencia, lo cual deberá traducirse rápido en hechos porque en medio de las crisis económica, política y social Sinaloa tiene prisa por ver instalados los puentes hacia la estabilidad y legalidad, concretando el impuso que dan las instituciones en la tarea de recuperación de la paz, la economía y la unidad ciudadana.

En los ajustes en el equipo de trabajo de Graciela Domínguez los nombres son los que menos importan debido a que en la medida que resulten eficientes en resolver las dificultades presentes. en la misma proporción la sociedad los legitimará y les otorgará la confianza. Sin tiempo para fallar, y sin el ánimo ciudadano para tolerar mayores fracasos, los seis funcionarios que se integran al Gobierno del Estado son observados, ya, por el potente microscopio social.