Por Spoorthy Raman / Mongabay Latam
La Guardia Civil española anunció el 25 de septiembre de 2026 la incautación de 209 reptiles de criaderos en Jérica y Sot de Ferrer (Castellón), entre ellos iguanas en peligro crítico de extinción y endémicas de Fiyi. Casi la mitad de los reptiles estaban protegidos por la CITES, el tratado mundial sobre comercio de fauna silvestre. En el operativo también se decomisaron armas de fuego sin licencia y cerca de 200 cartuchos de munición.
Las autoridades detuvieron a tres personas —dos hombres de 48 y 51 años, y una mujer de 37— acusadas de una larga lista de delitos: pertenecer a una organización criminal, cometer delitos contra la fauna, contrabando, blanqueo de capitales y tenencia ilícita de armas.
Según las autoridades, los presuntos traficantes habrían capturado reptiles silvestres en América, África y Asia para criarlos después sin los permisos correspondientes. Esos animales se vendían luego en ferias europeas de comercio de fauna, mezclados con ejemplares adquiridos legalmente —una práctica conocida como blanqueo, muy extendida en el tráfico de fauna silvestre—. De este modo, los traficantes aprovechan “el área gris legal en torno a la documentación que certifica el origen de los animales”, señaló la Guardia Civil en un comunicado.
El caso español es solo uno de los múltiples decomisos y detenciones recientes relacionados con tortugas raras, tortugas en peligro de extinción, ranas venenosas, iguanas endémicas y muchos otros reptiles y anfibios protegidos en todo el mundo. El negocio es lucrativo —se estima que mueve unos 2500 millones de dólares— y conlleva escasos riesgos. Con frecuencia carece de regulación: los contrabandistas rara vez son capturados y, cuando lo son, suelen salir del paso con una pequeña multa que asumen como un coste más del negocio.

Tortugas decomisadas por la Guardia Civil en España durante una operación reciente. Foto: cortesía de la Guardia Civil
Ante el crecimiento sostenido de la demanda, los conservacionistas exigen a los países que cierren los vacíos legales que permiten a los traficantes transportar estos animales por todo el mundo, a veces vulnerando las leyes locales. Muchos reptiles y anfibios se venden como mascotas “fáciles de cuidar” para quienes tienen animales por primera vez, ya sea en tiendas o via web, y algunos coleccionistas pagan miles de dólares por especies raras.
En un reciente comentario publicado en Nature, los autores sostienen que los países deben examinar con rigor sus exportaciones e importaciones, reforzar los marcos globales para sancionar a los traficantes e introducir regulaciones que permitan mantener como mascotas únicamente una lista limitada de especies de fauna silvestre previamente evaluadas —lo que se conoce como “lista positiva”— para frenar el comercio.
De acuerdo con la UICN, la autoridad mundial en conservación, una de cada cinco especies de reptiles y dos de cada cinco anfibios están amenazadas de extinción. Con el planeta calentándose, los hábitats destruidos, enfermedades letales que diezman poblaciones enteras y especies invasoras que las desplazan, reptiles y anfibios ya se encuentran bajo una presión enorme. Un comercio en rápido crecimiento podría ser devastador, advierten los autores.
“Este no es un comercio nuevo, pero se está convirtiendo en un problema cada vez mayor”, afirmó Susan Lieberman, una de las autoras del comentario y vicepresidenta de política internacional de la ONG estadounidense Wildlife Conservation Society (WCS). “Estamos viendo una presión creciente sobre cada vez más especies silvestres en todo el mundo”.
Un ejemplo ilustrativo es la venenosa rana mantela arlequín (Mantella cowanii), de color negro y naranja, que ha desaparecido casi por completo de su hábitat natural en Madagascar, en parte debido a su popularidad entre los coleccionistas.

Endémica de Colombia, la rana venenosa de Lehmann (Oophaga lehmanni) es una especie en peligro crítico de extinción amenazada por el comercio de mascotas. Imagen de © Jonathan Vanegas/WCS.
“Este es sin duda un problema urgente y con frecuencia ignorado”, señaló Alice Hughes, investigadora del comercio de reptiles y anfibios en la Universidad de Melbourne que no participó en el comentario. “Lamentablemente, los reiterados llamados a prestar atención y actuar ante esta brecha aún no han logrado el impulso necesario para cerrarla”.
El comentario, dijo, “hace un buen trabajo al contextualizar muchos de los problemas” y “al destacar oportunidades para mejorar nuestra capacidad de comprender y regular el comercio, y para generar conciencia sobre estos temas”.
La falta de datos dificulta el seguimiento del comercio
Las investigaciones de Hughes muestran que más de la mitad de los reptiles y el 40 % de los anfibios que se comercializan actualmente son extraídos de la naturaleza. Sin embargo, solo una pequeña fracción —el 9.5 % de los reptiles y el 4.2 % de los anfibios— está regulada por la CITES. El resto puede comercializarse sin supervisión ni seguimiento, y la mayoría de los países tiene escasa información sobre lo que circula en el mercado porque nadie lo está vigilando.
Estados Unidos registra todas sus importaciones de fauna silvestre, incluidas las especies comercializadas que no están reguladas por la CITES, en la base de datos Law Enforcement Management Information System (LEMIS). En otros países no existe un sistema equivalente, por lo que muchas especies de reptiles y anfibios quedan fuera de cualquier control.
“Sin datos sobre qué se comercializa, de dónde proviene, cuál es su origen y en qué cantidad, sencillamente no hay forma de evaluar la sostenibilidad ni de distinguir con claridad el comercio legal del ilegal”, señaló Hughes. En algunos casos, una especie puede ser traficada ilegalmente desde su país de origen hacia un tercer país y luego reexportada al destino final con permisos y documentación falsificados, explicó.
El problema es especialmente grave en la Unión Europea (UE), que es un centro neurálgico del comercio de reptiles y anfibios, según Sandra Altherr, bióloga, cofundadora de la ONG alemana Pro Wildlife y coautora del comentario. “Las importaciones de fauna silvestre en la UE siguen siendo en gran medida una caja negra. No tenemos ni idea del origen ni del historial de muchos animales, ni siquiera de cuántos entran realmente en la UE. Y eso, para mí, es increíble”.

Endémica de Puerto Rico, una morfa marrón del anolis de Cuvier (Anolis cuvieri), como la de la imagen, estaba recientemente a la venta por 4 000 euros (4 460 dólares) en lo que se reportó como una feria de reptiles en Alemania. Foto: Geoff Gallice vía Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
La UE registra sus importaciones de fauna silvestre en el sistema Trade Control and Expert Systems (TRACES), pero los expertos señalan que se centra principalmente en el control alimentario y la bioseguridad, no en el comercio de fauna silvestre ni en su conservación.
Además, el sistema solo es accesible para las autoridades con cuenta en la UE y en los países que lo utilizan, y no para los demás. “Estos datos no son abiertos —ni, según se informa, tienen una resolución taxonómica suficiente— para la mayoría de las especies. Eso significa que mientras TRACES siga siendo inaccesible para los investigadores, no podrá proporcionar la información que podría usarse para monitorear y gestionar el comercio, y sus impactos sobre las especies silvestres”, afirmó Hughes.
La CITES registra todas las transacciones legales de las especies incluidas en sus listas, pero añadir nuevas especies resulta complicado sin datos suficientes, explicó Lieberman. “Hay que demostrar no solo que la especie está en comercio, sino que ese comercio representa una amenaza… Es muy difícil lograr que se incluya cualquier especie, especialmente reptiles y anfibios sobre los que puede no haber suficientes datos”.
Incorporar una especie a la CITES requiere presentar una propuesta en la reunión de todos los signatarios del tratado, que se celebra cada tres años, y esta debe ser aprobada por más de dos tercios de los votos. Para las especies recién descritas que ya sufren la presión del comercio —que suelen entrar en el mercado en menos de un año tras su descripción—, esperar tres años puede ser demasiado tiempo, señaló Lieberman.
Los autores del comentario reclaman una mejor recopilación de datos para abordar este problema. Lieberman indicó que todos los países necesitan crear un sistema similar al LEMIS para monitorear todo el comercio de fauna silvestre. “No es tan difícil con la inteligencia artificial”, dijo, ya que el conocimiento de embarque —obligatorio para cada envío de animales— ya contiene los detalles de las especies transportadas.

Con apenas 10 centímetros de longitud, la tortuga de lodo de Vallarta es la tortuga más pequeña del mundo. Es una especie en peligro crítico de extinción con menos de 300 ejemplares en estado silvestre, pero ya aparece en el mercado de mascotas. Foto: Sandra Weiss para Mongabay.
Hughes señaló que los datos sobre el comercio podrían complementarse con el código de barras genético, que utiliza el ADN para identificar especies, con el fin de verificar lo que se vende, y con la digitalización de facturas para que las autoridades puedan “obtener listas exactas de lo que se está comercializando”. Así, las autoridades podrían detectar irregularidades, como la presencia de especies endémicas de Australia, Nueva Zelanda, Fiyi o Ecuador, países donde está prohibido extraer cualquier animal silvestre. “Con mejores datos sobre el comercio, todos los demás procesos se vuelven más sencillos”, afirmó.
Los vacíos legales impulsan el comercio de anfibios y reptiles
En Estados Unidos, la Ley Lacey prohíbe “capturar, poseer, transportar o vender fauna silvestre que haya sido obtenida en violación de cualquier ley”. Sin embargo, en la mayoría de los países y en la UE, una especie protegida por la legislación de su país de origen puede venderse legalmente una vez que sale de esa región.
Los traficantes explotan este vacío en la normativa de la UE introduciendo de contrabando especies protegidas en Europa, criándolas y vendiendo legalmente su descendencia —incluso al mercado estadounidense, etiquetándola falsamente como criada en cautividad y eludiendo así la Ley Lacey.
“La UE representa actualmente una brecha importante en el comercio mundial, y a menudo se señala que es más laxa que Estados Unidos, lo que la convierte en una vía para que los animales sean extraídos de la naturaleza y acaben en el comercio mundial de mascotas”, afirmó Hughes.

La rana arlequín variable (Atelopus varius), especie en peligro crítico de extinción codiciada por sus colores y patrones, es muy buscada por los coleccionistas en el comercio de mascotas exóticas. Foto: © Randall Jiménez vía iNaturalist (CC BY-NC 4.0)
El comercio internacional de iguanas terrestres de las Galápagos (Conolophus spp.) e iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) es un ejemplo contundente. Ecuador nunca exportó legalmente ninguno de estos reptiles endémicos, pero existe un floreciente comercio legal de iguanas marinas y terrestres del archipiélago “criadas en cautividad”, procedentes en su mayoría de Europa y África. Todas las iguanas de las Galápagos están ahora protegidas por la CITES, pero siguen siendo objeto de contrabando.
Altherr, de Pro Wildlife, señaló que para los traficantes es “bastante fácil” blanquear fauna silvestre en la UE. “Cuando pasas la aduana, es completamente legal vender estos animales aquí… nadie que venda o posea [esa fauna] está obligado a demostrar que fue obtenida legalmente”.
Entre los demás obstáculos se encuentran la escasa aplicación de la ley y la falta de voluntad política. Muchos países carecen de los recursos y la financiación necesarios para detectar y frenar el tráfico de fauna silvestre. Algunos están aquejados de corrupción, con cazadores furtivos y transportistas que cuentan con la complicidad de policías, funcionarios ambientales o agentes de aduanas que hacen la vista gorda o validan documentación fraudulenta. Menos de la mitad de los países del mundo imponen penas máximas de al menos cuatro años de prisión por delitos relacionados con la fauna silvestre.
Oportunidades de reforma
Los autores del comentario señalan diversas oportunidades para frenar el comercio mundial de mascotas. La UE, por ejemplo, ha encargado tres estudios de viabilidad. Uno de ellos, publicado en 2025, analiza la formulación de una regulación similar a la Ley Lacey de Estados Unidos, denominada Criminalisation of Illegally Sourced Wildlife Trade.
“La legislación que respete las leyes de los países de distribución de las especies debería ser un mínimo”, afirmó Lieberman, y añadió que espera que otros países aprueben leyes similares.
El segundo estudio examina la creación de una “lista positiva” a escala de la UE con las especies que pueden mantenerse como mascotas sin perjudicar a sus poblaciones silvestres, que no se vuelven invasoras y que pueden mantenerse sin preocupaciones para su bienestar. El tercero analiza formas de reducir la demanda de fauna silvestre como mascotas. Estos dos últimos estudios se publicarán más adelante este año, según indicó Altherr.
En la reunión de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional (UNTOC), llevada a cabo del 19 al 23 de octubre de 2026, se suponía que los delegados presentarían una resolución que ampliaría el ámbito de aplicación de la convención.

La iguana rayada de Lau, endémica de Fiyi, es una especie en peligro de extinción muy codiciada por los coleccionistas de reptiles. Foto: Leszek Leszczynski vía Wikimedia Commons (CC BY 2.0)
“Ya es hora de que los delitos contra la fauna silvestre, los delitos pesqueros, la minería ilegal —todo eso— sean tratados como delitos graves. Son crímenes transnacionales”, afirmó Lieberman. “A menudo están vinculados al tráfico de drogas y armas, y queremos que la comunidad de justicia penal los tome en serio”. Existen protocolos similares para la trata de personas y el tráfico de armas.
Un protocolo de este tipo ayudaría a los países a colaborar en materia de aplicación de la ley, extradición, formación y asistencia técnica en delitos ambientales.
“Definirá unas reglas del juego comunes sobre qué constituyen delitos que afectan al medioambiente”, señaló Lieberman. “La CITES es un gran tratado, pero no aborda realmente la criminalidad… Así que si se adopta un protocolo [de la UNTOC], los gobiernos que lo ratifiquen quedarán vinculados por él”.
Otras organizaciones internacionales también están prestando atención al asunto. En 2025, el Congreso Mundial de la UICN acordó crear un grupo de trabajo para desarrollar directrices sobre la regulación del comercio de mascotas. Dado que el soborno, el fraude y el blanqueo de capitales facilitan el tráfico de fauna silvestre —una industria frecuentemente controlada por organizaciones criminales—, los autores sostienen que la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción también debería reforzarse para combatirlo.
La solución a corto plazo para frenar el comercio de mascotas es controlarlo y mejorar su aplicación; a mediano plazo, modificar la legislación y la normativa; y a largo plazo, tanto establecer un nuevo protocolo como cambiar el comportamiento de los consumidores, señaló Lieberman.
*Imagen principal: las iguanas marinas de las Galápagos son las únicas iguanas que viven en el mar y se alimentan de algas. A pesar de contar con la máxima protección comercial bajo la CITES y de que Ecuador nunca ha exportado legalmente ningún ejemplar, estas lagartijas siguen siendo objeto de comercio legal a nivel internacional. Foto: cortesía de © Simon Pierce vía iNaturalist (CC BY-NC 4.0).
**El artículo original se publicó en Mongabay, puede leerlo aquí
REFERENCIAS
Vora, N. M., Lieberman, S., Altherr, S., Ferreira, J. M., Boratto, R., Hamers, M., . . . Walzer, C. (2026). The pet trade puts reptiles and amphibians at risk: close legal gaps now. Nature, 657(8132), 596–598. doi:10.1038/d41586-026-02852-3
Edmonds, D., Andriantsimanarilafy, R.R., Crottini, A., Dreslik, M.J., Newton-Youens, J., Ramahefason, A., Randrianantoandro, C.J., … Andreone, F. (2024). Small population size and possible extirpation of the threatened Malagasy poison frog Mantella cowanii. PeerJ 12, e17947. doi:10.7717/peerj.17947
Marshall, B. M., Strine, C., … Hughes, A. C. (2020). Thousands of reptile species threatened by under-regulated global trade. Nature Communications, 11(1), 4738. doi:10.1038/s41467-020-18523-4
Hughes, A. C., Marshall, B. M., … Strine, C. T. (2021). Gaps in global wildlife trade monitoring leave amphibians vulnerable. eLife, 10. e70086. doi:10.7554/elife.70086
Marshall, B. M., Strine, C., … Hughes, A. C. (2020). Thousands of reptile species threatened by under-regulated global trade. Nature Communications, 11(1), 4738. doi:10.1038/s41467-020-18523-4
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Este trabajo fue realizado para Mongabay. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.

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